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06/06/2018 10:50 CEST | Actualizado 06/06/2018 10:53 CEST

Las protestas propalestinas fuerzan la suspensión del Israel-Argentina

El amistoso debía jugarse el sábado en un barrio de Jerusalén levantado sobre villas palestinas arrasadas en 1948.

Lionel Messi, el pasado 29 de mayo en La Bombonera de Buenos Aires, en un partido amistoso contra Haití.
Agustin Marcarian / Reuters
Lionel Messi, el pasado 29 de mayo en La Bombonera de Buenos Aires, en un partido amistoso contra Haití.

La selección de fútbol de Argentina no viajará a Israel, como estaba inicialmente previsto, para disputar el sábado un partido amistoso de preparación para el Mundial de Rusia. No habrá partido porque finalmente, las presiones políticas a favor de la causa de Palestina han dado frutos y la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) ha decidido no jugar en Jerusalén, una ciudad ocupada según Naciones Unidas.

En Israel -donde hay una importante comunidad de judíos argentinos, donde Leo Messi y el FC Barcelona son una religión extra y donde enmarcaban el amistoso en la celebración de los 70 años de su estado- la noticia ha causado una enorme decepción, hasta el punto de que el primer ministro, Benjamín Netanyahu, ha tratado de parar el golpe con negociaciones con su homólogo en Buenos Aires, Mauricio Macri, aunque sin éxito.

El pasado domingo, el presidente de la Federación Palestina de Fútbol, Jibril Rayub, dio a conocer el contenido de una carta dirigida a su contraparte argentina, Claudio Tapia, en la que le pedía que no se celebrase el encuentro. "El gobierno israelí ha convertido un partido de fútbol en un arma política. Tal y como han recogido ampliamente medios argentinos, el encuentro se celebrará para conmemorar el 70 aniversario del Estado de Israel", advertía.

A la iniciativa se sumaron, informa la BBC, decenas de niños palestinos, que firmaron otra carta dirigida al 10 de la albiceleste, Messi, para decirle que, de jugar en Israel, lo haría "sobre las tumbas" de sus antepasados. Y es que el jerosolimitano estadio Teddy Kollek, donde se iba a disputar el encuentro, se encuentra en el barrio de Malha, levantado sobre villas palestinas arrasadas en la guerra de 1948, de la que tuvieron que escapar familias palestinas que hoy son parte de los más de cinco millones de refugiados de este pueblo dispersos por el mundo. "Vienes a jugar con tus amigos a Malha, en un estadio construido sobre nuestra aldea destruida", escribieron en el texto entregado en la legación diplomática argentina en Ramala. Los organizadores de la protesta decidieron que los firmantes fueran 70 niños, uno por cada año de Nakba, el "desastre" que para los palestinos supuso el nacimiento del estado hebreo.

No obstante, hasta ayer por la tarde, esa movilización desde Palestina -a la que se sumó con insistencia el movimiento BDS, boicot, desinversión, sanciones, en redes sociales- no surtió efecto por sí sola. La puntilla fue una protesta que tuvo lugar en el entrenamiento de la selección argentina en Barcelona, donde se está preparando de cara al mundial. Una veintena de aficionados propalestinos recibieron a los jugadores al grito de "no laven la imagen de Israel" y exhibieron una camiseta de la selección de Messi ensangrentada. "La solicitud, nunca con agravios, era la misma: "No vayan a jugar ese partido", dice el cronista del diario argentino Clarín. "Creo que al final se pudo hacer lo correcto. Ya quedó atrás, obviamente primero está la salud y el sentido común", dijo el delantero de la Juventus Gonzalo Higuaín, al canal ESPN en la ciudad condal.

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El Gobierno argentino subrayó, tras la polémica, que no participa en la elección de la sedes donde juega la selección y reiteró su "posición histórica" en pro del diálogo palestino-israelí. La AFA, dice, es "independiente del Gobierno y el Gobierno no tiene vinculación en la selección de la sedes donde juega la selección argentina". Por su parte, la Asociación de Fútbol de Palestina agradeció que no haya partido."De confirmarse -como así ha sido finalmente-, tiene mucho mérito que el equipo argentino haya decidido no prestarse para convertirse en una herramienta política", aseguró, satisfecha.

Días de polémica

La polémica por el encuentro se aceleró en los últimos días después de que se confirmase que no se iba a disputar en Tel Aviv, capital internacionalmente reconocida para Israel, ni en el estadio Sammy Ofer de Haifa, al norte de Israel, sino en Jerusalén, pretendida capital según una ley unilateral del Gobierno.

La ministra de Cultura y Deporte de Israel, Miri Regev, no sólo apostó por la capital triplemente santa (ocupada al menos en la mitad del territorio a los palestinos desde 1967) sino que eligió el estadio del Beitar, el equipo más racista del país, que se niega a tener árabes, por ejemplo, en sus filas. El pasado domingo se pusieron a la venta las entradas y se agotaron en 20 minutos, según Haaretz.

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AFP/Getty Images
Carteles en la ciudad cisjordana de Hebrón avisando a Messi de que Jerusalén es territorio ocupado.

El diario Yedioth Ahronot aseguró que además de la intensa campaña del movimiento BDS (que promueve el Boicot, Desinversión y Sanciones a Israel hasta que finalice la ocupación), una de las "principales razones fueron las amenazas que han recibido los familiares". "Este es un sometimiento a la violencia y el terror", dijo el ministro de Seguridad Pública israelí Guilad Erdan, en la primera declaración de un miembro del Ejecutivo después de que se confirmara la suspensión, añadió Haaretz.

El periódico Jerusalem Post destacó la intención de la Asociación de Fútbol de Israel de presentar una queja formal ante la FIFA al considerar que "las amenazas físicas y brutales" hechas por el presidente de la Asociación Palestina de Fútbol "cruzan una línea roja".

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