POLÍTICA
13/06/2018 20:04 CEST | Actualizado 13/06/2018 22:38 CEST

La primera crisis de Sánchez: la dimisión del ministro más breve, un fraude fiscal y la presión del partido y Twitter

Máxim Huerta deja su puesto como ministro de Cultura y Deporte apenas seis días después del nombramiento.

Màxim Huerta
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Màxim Huerta

Pedro Sánchez ya ha tenido su primera gran crisis (¡y qué crisis!). Máxim Huerta se ha convertido en el ministro más breve de la democracia, apenas seis días ha durado en el cargo, azotado por el escándalo de su fraude fiscal a Hacienda.

Sánchez, sus ministros y los cargos socialistas llevan repitiendo continuamente durante esta semana que se trata del Gobierno de la dignidad. En todo momento han querido ofrecer la imagen de que se abre una nueva etapa y de que un Ejecutivo socialista es totalmente diferente al de uno del PP -que cayó por la sentencia de Gürtel-.

El Gobierno se desayunaba esta mañana una información de El Confidencial: el nuevo ministro de Cultura Máxim Huerta defraudó 218.322 euros a Hacienda con una sociedad (Al Máximo Profesionales de la Imagen, siendo él el único accionista y administrador) durante los años 2006, 2007 y 2008. Torpedo en la línea de flotación.

Huerta pisó con zapatos nuevos el Palacio de la Zarzuela el pasado jueves para prometer su cargo, pero no entró ya con buen pie. Su nombramiento fue el que más polvareda levantó: principalmente por sus antiguos tuits. La red le recordaba cómo decía que no le gusta (hacer) deporte, justo el nuevo ministro de Cultura y Deporte.

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"Estar al día con Hacienda ya no se lleva", "Pero nadie me envía cartas de amor? ¡¡ Todas Hacienda" , "Tú deja de pagar a Hacienda y a la Seguridad Social y verás. Pero un equipo de fútbol...", "600 millones de euros deben los clubes de fútbol a Hacienda tócate el coño"... Arqueología tuitera de Huerta, pura fantasía para muchos internautas.

La designación que más chirriaba

La designación del ministro de Cultura se había convertido en el secreto mejor guardado del nuevo Gobierno de Sánchez. Durante días se fueron filtrando nombres de otros departamentos y a la vez crecían los rumores sobre grandes referentes de la cultura para ese Departamento -recuperado por Sánchez como gesto hacia el mundo de la cultura y un símbolo para la izquierda-.

El nombre no se filtró y lo anunció al final el propio Sánchez durante su comparecencia en La Moncloa el pasado miércoles. Provocó mucha sorpresa: un escritor muy volcado en las redes sociales y un rostro televisivo muy conocido.

Con nombres como Pedro Duque, Josep Borrell, Nadia Calviño o Teresa Ribera, su designación se convirtió en la más controvertida y objeto de críticas principalmente en Twitter (esa "jauría" como ha dicho metafóricamente el ya exministro).

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Este caso se ha convertido en el primer gran obstáculo del neófito Ejecutivo de Sánchez. En un primer momento, la estrategia fue que Huerta diera explicaciones en varios medios de comunicación a primera hora (entrevistas en la Cadena Ser y Onda Cero). El argumento: era inocente, sus obligaciones tributarias estaban al corriente, un asunto cerrado, no defraudó, una regularización que afectó a cientos de personas, un cambio de criterio de Hacienda, un asunto personal y no de ministro...

Las primeras señales que llegaban de Moncloa eran de apoyo a Huerta y de que era tiempo de que se explicara. Pero a la misma vez crecía la presión en el partido y en las redes. "No tiene otra opción que dimitir", comentaba en privado un diputado. La sensación entre los socialistas no era un debate sobre legalidad, sino sobre imagen del proyecto y la credibilidad de un Gobierno que viene a regenerar el panorama político frente a la corrupción.

Además, el clima político se caldeaba. Ya en el Senado el PP -que tiene mayoría absoluta- planeaba una reprobación del nuevo ministro y en Cs se sumaban a las críticas. Y un gran palo venía también desde Podemos: Pablo Iglesias exigía la dimisión.

El giro del vídeo de 2015

Pero el silencio de La Moncloa en vez de ser de calma empezaba a cantar conforme avanzaba la tarde. Esto ya no era solo una cosa de Huerta, se viralizaban primero y luego recogían todos los medios unas declaración de Sánchez en 2015: "Es inmoral tener al número tres de tu organización -en referencia a Juan Carlos Monedero y Podemos- que ha creado una sociedad interpuesta para tributar la mitad de lo que le correspondería. Esa persona al día siguiente estaría fuera de mi Ejecutiva".

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El propio Sánchez y su entorno siempre están muy atentos a las redes sociales. La crisis empezaba a calar en la propia Moncloa. Y al final Huerta y Sánchez han acordado en Moncloa la salida del nuevo ministro. Esto supone batir el récord de la dimisión más breve de la historia de la Democracia, pero conlleva cortar de raíz un problema que tenía visos de ser una sombra para este nuevo Ejecutivo -que apenas tiene un horizonte electoral de 2 años y que es muy débil parlamentariamente-.

Huerta se ha ido dando estopa, diciendo que la "jauría" no le había perdonado haber estado en televisión en programas como el de Ana Rosa, que luego "todos ven". Él es "inocente", ha recalcado, y ha lanzado la idea de que esta práctica es habitual entre artistas, periodistas o arquitectos. "Me voy porque amo la Cultura y la transparencia", ha sentenciado.

Sánchez ha actuado rápido. Es consciente de que no puede cometer errores. Ha preferido una dimisión en un sprint para poder seguir corriendo los 1.500 metros.

Huerta no ha llegado ni a ir al Mundial de fútbol. Y el mismo día era cesado Julen Lopetegui como seleccionador. La Casa de las Siete Chimeneas busca inquilino, en Rusia ya está Fernando Hierro.

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