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26/05/2018 10:06 CEST | Actualizado 28/05/2018 09:47 CEST

La historia de Wesal: chef, siria y refugiada en España

En su Siria natal era analista clínica, pero en España Wesal se ha pasado a los fogones a través de la iniciativa Chefugee.

Wesal es siria, refugiada, analista clínica, chef y, ante todo, madre. Es casi lo primero que dice cuando se presenta —"tengo cuatro hijos"— y es lo primero que vemos al entrar a su casa: Abdalá, el pequeño, de apenas año y medio, nos recibe con unos enormes ojos de curiosidad en el piso de Carabanchel (Madrid) donde vive con sus padres y sus tres hermanos. "Él es español", comenta orgullosa la madre. Es el primero de sus hijos que nace en un país donde no se oyen las bombas.

CARLOS PINA
Abdalá, el hijo menor de Wesal.

La familia, procedente de Hama (una de las zonas más castigadas por la guerra de Siria), huyó de su casa en 2012 "por las bombas" y recaló primero en Jordania, donde permaneció unos tres años antes de partir hacia Madrid, donde vive también desde hace tres años. Entretanto, además de Abdalá, nació Ayaal, de 4 años, que por sus comentarios más bien parece madrileña nata. "El otro día me vestí de chulapa por San Isidro", cuenta sonriente. Es jueves 17 de mayo (han pasado dos días de la fiesta del patrono) y Ayaal quiere enseñarnos un dibujo de una pareja de chulapos y el traje que se puso para la ocasión.

"A ella se lo doy todo", admite la madre, quien reconoce que, al ser las dos únicas mujeres en la casa, sienten una conexión especial y se apoyan mutuamente. Sororidad, que dirían otros.

CARLOS PINA
Wesal, peinando a su hija Ayaal, de 4 años.

En este piso antiguo de tres habitaciones, el dibujo de los chulapos convive con el sonido de fondo de un canal árabe y con el Corán, que preside el salón. Ese mismo día comienza el Ramadán y Wesal piensa celebrarlo: "Vendrán a cenar unos amigos". Los dulces —'pulseras de dama', según las llama— ya los tiene listos y la cena (o el "desayuno", ya que será la primera comida del día, con la que los musulmanes rompen el ayuno durante su mes sagrado) empezará a prepararla sobre las ocho de la tarde, dos horas antes de que se ponga el sol y puedan dar los primeros bocados. Tabulé, arroz con pollo y kibbeh suelen estar en el menú de Wesal, aunque su plato estrella en España es el hummus, asegura.

Aquí nos enseña cómo prepararlo:

En Siria, Wesal era analista clínica, pero como en Madrid le ha resultado imposible mantener su trabajo y la cocina siempre ha sido su fuerte, Wesal se ha reciclado como cocinera gracias a Chefugee.

Chefugee, tal y como se definen en su web, es "un apasionado proyecto llevado a cabo por voluntarios de la asociación Madrid for Refugees (MFR), cuyo objetivo es proporcionar a refugiados cocineros la oportunidad de ganar salarios dignos gracias a su talento en la cocina".

Aproximadamente una vez al mes Chefugee organiza, desde hace dos años, cenas que preparan los refugiados con platos típicos de su país, ya sea Afganistán, Ucrania, Marruecos, Venezuela, Palestina o Siria.

Wesal, a la que describen como "una de las mejores chefs de Chefugee", además ahora da clases de cocina siria y ha lanzado el proyecto Chefugee to go, con el que cada domingo prepara tuppers con menús para recoger. Tres tuppers completos cuestan 16 euros, y Wesal da la posibilidad de adaptar sus comidas a las preferencias del usuario.

CARLOS PINA
Wesal, con un plato de 'pulseras de dama' y otro de hummus.

Felices, pero sin los recursos suficientes

Por su sonrisa y su disposición, se nota que Wesal está contenta con lo que hace, y ella lo confirma de viva voz. La chef da las gracias a las organizaciones que la están apoyando —ACNUR, Accem, Madrid for Refugees—, pero también tiene un mensaje para el Gobierno: que no abandone a los (pocos) refugiados que España ha acogido hasta la fecha. "Todos los refugiados viven en mal estado, como nosotros", denuncia Wesal; "no tienen trabajo y todos tienen hijos".

La familia recibe una renta mínima de inserción de 700 euros, pero apenas les alcanza para pagar el alquiler del piso, la inscripción de uno de sus hijos a una escuela de fútbol y las facturas de la casa. El problema —y la contradicción— es que, si encuentran trabajo, se les retira la ayuda.

"El problema siempre es la casa. Toda la ayuda se va para el alquiler y no queda nada para los niños", lamenta. Si les proporcionasen una vivienda, sostiene, "viviríamos más tranquilos, podríamos buscar trabajo o montar un negocio". De momento, su marido —que en Siria era taxista— sólo consigue empleos temporales y lo que ella gana cocinando no les da para vivir.

CARLOS PINA
Abdalá y Ayaal, en el piso de Carabanchel (Madrid) donde viven.

En 2015 España se comprometió a acoger a más de 17.000 refugiados, pero a día de hoy apenas ha recibido al 13% de esta cifra, quedándose a la cola de la UE en el cumplimiento de cuotas de reubicación. De las poco más de mil personas refugiadas que viven en España, la mayoría se queja de la falta de apoyo para aprender el idioma, los obstáculos para homologar sus títulos profesionales y la dificultad para encontrar trabajo. De ahí que muchos decidan irse a otros países del norte de Europa, donde les proporcionan más ayuda económica y recursos lingüísticos.

Todas las familias con las que Wesal huyó de Siria están ahora en Alemania o en Francia, pero ella se resiste a hacer las maletas, porque en Madrid están felices: el clima y la gente son muy parecidos a cuando vivían en Siria y su familia ya domina la lengua. Por eso, mientras nos despedimos, Wesal insiste: "Por favor, decid que necesitamos ayuda del Gobierno". Han pasado tres años desde que España les abrió sus puertas y la familia ya se siente parte de ella. "Los niños están adaptados, hablan español mejor que yo y les gusta mucho España", asegura.

Da la impresión de que Wesal prefiere no echar la vista atrás y, cuando recuerda todo lo que han vivido en Siria, no lo hace con amargura, sino con alivio por haber salido de esa pesadilla: "Ahora cuando mi hijo grita como loco no es porque escucha bombas, sino porque Cristiano Ronaldo ha marcado gol".

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Chefugee organiza este viernes 25 de mayo una cena preparada por cinco cocineros refugiados procedentes de Afganistán, Siria, Irak y Marruecos. Además, en junio también participará en el festival Refugee Food Festival, que se celebra en diferentes ciudades europeas con la colaboración de la Agencia de la ONU de los Refugiados (ACNUR).

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