VIRALES
11/05/2018 22:37 CEST | Actualizado 11/05/2018 22:37 CEST

'Wild Wild Country': Bienvenidos al país más salvaje del mundo

Así es la alucinógena serie documental sobre una secta que se instala en un pueblo de Oregón que emite Netflix.

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Un pueblo de apenas 50 habitantes en Oregón (Estados Unidos). Un gurú mundialmente conocido llamado Osho. Una polémica secretaria llena de poder llamada Ma Anand Sheela. Una comuna de más de 10.000 personas y muchos acontecimientos inexplicables han hecho que Wild Wild Country sea, a día de hoy, uno de los documentales más populares de Netflix.

Esta obra dirigida por los hermanos Way habla de una extraña secta formada en los años 70 liderada por un gurú indio llamado Bhagwan Shree Rajneesh —conocido como Osho— y sus feligreses, los rajneeshes.

Los problemas en su país natal del barbudo y carismático líder, que se comporta como un mesías fumado, lo llevan a trasladar su comuna a un gigantesco terreno situado al lado de Antelope, un pueblo estadounidense que no recibe bien a estos jóvenes hippies deseosos de sexo, amor libre y jarana.

Y ahí se desata la locura.

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Osho es un hombre que puede generar el caos a su alrededor con un simple movimiento de manos. Cuando llega a una sala, la gente entra en éxtasis y todo se llena de una extraña energía que lleva a sus seguidores al éxtasis. Después, a meditar.

Hombres, mujeres y niños vestidos de naranja en trance, bailando y entrando en éxtasis copan esta comunidad que llega a tener su propia central nuclear y su propio aeropuerto. La animadversión entre los hippies y los habitantes del pueblo llega hasta límites que obligan a intervenir a las autoridades estadounidenses, que se van a posicionar al lado de los pueblerinos.

El documental está plagado de imágenes de los melenudos, que tenían la obsesión de grabarlo todo: los directores se encontraron más de 300 horas con grabaciones de todo tipo que han condensado en seis capítulos de poco más 60 minutos.

El documental empieza con el testimonio de Ma Anand Sheela, secretaria personal de Osho y auténtica protagonista de la historia. El grado de locura que adquiere la trama es tal que al segundo capítulo el espectador se ve tentado a entrar en Google para verificar que todo lo que está ocurriendo pasó de verdad y que no se trata de un falso documental muy bien rodado.

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Detrás de esta apariencia de anciana amable se esconde una persona calculadora y ansiosa de poder que se erige como gran estratega. Ella sola se enfrenta a las autoridades— que buscan todo tipo de resquicios para poder expulsar a la secta de Estados Unidos— y consigue poner en jaque a todo el sistema democrático, que tuvo que retorcer sus leyes para combatirlos y echarlos del país.

La presentación de Sheela en el documental es toda una declaración de intenciones:

"A toda corona le sigue la guillotina. Sin la guillotina, no puedes llevar la corona. Y ese era mi destino. Pero, ¿por qué someten a alguien a la guillotina? Porque es fuerte. Quieren destruir su fortaleza. Y, a pesar de esa guillotina, aún no me han matado. Aún no han matado mi espíritu. Vaya a dónde vaya, llevaré esa corona... mientras no tema estar bajo la guillotina".

Sheela se gustaba ante las cámaras y las cámaras también querían a Sheela. Su presencia en los platós era un auténtico tsunami y sus enfrentamientos con personas del pueblo, a los que trataba de mojigatos y de puritanos, fueron muy sonados en la época.

También le gustaba provocar, en una entrevista, el periodista se interesa por la gran cantidad de coches de lujo que tenía el gurú. Ella, responde con chulería: "Tendrá un Rolls-Royce para cada día del año".

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Los testimonios de gente del pueblo contrarios a la secta se mezclan con los de los antiguos miembros de los rajneeshes, que cuentan estupefactos todo aquello como si sólo hubiese sido un mal sueño. Las imágenes del pasado se juntan con las del presente gracias a un montaje vertiginoso y a una fotografía asombrosa que le dan todavía más empaque a lo que se narra.

Lo fascinante de Wild wild country es ver hasta dónde puede llegar el ser humano para defender lo que considera suyo. Lo hace además sin tesis: no habla de buenos y malos. Es el espectador quien tiene que aplicar su pensamiento crítico y tomar una decisión de un lado, de otro o de ninguno.

Tú decides con quién te quedas.

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