POLÍTICA
03/02/2018 10:36 CET | Actualizado 03/02/2018 10:36 CET

Octavio Salazar: "No es malo reconocerse machista"

Entrevista al profesor de Derecho Constitucional Octavio Salazar por la publicación de su libro 'El hombre que no deberíamos ser'.

PLANETA

El hombre "de toda la vida" se está quedando anticuado y la masculinidad hegemónica —aquella que promueve la posición social dominante de los hombres y la subordinación de las mujeres— , obsoleta: los hombres lloran, cuidan de los suyos, tienen emociones. También son vulnerables y sufren. Y resulta muy cansado estar permanentemente tratando de ocultarlo. Eso es lo que hace un sistema machista y patriarcal: crear unos roles de género falsos en los que las mujeres deben ser sensibles y cuidadoras y los hombres fuertes e independientes. Pero algo está cambiando: el feminismo y la lucha de las mujeres por sus derechos están a la orden del día y esto ha hecho que muchos hombres se pregunten cuál es su papel en las sociedades actuales.

Es la idea que defiende el profesor de Derecho Constitucional Octavio Salazar. Un hombre feminista, padre, y miembro de la Red Feminista de Derecho Constitucional, que acaba de publicar su libro El hombre que no deberíamos ser: la revolución masculina que las mujeres llevan siglos esperando (Ed Planeta). El autor cuestiona el modelo de masculinidad hegemónico y explica que seguimos viviendo en un sistema patriarcal con relaciones desiguales entre mujeres y hombres.

Todos tenemos actitudes machistas hoy en día

¿Es usted machista o tiene actitudes machistas? ¿Pueden caer los más feministas en el machismo?

Todos tenemos actitudes machistas. Incluso los que tenemos conciencia de género. Hemos sido educados en una cultura y en un sistema que reproducimos de manera inconsciente. Yo mismo me sorprendo a veces de cómo he dicho o hecho alguna cosa. Pero lo importante es ser consciente de que te has equivocado y de que tienes que rectificarlo.

Muchos hombres se sienten atacados cuando se les recrimina alguna actitud machista. ¿Es malo reconocerse machista?

Qué va. Se empieza por ahí. El primer paso es tener conciencia de género. Eso es tener conciencia de dónde estás, dónde están las mujeres, cómo te educas o cómo actúas. Y darte cuenta de que reproduces determinados clichés y de la desigualdad entre hombres y mujeres. Yo no me siento atacado cuando alguien me dice que he sido machista. Forma parte de cómo he sido educado. Claro que somos machistas, y la sociedad y el mundo entero lo es.

Estamos en un momento de revolución de las mujeres ¿Implica esto una revolución masculina también? ¿Qué les diría a esos hombres?

Les diría que, efectivamente, sin nuestro cambio, la sociedad no vamos a transformar la sociedad. Se trata de cambiar nuestra manera de relacionarnos, de cómo entendemos lo público o lo privado o de cómo se reparte el poder. Difícilmente vamos a darle la vuelta si vosotras avanzáis en derecho y en ocupar determinados espacios y nosotros nos atrincheramos en nuestras posiciones tradicionales. Por eso creo que es tan urgente que empecemos a dar un paso al frente y a replantearnos cuestiones que tienen que ver con nuestro papel en la sociedad.

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Y eso, ¿en qué beneficia a los hombres? Porque al final es prescindir de ciertos privilegios.

Claro. Ese es el gran meollo. Primero tienes que ser consciente de que tienes que renunciar a privilegios. Porque si queremos compartir, por ejemplo, espacios públicos, los hombres debemos dar un paso atrás para que las mujeres estén ahí. Sacar a alguien de la posición de privilegio es complicadísimo. Pero lo más importante es tratar de hacer ver a los hombres que este cambio o los cambios que planteo en el libro va a provocar que seamos mejores tipos, más felices y con mejores relaciones con vosotras y entre nosotros mismos. Pero claro, el gran esfuerzo es plantearse ese lugar de privilegio.

¿Cómo es el hombre que deberíais ser?

Debería ser un hombre no tan volcado en el papel de proovedor, de triunfador en lo público o con esa subjetividad tremendamente competitiva, ambiciosa o depredadora... Eso hace que permanentemente estemos con la tensión que supone que para ser un hombre exitoso tienes que tener determinados ítems vinculados con lo público y con ser un triunfador. Hay que romper con esa imagen y plantearse lo que tiene que ver con la dimensión más personal y privada: la vida personal o familiar, los cuidados, los afectos... Toda esa parte la hemos entendido como femenina y nos la hemos perdido. Pero yo creo que forma parte de nuestra esencia de seres humanos. Yo soy un hombre emocional y vulnerable. Dudo y no tengo respuestas para todo. El hecho de tener que estar siempre al pie del cañón me parece una presión terrible para nosotros. Ganaríamos más si asumiéramos que también somos frágiles y vulnerables.

