POLÍTICA
24/02/2018 17:13 CET | Actualizado 24/02/2018 19:37 CET

Anna Muzychuk: "Es triste perder títulos, pero peor es perder la dignidad"

La ajedrecista cuenta por qué renunció a ir al torneo en Arabia Saudí a defender sus títulos.

AFP/Getty Images

Anna Muzychuk (Lviv, Ucrania 1990) se negó a ser un peón más e hizo jaque mate al machismo. Renunció a sus títulos de campeona mundial de ajedrez y a premios de hasta 150.000 euros estas navidades por una sencilla razón: dignidad. Decidió no acudir al torneo mundial celebrado en Arabia Saudí. Se negaba a competir en un país en el que no se respetaban los derechos de las mujeres. Escribió un post en Facebook que tuvo alcance mundial:"No quiero estar bajo las reglas de otro, no quiero llevar túnica, no quiero tener que ir acompañada cuando salgo fuera, no quiero sentirme como una ciudadana de segunda".

Este jueves, Anna ha contado su historia en el encuentro Mujeres que brillan, un evento dentro del proyecto Gente que brilla de Iberdrola. Junto a ella hablaron otras personalidades que luchan por la igualdad de género en distintos ámbitos: Montserrat Domínguez, directora de El HuffPost; Amelia Valcárcel, catedrática de Filosofía y consejera de Estado; Margarita Álvarez, directora de Márketing y Comunicación del Grupo Adecco e Isaías Lafuente, periodista y participante del libro Hombres por la Igualdad.

Anna tiene 27 años y viene de una humilde familia de ajedrecistas. Recuerda con claridad los días en que, cuando ella y su hermana no habían cumplido 4 años, su padre las llevaba al parque a jugar al ajedrez con las baldosas del suelo. "Nos decía que nos moviésemos como se mueven las fichas", cuenta a El HuffPost. Gracias a estos juegos y las enseñanzas de sus padres, la joven fue capaz de jugar partidas de ajedrez con 3 años. "Intentaron enseñarme de manera divertida, combinando lo físico y lo psicológico", cuenta. Ella y su hermana son las dos únicas hermanas que han sido campeonas mundiales.

Con cuatro años, ganó su primer torneo contra niños de diez. A los seis, ya fue campeona de Europa y comenzó a viajar. Como su familia era humilde y su país pasó por malos momentos económico,s hubo torneos a los que no pudo acudir: "Fue muy triste". Pero cuando todo mejoró tuvo más oportunidades. Viajó a competir en España en un autobús con su hermana y sus padres: "Imagínate, 3.000 o 4.000 km de distancia". Desde entonces, sumó seis campeonatos de Europa a su palmarés y a los 15 años se hizo con el título de campeona mundial. Fue entonces cuando se dio cuenta de que quería dedicarse profesionalmente a ello. Además, sentía que "estaba en deuda" con sus padres, "quería responder al esfuerzo económico que habían hecho".

Me di cuenta de que no podía ir. Era inaceptable

Tras ser campeona del mundo dos veces, Anna esperaba poder ir a defender sus títulos al siguiente torneo mundial. "Con un mes y medio de antelación me dijeron que era en Arabia Saudí", cuenta, "me puse a investigar sobre ese país y vi todo lo que les exigen a las mujeres: llevar hiyab, ir acompañadas de hombres... Y me di cuenta de que no podía ir. Era inaceptable". Recuerda que fue una decisión "triste", ya que perdía así sus títulos y una gran cantidad de dinero. De hecho, se trata del campeonato mundial femenino que más dinero ofrece en premios. "Es triste perder dos títulos mundiales, pero más triste es perder tu dignidad", asegura.

Pasó miedo. Se preguntaba qué pasaría si se quedaba sola o si la gente no entendía su decisión. Por eso, escribió un post en Facebook explicándola. La publicación batió récord de interacciones en el país y la respuesta fue inmediata: medios de todo el mundo se pusieron en contacto con ella para que contase su historia.

No sólo recibió apoyo de personas de todas partes del mundo: varios compañeros de profesión renunciaron a ir al torneo como muestra de apoyo. Una de ellas fue la ganadora de España, así como el 40% de hombres que competían en el campeonato masculino.

Ahora está "orgullosa y contenta". "No me arrepiento y lo volvería a hacer", cuenta. Mientras contesta a las preguntas en uno de los pisos del Círculo de Bellas Artes, un niño de seis años se le acerca y le pide una foto. Cuenta que este tipo de cosas empiezan a ser habituales: "Hay gente que se ha acercado sólo a dar las gracias".

Machismo también en el ajedrez

Aunque la decisión de Anna y su gesto han dado la vuelta al mundo, la ajedrecista explica que el machismo también está en el mundo del ajedrez. "En el torneo de Arabia había 1.500.000 euros en premios para los hombres y sólo 500.000 para mujeres. Son cantidades con una diferencia exagerada".

La joven espera haber llegado a las nuevas generaciones de mujeres: "Me preocupo por las mujeres de todo el mundo. Deben ser tratadas de la misma manera que los hombres", asevera.

Para ella, el ajedrez es "mucho más que un deporte". "Me ha enseñado disciplina, imaginación y creatividad. Pero también a ser responsable: en el ajedrez todos los actos dependen de ti. Y estos valores los he trasladado a la vida real".