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05/04/2018 07:29 CEST | Actualizado 05/04/2018 07:36 CEST

Llevan diez años casados. Ella es trabajadora sexual. Así es su relación

"Se nos da muy bien separar amor y sexo. El sexo es algo físico, no algo emocional".

Eva Sless

Para Eva Sless, el sexo no es solo algo para disfrutar: es un trabajo. Esta australiana de 40 años es escritora, columnista, educadora y trabajadora sexual. Mantiene relaciones sexuales por dinero de forma voluntaria. También está casada. Su marido, Justin, de 43 años, apoya completamente su decisión, si bien son conscientes de que es una vida extraña y poco convencional.

"Sé que somos una pareja inusual. Nuestra vida y nuestro matrimonio se basan en una fuerte amistad, confianza, amor y respeto. No sé si la vida que vivimos vale para todo el mundo, pero a nosotros nos funciona. Me encanta nuestro mundo", declara Eva Sless a la edición estadounidense del HuffPost.

Puedes leer a continuación la entrevista a este matrimonio sobre la profesión de ella, sobre cómo afecta a su matrimonio y sobre lo que piensa Justin de los clientes de su esposa.

¿Cuánto tiempo lleváis juntos? ¿Eras ya trabajadora sexual cuando os conocisteis?

Eva: Llevamos casi 11 años casados. Somos pareja desde hace unos 18 años y nos conocimos hace 30 años aproximadamente. Desde siempre hemos formado parte de la vida del otro.

He sido trabajadora sexual de forma interrumpida desde hace unos 15 años, así que ya conocía a Justin cuando empecé. Habíamos hablado de ello durante años y era algo que siempre había querido probar y explorar.

El sexo, la sensualidad, sentirme deseada y que me pagaran por ello eran cosas en las que siempre había pensado, creo que incluso antes de saber que había gente que se dedicaba a ello. Había trabajado como recepcionista y gerente en un burdel unos años antes de decidirme a dar el salto y trabajar al otro lado del mostrador. Fue una decisión mutua. Él me dio el coraje para hacerlo y la experiencia ha sido increíble.

Justin, ¿cómo reaccionaste cuando Eva te dijo que quería convertirse en una trabajadora del sexo profesional? ¿A qué te dedicas tú?

Le dije: "¡Estupendo, adelante! Lo vas a hacer genial".

Fabrico y arreglo bicicletas de montaña. Antes solía correr con ellas, pero luego me hice mayor y me di cuenta de que estrellarme duele un montón. Sigo compitiendo en alguna carrera ocasional de resistencia, pero he colgado ya los protectores.

Eva, en general, ¿en qué consiste tu trabajo con los clientes?

Es una pregunta muy difícil de responder, porque todo el mundo es diferente y cada encargo es diferente. Supongo que un resumen muy simple sería charlar, pasar un rato con ellos, practicar sexo, ducharme, charlar y volver a casa.

Pero, de verdad, es mucho más que eso. No me gusta reducirlo simplemente al sexo porque el trato personal es la clave, lo que disfruto yo y lo que disfrutan mis clientes. Nos reímos, hablamos de temas interesantes. He llorado con clientes que habían perdido a su pareja, a sus mascotas o a familiares. He estado noches enteras jugando a juegos de mesa o viendo películas. He ido a museos y a cenar. He tenido encargos que se suponía que iban a durar horas y que acabaron durando 15 minutos y con propinas de más de 100 dólares. Es imposible reducir mi trabajo a generalizaciones porque la vida, el sexo y las razones por las que la gente llama a una trabajadora sexual tampoco pueden generalizarse.

¿Qué piensa tu marido de tus clientes? ¿Han supuesto algún problema los celos?

Eva: En realidad no creo que piense en ellos. Es decir, no más de lo que pienso yo de la gente con la que trata él en su trabajo. Los celos rara vez aparecen en nuestras vidas. Tenemos un matrimonio abierto, intercambiamos parejas y disfrutamos el sexo entre nosotros y con otras personas. Siempre hemos tenido las preocupaciones de seguridad que derivan de mi trabajo, pero tenemos muy buenos sistemas y la seguridad ha estado siempre en orden, así que nunca ha habido problemas.

Justin: Claro que ha habido celos. Estoy celoso de que sea un trabajo que no puedo hacer yo mismo. O sea, quizás podría, pero para los hombres es mucho más difícil empezar. Pero no, nunca estoy celoso de sus clientes. Es solo un trabajo.

¿Cómo llevas el equilibrio entre tu vida laboral y tu vida privada, Eva?