¿Es posible una democracia real y un Estado de Bienestar sin igualdad o sin la destrucción de la masculinidad hegemónica?

No. Todo esto condiciona el trabajo, el reparto de poder, de bienes... Las mujeres seguís ganando menos, teniendo condiciones más precarias... Vivimos en una democracia llena de injusticias de género donde sufrís discriminaciones en muchos ámbitos. Entonces, la democracia no puede ser tal sin un programa feminista y transformador.

Hay que ir a la raíz y dar la vuelta a las estructuras que apoyan al sistema

Hay muchos avances feministas. Pero el sistema sigue teniendo una base patriarcal. ¿Hay que transformarlo o hay que reconstruirlo?

Ese es el gran dilema. Yo soy cada vez más radical en ese sentido. Hay que ir a la raíz y dar la vuelta a las estructuras que apoyan al sistema. Yo trabajo en derecho y seguimos manejando herramientas y paradigmas que son del mundo patriarcal. Mientras que no usemos otras herramientas, el derecho no va a cambiar. Podemos ir poniendo tiritas o parches; haciendo leyes de igualdad... Pero la esencia sigue siendo la misma. Por eso hay que ir a la raíz. Por ejemplo, el modelo económico se apoya en la división sexual del trabajo, en que los trabajos de cuidados no estén reconocidos... El patriarcado y el capitalismo van de la mano y hay que darle la vuelta a eso.

En las manifestaciones feministas, hay bloques que sólo están compuestos de mujeres. Esto ha dado lugar a muchos debates. ¿Qué opina de los espacios feministas no mixtos?

Es un tema complejo. Yo entiendo que las mujeres en el feminismo tienen una voz propia, un altavoz y un protagonismo. Los hombres, por muy feministas que seamos, no podemos ocupar un espacio que es vuestro. Hay determinados momentos, espacios y vindicaciones que tenéis que hacerlas vosotras y son vuestras y nosotros debemos acompañaros en un segundo plano. Por eso, es importante que nosotros trabajemos eso en nuestros propios espacios.

"Cuando hablamos de injusticias de género, hablamos de injusticias globales"

¿Qué les dirías a aquellos que no se consideran machistas pero tampoco consideran que esta sea su lucha?

Yo creo que habría que hacerles ver que cuando hablamos de injusticias de género, hablamos de injusticias globales. No podemos detenernos en historias puntuales. Es un problema social y tenemos que analizarlo como, por ejemplo, el cambio climático o la pobreza en el mundo. Yo, que soy padre, pienso mucho en el mundo que les voy a dejar a mi hijo. ¿Las generaciones futuras van a vivir un mundo con más igualdad que el mío? Quizá deberíamos plantearnos eso. Y si tuviese una hija, me preocuparían aún más estas cosas.

Todas las influencias externas que tienen los niños son brutalmente machistas

¿Cómo educa a su hijo en un espacio no sexista? Porque las chicas tenemos referentes de mujeres empoderadas ya en los medios y en la televisión, pero los chicos no tienen referentes de masculinidades alternativas.

Es complicado. Todas las influencias externas que tienen son brutalmente machistas y en el último año peor: la música, los vídeos, las redes sociales... Claro, yo no puedo aislar a mi niño de su contexto ni de sus relaciones de iguales. Pero lo que intento es que tenga una referencia de lo más cotidiano: que vea como actúo, como me desenvuelvo, cómo resuelvo determinados problemas... Así él se va formando una conciencia crítica. Cuando era más pequeño y veíamos películas juntos me sentaba con él y le comentaba lo que podía ser machista. Y ya llegó un momento en el que él sólo se daba cuenta. La estrategia es que ellos vean que en tus prácticas cotidianas tienes coherencia, que te vean posicionarte con determinados temas, pero que no tratas de imponérselo. Pero es complicado.

¿Quién cree que comprará más el libro? ¿Hombres o mujeres para regalarlo a hombres?

Lo segundo. Seguro. Se lo dije a la editora: es un libro que van a comprar muchas mujeres para llamarles la atención a su pareja, a su novio, a su hijo adolescente... Porque están deseosas de que se lo lean. Además es corto y se lee rápido.

Y ¿qué le diría usted a ese hombre que tiene el libro en sus manos por primera vez?

Que no entienda que el libro pretende culpabilizarlo o machacarlo diciéndole que es el responsable de los males del planeta, sino que es liberador para él. Vivirá más plenamente y más feliz, porque eso de ser hombre todo el día es muy penoso y un poco rollo.