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14/03/2018 08:19 CET | Actualizado 14/03/2018 20:07 CET

El legado de Félix Rodríguez de la Fuente

El divulgador habría cumplido 90 años este miércoles 14 de marzo.

RTVE

Dejó huérfanos a todos los españoles que en 1980 eran todavía niños. Félix Rodríguez de la Fuente nació el 14 de marzo de 1928 en Poza de la Sal (Burgos) y este miércoles habría cumplido 90 años.

Su pasión por los animales y su capacidad para contagiarla le otorgó el reconocimiento con el que cuenta ya para la eternidad. En parte porque con El Hombre y la Tierra (TVE) demostró que ningún humano era capaz de involucrarse en el reino animal como lo hizo él.

El divulgador explicó en varias ocasiones que su amor por la naturaleza se fue desarrollando durante su infancia, debido a que creció en un ambiente propicio para ello, pero fueron las excursiones al campo en su localidad natal las que provocaron en él ese clic, al presenciar en una de ellas cómo un halcón cazaba un pato. La imagen despertó también su amor por la cetrería.

Es imposible escuchar hablar de Félix Rodríguez de la Fuente y no proyectar mentalmente la imagen de un hombre con un halcón en el puño, algo muy representativo del realizador. De hecho, trabajó como asesor de cetrería en la película El Cid, protagonizada por Charlton Heston y Sofia Loren. Asimismo, en 1962 se encargó, a petición del gobierno español, de capturar dos halcones peregrinos y ofrecérselos como regalo al rey Saud de Arabia Saudí, hasta donde viajó para entregárselos personalmente. El monarca financió más tarde su primer documental, Señores del espacio.

Concienciar a los niños

Félix Rodríguez de la Fuente estudió Medicina pero dedicó su carrera a la sensibilización sobre el respeto a los animales y la naturaleza. El interés y el conocimiento por el tema en nuestro país era nulo en esa época. También luchó por la protección del lince, el oso ibérico o el águila imperial. Su principal público eran los niños, una generación a la que quería concienciar y en la que caló profundamente.

Su camino en TVE, hasta llegar a la serie El Hombre y la Tierra, no fue corto: pasó por Fin de Semana, Televisión Escolar, Imágenes para saber, A toda plana, Fauna (también conocido como Animalia o Vida Salvaje) o Planeta Azul. El hombre y la Tierra, su gran programa convertido en un referente mundial, llegó en 1973 y se emitió hasta la fecha de su muerte. Con esta serie, que le valió un Ondas y la Antena de Oro, pisó terreno europeo y americano.

Hubo una especie a la que amó por encima de cualquier otra: la de los lobos. En 1965 salvó a Rómulo y Remo, dos lobeznos que casi mueren apaleados en el Cierzo (Aragón), y los crió hasta el punto de ocupar el papel del lobo alfa, el jefe de la manada. Un rol que adoptó incansablemente en los montes, erigiéndose como el mayor defensor de este animal, al que quiso retratar como algo diferente a lo que era entonces: un enemigo del hombre y del ganadero.

El director de documentales viajó a Alaska para grabar la carrera de trineos con perros más conocida del mundo (la Iditarod Trail Sled Dog Race). Fue en ese viaje cuando murió en un accidente aéreo, en el que también perdieron la vida dos de los compañeros con los que viajaba. Odiaba volar y cambió de avioneta justo antes del accidente porque el aeroplano en el que iba perdía aceite. Todavía hoy se habla sobre las extrañas circunstancias que rodean el siniestro. Era 14 de marzo de 1980 y Félix cumplía ese día 52 años.

La noticia llegó a España el día 15 y causó gran conmoción, especialmente entre los niños, que se mostraban desconsolados. Ahora, sus restos descansan en el cementerio de Burgos, después de un polémico traslado, ya que las autoridades de Poza de la Sal no querían que estuvieran en otro lugar. Finalmente su viuda, Marcelle Geneviève Parmentier Lepied, tomó la decisión de llevárselos. La pareja tuvo tres hijos: María de las Mercedes, Leticia y Odile.

Reconstruir sus últimas horas

Las circunstancias de la muerte del divulgador han dado lugar a artículos y programas intentando reconstruir sus últimas horas, como el de Cuarto Milenio (Cuatro) en el que Iker Jiménez contó con "testigos de excepción". En él, compañeros del equipo de Rodríguez de la Fuente aseguraron que pidió que le hicieran una foto, "algo que nunca había hecho", y que unas de sus últimas palabras fueron: "Qué lugar tan hermoso para morir". Por otro lado, explican que justo antes de viajar "logró la firma de TVE para que su familia no quedara desamparada si le pasaba algo". Carmen Porter y José Antonio Plaza, presentadora y director de 625 líneas (TVE), explican por su parte que en la entrevista que les concedió poco antes de morir tuvieron que cortar varias veces la grabación porque no estaba concentrado, porque estaba "nervioso por algo".

La controversia también persiguió la labor de Félix Rodríguez de la Fuente, aunque de manera póstuma. Algunas voces cuestionaron los métodos de trabajo del divulgador, y apuntaban que en El Hombre y la Tierra contaba con animales que sí que estaban acostumbrados a la presencia humana, a pesar de que se vendía todo lo contrario. Además, se le acusó de falsear las filmaciones con animales inmovilizados o falsos, rellenando las pieles.

Sobre este debate, el hijo del escritor Miguel Delibes (de mismo nombre), que era uno de los biólogos que trabajó con Rodríguez de la Fuente en los documentales, explicó en Salvados (La Sexta) que "Félix tenía muchos animales cautivos que eran las verdaderas estrellas de los rodajes". Además, explicó: "Mi padre vino conmigo a verlo grabar y llegó a decir que le habían gustado más los trucos que la realidad". Sin embargo, todo quedará siempre en comentarios y teorías.

Pertenecer a una generación distinta a la que vivió la emisión de El Hombre y la Tierra no ha sido nunca un motivo para desconocer quién era Félix Rodríguez de la Fuente: su nombre es célebre, independientemente de haber sido o no espectador de esa serie que tantas veces ha sido emitida.

Los homenajes a su figura han sido siempre constantes, incluso en series como Cuéntame cómo pasó, en la que la hija menor de los Alcántara vive como un drama la desaparición del realizador, en un intento de reflejar el sentir general de los niños el día en el que se comunicó la noticia.

A los más pequeños, entonces, sólo les quedaba cantar a modo de consuelo la letra de Gloria Fuertes interpretada por Enrique y Ana, la de Mi Amigo Félix. Porque su vinculación con los más pequeños era evidente, y a él le bastaba "pensar que la naturaleza pertenece a los niños para reanudar la batalla encaminada a la conservación de la fauna".

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