INTERNACIONAL
06/05/2018 10:05 CEST | Actualizado 07/05/2018 16:03 CEST

Juzgados por salvar vidas: "Cubríamos un hueco que los Estados no han cubierto"

Tres bomberos sevillanos serán juzgados este lunes acusados de tentativa de tráfico de personas por tratar de salvar vidas de refugiados en Grecia.

Los bomberos Manuel Blanco, Quique Rodríguez y Julio Latorre fueron tres de las miles de personas que se levantaron el 2 de septiembre de 2015 con la foto del horror: el cuerpo del pequeño Aylan Kurdi, de tres años, yacía sobre la arena de una playa turca tras naufragar en el tercer intento de sus padres de sacarle del horro de la guerra y llegar a suelo Europeo. Blanco, Rodríguez y Latorre no dudaron ni un momento en poner rumbo a Grecia para tratar de evitar más tragedias así: "Esa foto no sólo nos removió la conciencia, también nos hizo levantarnos del sofá", cuenta Blanco a El HuffPost. El próximo 7 de mayo serán juzgados por ello: están acusados de tentativa de tráfico de personas y aún no tienen muy claro por qué. Podrían condenarles hasta a diez años de prisión.

Los hijos de los tres bomberos tienen edades similares a la del pequeño Aylan y esa fue una de las razones por las que sus padres se embarcaron hacia Grecia: "Esa foto, además de remover nuestras conciencias, nos hizo levantarnos del sofá. Pensamos que teníamos que hacer algo y que, si pasara algo, o si no estuviésemos a salvo de una guerra, nos gustaría que alguien nos echara una mano". Se unieron a la ONG Proem Aid porque les parecía "una barbaridad que fuese el mar el que decidiera si una persona entraba o no en Europa", cuenta Blanco.

En diciembre de 2015 ya hicieron sus primeras misiones de rescate. Cuando llegaron, contactaron con las autoridades españolas en Grecia, así como con las autoridades locales. Hablaron con los compañeros para organizarse. "Nos dirigimos a los guardacostas griegos y les comentamos que teníamos una embarcación pequeñita pero mucha capacidad de rescate por nuestra preparación y formación y así ellos podrían asignarnos una zona de salvamento que tuviesen desatendida", cuenta Blanco.

AFP/Getty Images

Una vez hechos estos trámites, se pusieron a trabajar en la zona sureste de la isla, cerca de un campamento de refugiados que había en la zona del aeropuerto: "Hacíamos rescates de los barcos que llegaban en condiciones precarias, algunos incluso naufragando. Siempre en colaboración con las autoridades, porque nosotros siempre esperamos a que cuenten con nosotros. No llegamos a un sitio y nos ponemos sin preguntar a nadie".

"Recibimos una llamada de una ONG danesa"

En la tercera misión, la madrugada del 14 de enero, los seis bomberos se encontraban arreglando su embarcación fuera del agua y recibieron por la noche una llamada de una ONG danesa que les dijo que había un barco que se hundía y que no tenían personal en su embarcación.

"Hablamos de invierno, aguas frías y cuerpos húmedos que pierden la temperatura 20 veces más rápido que uno seco. En los barcos van 40 o 50 personas, muchos de ellos son niños pequeños", explica Blanco, "las madres les abrigan pensando que les protegen del frío pero si esa ropa se moja da más frío y es un lastre. Además, los chalecos salvavidas muchas veces son de juguete o falsos. No llevan reflectantes, por lo que no se les puede ver a lo lejos y corren el peligro de que les pases por encima", continúa, intentando transmitir el "estado mental" en el que se encontraban: "Jugábamos a contrarreloj contra la hipotermia, contra chalecos que no flotan, la oscuridad y el frío".

Recuerda que muchas de las personas que se unen a estas embarcaciones para llegar a Europa no saben nadar: "Imagínate una familia entera en el mar con los niños. A veces encontramos a madres abrazadas a un chaleco salvavidas porque se les ha resbalado el bebé por debajo al no tener cinta que le sujete. Situaciones brutales".

Detenidos por intentar salvar vidas

Así que se echaron al mar en el barco de la ONG danesa como tripulación de rescate, "siempre en aguas jurisdiccionales griegas". No encontraron el barco que fueron a buscar y, cuando estaban volviendo, una embarcación griega se les acercó y los tripulantes les pidieron que los acompañasen a puerto. "Les acompañamos a las instalaciones de la guardia costera en Mitilene y nos dijeron que estábamos detenidos por intentar facilitar la entrada de personas que no tenían derecho administrativo para pasar a Grecia, es decir, tráfico de personas". En un primer momento incluso les acusaron de ir armados por llevar el cortacabos, "que es parte de la equipación de rescate".

Tras dos días en calabozo se celebró una vista en la corte de Mitlene en la que los bomberos justificaron que eran funcionarios que trabajaban en la isla. "Nos dejaron marchar con un juicio pendiente por tráfico de personas en grado de tentativa. Tentativa porque, desgraciadamente, no rescatamos a nadie".

Salieron de la isla pagando una fianza pero con la preocupación de que dos años después serían juzgados. "Llevamos dos años trabajando muy duro parra que no se olvide el caso, porque hay una criminalización de la ayuda humanitaria y una tendencia a penalizar la solidaridad, lo hemos visto también con el secuestro del barco de Proactiva Open Arms o la acusación a Helena Maleno", lamenta el bombero.

"Nosotros nos organizamos porque vimos que había una necesidad. Si hubiese habido dispositivos de salvamento suficiente no nos habríamos desplazado. Cubríamos un hueco que los estados no han cubierto", dice por último antes de añadir que el artículo 98 del Derecho del Mar establece que todo capitán de un barco que tenga constancia de que hay otro barco en condiciones de naufragio tiene la obligación de atender el rescate, independientemente de las aguas en las que se encuentre.

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