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13/12/2017 08:18 CET | Actualizado 13/12/2017 08:19 CET

La M.O.D.A: "Hemos sufrido todas las etiquetas"

El septeto de Burgos se encuentra de gira presentando su disco 'Salvavidas (de las balas perdidas)'.

Xirón Comunicación

Son siete, han llenado tres noches la sala La Riviera en Madrid y su nombre ya figura en el cartel de la edición 2018 de festivales como el MadCool (Madrid) o el Sonorama Ribera (Aranda del Duero). Además. sus dos últimas citas en Bilbao, el ocho y nueve de diciembre, colgaron el aviso de no hay billetes.

Aunque su nombre parezca decir lo contrario, La Maravillosa Orquesta del Alcohol (La M.O.D.A) no hace música para fiestas, ni tampoco para escuchar con unas copas de más. Aunque esto sí que ocurrió hace seis años, cuando David (voz y guitarra), Jacobo (banjo y teclados), Nacho (guitarra), Jose (acordeón), Jorge Juan (bajo), Alvar (saxofón y clarinete) y Caleb (percusión) comenzaron a tocar en un local de Burgos y entonces el alcohol sí que estaba presente. Por eso, las bebidas espirituosas forman parte del acrónimo del grupo.

Entonces y ahora, el conjunto sale al escenario uniformado: pantalones negros y camiseta de tirantes blanca, para no marcar diferencias. "La camiseta interior es una prenda que puede llevar cualquiera, desde mi abuelo, a un currante o mi hermano pequeño", han asegurado en más de una ocasión.

Se arriesgaron desde el primer momento a tocar instrumentos tan poco comunes como la mandolina, el acordeón o el clarinete. "En un principio buscábamos instrumentos para poder tocar en acústico", cuenta Jacobo Naya, quien señala que han ido ampliando su repertorio de instrumentos incluyendo la batería u otros más desconocidos como el theremín o el pandero cuadrado típico de Salamanca, que descubrieron gracias a Jorge Barrueta, el percusionista que acompaña a Jorge Drexler. "No lo hacemos tanto porque sea distinto, sino porque nos apetecía hacerlo", apunta.

Aunque hayan pasado seis años desde sus comienzos y hayan evolucionado, la formación sigue tocando en la calle, cerca de sus fans. De hecho, en la presentación de su último disco Salvavidas (de las Balas Perdidas) había tantos fans que no cabían en los conciertos y tuvieron que salir a tocar a la vía pública en más de un acústico.

Estamos en casa. Ha sido un mes increíble presentando en acústico el nuevo disco, con magia en cada una de las 11 fechas que hemos hecho. Gracias a la gente de Palencia, Valladolid, Bilbao, Salamanca, San Sebastián, A Coruña, Valencia, Barcelona, Madrid, Málaga y Granada por el cariño, la paciencia y la simpatía. Estas actuaciones, en un formato diferente al habitual, nos han permitido disfrutar de la cercanía y el contacto directo con el público y volver a sentir la libertad que da tocar en la calle. Este vídeo grabado por Miguel Ángel González resume lo que vivimos el pasado lunes en Madrid (link en nuestro perfil). Con el corazón desbordante de ilusión y sintiéndonos la banda más afortunada del mundo, podemos decir que estamos preparados para todo lo que viene. En una semana arranca la gira. Nos vemos en los conciertos.

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"Llenar La Riviera es algo con lo que sueñas. Empiezas a currar como si no hubiese un mañana y eso da sus frutos", asegura Jacobo Naya, quien centra ahora sus sueños en poder viajar a Sudamérica con la gira de este nuevo trabajo. "Nos encanta viajar y la música es la mejor forma de hacerlo", añade Nacho Mur. Las canciones de La M.O.D.A transmiten esa pasión por viajar. El grupo bebe en gran medida de los viajes que hizo David Ruiz a Dublín y la cantidad de músicos que encontró tocando en las calles de la capital irlandesa.

Tras llenar tres rivieras seguidas, La Maravillosa Orquesta del Alcohol sigue defendiendo que el éxito no está reñido con las ventas, como ya han dejado claro en más de una canción, ni tampoco encuentran explicación a que se prejuzgue a los grupos por tener muchos fans. "Bandas que admiramos todos han llenado estadios y no dejan de ser buenas por eso. Lo importante son las canciones y la honestidad", aclara Mur, quien justifica este fenómeno por una necesidad de "encasillar la información que recibimos".