Bueno, ahora trabajo menos en el sexo porque mis otros trabajos me mantienen ocupada. Además, antes vivíamos en Victoria (Australia), donde la legislación sobre el sexo es más abierta. Hace unos cuatro años nos mudamos a Queensland (Australia). Esa es una de las razones por las que no trabajo tan a menudo como me gustaría; las leyes, los estigmas y los grupos religiosos hacen que Queensland sea un poco intimidante para quienes trabajan en el sexo de forma independiente. Bueno, para mí, al fin y al cabo.

[Nota de la editora: las leyes de la industria del sexo en Australia dependen de cada gobierno estatal y territorial].

A veces lo echo de menos. Tengo tres clientes habituales a los que veo ahora, pero aparte de eso, ya no trabajo tanto. Es que simplemente no tengo tiempo. Cuando trabajaba regularmente también estaba estudiando, así que a lo mejor trabajaba tres o cuatro noches o días por semana, o hacía alguna reserva especial, pero nunca me superó ni nos quitó tiempo a nosotros.

Eva Sless

¿Qué impacto tiene, si lo tiene, en vuestra vida sexual?

Eva: La verdad es que no creo que lo tenga, al menos no en el sentido negativo. Pero mi vida y mi trabajo, al margen de ser una trabajadora sexual, gira en torno a la industria del sexo. Soy columnista de temas sexuales, crítica de juguetes sexuales y educadora sexual, y todo eso ha sido mi mundo durante unos 20 años.

Justin: No creo que tenga ningún efecto. Nuestra vida sexual es excelente. Lo fue antes de empezar, lo era mientras trabajaba regularmente y lo es ahora que ya no trabaja tanto.

Tenéis una hija de 14 años. ¿Cuánto sabe de la forma en que te ganas la vida, Eva?

Sabe que trabajo en el sexo, en la educación sexual, que tengo una gran motivación política de crear un mundo mejor para las mujeres y que mi interés se centra a menudo en las trabajadoras sexuales y en esta industria en general.

Se pone de los nervios conmigo cuando vemos la tele porque señalo todos los aspectos problemáticos que van surgiendo. Hicimos un trato hace poco por el que hacemos maratones de las series que le gustan a la otra, así que yo he conseguido que vea Star Trek y Doctor Who, y ella me está haciendo ver Cómo conocí a vuestra madre, una de las series más sexistas que he visto en los últimos tiempos. La principal respuesta que me da cuando vemos la serie es: "Mamá, ¿es que tienes que politizar todo?", y yo le contesto: "Sí, pequeñaja, porque todo es política".

Mi hija es diferente de mí en casi todos los aspectos, sobre todo comparada conmigo misma cuando tenía 14 años. Es reservada, estudiosa y no le importa un comino lo que piensen de ella, especialmente los chicos, pero es de mente abierta y entiende que todo el mundo merece respeto y que el trabajo sexual es un trabajo.

¿Qué "normas" tenéis, si es que las tenéis, en vuestra relación con respecto a tu trabajo?

Eva: Normas básicas de seguridad. Mantener siempre informados a mis contactos y redes de asistencia cuando me encuentro con los clientes, por ejemplo. Pero tampoco somos muy severos en ese sentido. Reitero, es solo un trabajo. Lo trato como un trabajo y él también.

Justin: Exacto, es solo un trabajo. Si tu pareja fuera masajista terapéutica, también tendría lo que mucha gente considera contacto íntimo con otras personas durante sus horas de trabajo. Se nos da muy bien separar amor y sexo. [El sexo] es algo físico, no algo emocional. Claro que hay emociones implicadas, es algo muy íntimo, pero no es amor ni una conexión permanente. Es lo que es.

Justin, ¿cómo reacciona la gente cuando cuentas que tu esposa es trabajadora sexual?

Muchas veces se sorprenden de que a mí me parezca bien, pero no ha cambiado ninguna amistad ni actitud hacia nosotros. Es solo un trabajo. Una especie de trabajo guay, pero solo un trabajo. Supongo que la gente se sorprende a veces por el hecho de que [Eva] se dedica a ello por decisión propia, de que lo disfrute y de que sea un trabajo bien pagado.

Está claro que tenéis una mente muy abierta y que sois muy sinceros en vuestro matrimonio. Dicho eso, ¿qué es lo que no podríais soportar en una relación?

Eva: El engaño. La verdad es poder y en el poder está la fortaleza. Quítale eso a la relación y ¿qué es lo que queda?

Justin: Lo mismo digo: el engaño. ¿Qué sentido tiene estar en una relación estable si no eres capaz de ser sincero? Todo es más sencillo con sinceridad. Lo bueno y lo malo.

Este artículo fue publicado originalmente en el 'HuffPost' Estados Unidos y ha sido traducido del inglés por Daniel Templeman Sauco.

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