INTERNACIONAL
17/05/2018 07:39 CEST | Actualizado 17/05/2018 08:10 CEST

Kosovo: una china en el zapato de Rajoy

Fotografía publicada en el twitter oficial del presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, visita a la Catedral de Alexander Nevski en Sofía, Bulgaria, un día antes de la cumbre UE-Balcanes a la que no acude por la presencia de Kosovo
EFE
Fotografía publicada en el twitter oficial del presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, visita a la Catedral de Alexander Nevski en Sofía, Bulgaria, un día antes de la cumbre UE-Balcanes a la que no acude por la presencia de Kosovo

La china en el zapato de la diplomacia española es un territorio que empieza por K y termina por O. Tiene un tamaño similar al de Murcia y algo menos de dos millones de habitantes. Incómodo, Rajoy se marchó anoche de forma prematura de Sofía (Bulgaria), donde están reunidos los líderes de la UE y los de seis países balcánicos, para evitar coincidir con el presidente de Kosovo, Hashim Thaçi, territorio al que España no reconoce como Estado.

El presidente español será el único líder europeo que no saldrá en la foto de este jueves, una protesta que sitúa a España –habitual entusiasta de las políticas de la UE - en una inusual marginalidad diplomática.

La reunión de anoche en la capital búlgara fue el preludio de la cumbre prevista para este jueves entre los mandatarios europeos y los de los Balcanes Occidentales (Albania, Bosnia-Herzegovina, Serbia, Montenegro, Macedonia y Kosovo) para reafirmar sus vínculos con esta región, ante la influencia rusa.

Anadolu Agency via Getty Images
El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, en la Cumbre UE-Balcanes Occidentales

La diplomacia española tiene bien engrasada la cuestión de Kosovo, pues acostumbra a defender su posición de no reconocimiento desde la declaración unilateral de independencia de 2008. Hay otros cuatro países en la UE con idéntica posición: Rumanía, Grecia, Chipre y Eslovaquia. El problema es que sus líderes sí estarán presentes en la cumbre de Sofía, dejando a España sola en su posición extrema. Pero Rajoy prefiere ser percibido como aguafiestas antes que realizar el mínimo gesto que pueda dar oxígeno al independentismo catalán.

Éxitos sobre el papel

La diplomacia española lleva meses trabajando en esta cuestión y ha obtenido frutos sobre el papel. En febrero la Comisión anunció su estrategia para recuperar protagonismo en los Balcanes Occidentales. El farragoso título del documento de Bruselas "perspectiva de ampliación creíble para y una mejora del compromiso de la UE con los Balcanes" tiene impronta española. "Es suficientemente ambiguo como para pensar que unos países de la región sí tienen un camino de entrada a la UE y para otros solo aplica lo segundo", reconoce uno de los funcionarios que negociaron el texto.

El mismo documento se refiere a Kosovo y añade un extraño, de nuevo ambiguo, comentario: "Kosovo tiene una oportunidad para progresar de forma sostenible y avanzar en su camino europeo una vez que las circunstancias objetivas lo permitan".

EFE
Juncker y Rajoy, durante la cena informal con líderes europeos con motivo a la cumbre.

El propio borrador de las conclusiones que los líderes de la UE aprobarán en Sofía no se refiere a la futura entrada en la UE de estos países – a pesar de que algunos ya lo negocian y de que Juncker sugirió que en 2025 podrían hacerlo – y pone el acento en la estabilización y las reformas democráticas de una región clave para la seguridad europea.

La kosovo-obsesión de la diplomacia española ha sabido coaligarse con otros países que, aunque sí reconocen a Kosovo, no quieren ni oír hablar de nuevos miembros en la UE, ya sea por cuestiones presupuestarias, de agilidad en la toma de decisiones – los actuales 27 miembros tras el Brexit la hacen inmanejable a veces – o por temor a la libre circulación. La declaración de la cumbre sólo estará firmada por los actuales líderes de la UE y no por sus homólogos balcánicos. El embajador español ante la UE sustituirá a Rajoy para evitar el total vacío español.

A pesar de estos logros diplomáticos que exhiben fuentes españolas, los gestos pueden pesar tanto o más que el papel en las relaciones internacionales. Por eso el presidente del gobierno español nunca estuvo dispuesto a participar en una cumbre con el líder de un país al que España no reconoce. Rajoy tampoco ha asistido a la reunión de Sofía del Partido Popular Europeo para evitar hacerlo con representantes de Kosovo.

AFP
Rajoy saluda a la presidenta de Lituania en la cena.

"Si el líder de un país como Serbia sí es capaz de reunirse con su homólogo kosovar, por qué no lo iba a hacer España, sobre todo si tenemos en cuenta que sus líneas rojas sobre el contenido de los documentos se han respetado", reflexiona de forma anónima una fuente de la Comisión que ha participado en las negociaciones.

Cataluña no es Kosovo

A pesar de que los independentistas han tomado ocasionalmente a Kosovo como referencia, las diferencias entre uno y otro caso son evidentes. La antigua provincia de Serbia sufrió una limpieza étnica y algunos de los crímenes más horribles de los producidos en territorio europeo en el siglo XX. Hubo unas 12.000 víctimas mortales. Su declaración unilateral de independencia en 2008, al cumplirse 10 años tras los bombardeos de la OTAN que pusieron fin a la guerra, sí logró el aval del Tribunal Internacional de Justicia en 2010.

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Mujeres kosovares leen los nombres de las víctimas asesinadas durante la guerra de Kosovo, como parte de una ceremonia conmemorativa del 18 aniversario de la masacre en la aldea de Izbica el 28 de marzo de 2017

El propio primer ministro de Kosovo, Ramush Haradinaj, se mostraba irritado por las comparaciones en una reciente entrevista con El País."Nunca reconoceríamos la independencia de Cataluña. Kosovo y Cataluña no tienen nada en común, y establecer cualquier analogía es un sinsentido. Kosovo nació de la desintegración de la Federación Yugoslava, en un proceso sangriento de todos contra todos. No es el caso de España, donde se respetan los derechos civiles y políticos".

Los mensajes fueron interpretados como un gesto hacia España pero no consiguieron torcer la voluntad de Rajoy, que anunció hace semanas que no asistiría a la cumbre y se mantendría fiel a una interpretación extrema de una posición de Estado heredada del gobierno de Zapatero y que es cada vez más minoritaria: 115 Estados han reconocido a Kosovo en el día de hoy y 80 siguen sin hacerlo.

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