Odian las etiquetas, pero dicen haberlas sufrido todas. "Desde grupo de chavales a grupo de folk", apunta Nacho Mur, guitarrista de la banda y la incorporación más reciente, ya que entró a formar parte de La M.O.D.A este verano, después de que Adán Ruiz dejase el grupo. A pesar de que niegan cualquier encasillamiento relacionado con su sonido, su música se parece más a grupos como Mumford & Sons, Arcade Fire, u otros más clásicos como Johnny Cash o Creedence Clearwater Revival, que a sonidos de la escena alternativa nacional.

Al final la música habla por sí sola y las decisiones musicales son las más fáciles"Jacobo Naya, banjo y teclados de La M.O.D.A

Al hablar de colaboraciones, prefieren nombres en castellano como la mexicana Natalia Lafourcade o el madrileño Jairo Zavala de DePedro. "Al ser siete, tenemos gustos muy diferentes, desde Silvia Pérez-Cruz al grupo más hardcoreta del mundo", señala Naya.

Sus letras hablan a una generación sin encasillar —ni X, ni perdida, ni millenial— pero en la que sí se ubican y también lo hacen sus fans, que van desde los adolescentes a los treintañeros. "Cualquier canción nuestra podría describir la situación actual", sentencia Mur, aunque ambos dicen no sentirse cómodos hablando de política. Sus letras están comprometidas con "lo íntimo y lo social", pero no mencionan ninguna causa. "No nos gusta hacer canciones panfletarias de cosas muy concretas o decir a la gente cómo se tiene que sentir. Intentamos hurgar en lo humano", recalca.

Xirón Comunicación

A pesar de esto, una de los temas de su último trabajo Campo amarillo, habla sobre el abandono y el éxodo rural de los pueblos de Castilla y León. "Es la más explícita, sin ninguna duda. Nosotros hemos veraneado en esos pueblos y ahora da pena pasar y ver que la mitad están destrozados, ajenos a lo que pasa en todos lados. Parece que uno está en una ciudad o una capital o no existe", reivindica Naya.

Las canciones de La M.O.D.A hablan de la sociedad, de la incomprensión y de las preocupaciones de los ciudadanos haciendo referencias a personajes como Edith Piaf, Johnny Cash, Miles Davis u Oscar Wilde. Repiten frases como "¿Cuándo vamos a parar?" que hacen hincapié en que la sociedad no deja al ser humano respirar. "Vivimos en una sociedad en la que no se para y nosotros, por cómo es la personalidad del grupo en general y a nivel individual tampoco paramos", aclara Nacho Mur, quien a pesar de llevar apenas unos meses en el conjunto burgalés ya ha adoptado su filosofía.

"Al final la música habla por sí sola y las decisiones musicales son las más fáciles", cuenta Nacho Naya, quien recuerda que solo descansaron dos meses entre la gira de promoción de su penúltimo trabajo, La primavera del invierno, y la grabación de este último. "Para este disco, David trajo unas seis demos que tenía. A partir de ahí, empezamos a trabajar y, en marzo, nos reunimos en Frías (Burgos) para juntar lo que había elaborado cada uno en esas maquetas", detalla.

Bandas que admiramos todos han llenado estadios y no dejan de ser buenas por eso. Lo importante son las canciones y la honestidad"Nacho Mur, guitarra de La M.O.D.A

Estos siete jóvenes que se empeñan en salir de todo posicionamiento se plantan ahora en una temporada de gira y festivales, para los que ya han confirmado cerca de una docena. "No sé hasta qué punto los festivales benefician a nuevas bandas", cuenta Naya, aunque ambos se confiesan asistentes a estos macroeventos musicales que llegan ya a casi 300 en toda España.

No temen convertirse en un grupo masificado, ni creen que esto influya en su calidad musical. De hecho, en este último trabajo han jugado una nueva maniobra de riesgo, siguiendo con la política general del grupo: el riesgo. Tanto en Himno Nacional como en Océano, incluyen fragmentos recitados. "Eran las dos únicas canciones que no habíamos tocado en los acústicos y la respuesta de la gente ha sido increíble", señala Mur.

Aunque ahora llenen salas, se siguen dirigiendo a los jóvenes que un día fueron. A los que, además de dedicarles canciones, les insisten que sigan tocando, que arriesguen y que puede que acordeón y mandolina en mano lleguen a llenar tres noches seguidas La Riviera. "Se activará el boca-oreja y la gente al final si siguen tocando les conocerá, que no pierdan las ganas de trabajar y hacer canciones y arriesgar", añade Naya.

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