NOTICIAS
06/07/2018 07:37 CEST | Actualizado 06/07/2018 08:03 CEST

Bélgica enloquece con una selección en estado de gracia

El país se entrega a la potencia y eficacia de los 'diablos rojos' de Roberto Martínez, en una devoción que une a valones, flamencos e inmigrantes.

GETTY

El temblor se notó en cada milímetro de suelo. No hubo cristal que no vibrara. No hubo garganta que no gritara. El final del partido entre Bélgica y Japón del pasado 2 de julio en el Mundial de Rusia (3-2 a favor de los primeros) fue una explosión de felicidad en las calles de Amberes, ejemplo de la pasión, o más bien locura, con que los ciudadanos belgas están viviendo la participación de su selección masculina de fútbol en esta competición. Ya están en los cuartos de final después de ganarlo todo (un hito sólo compartido con Uruguay) y esta tarde se juegan el futuro ante la temible Brasil.

No es que las hazañas de los diablos rojos abran informativos por encima de la política o la economía; es que monopolizan las conversaciones de bar, los clientes del supermercado se hacen guiños en la caja ante las infinitas promociones de merchandising patrio, los niños juegan en los parques imitando los goles de sus ídolos como si los hubieran estudiado en una pizarra, los balcones y los coches particulares lucen banderas nacionales y los negocios se las idean para teñir de tricolor sus escaparates, ya sea amontonando zapatos o colocando magdalenas en rojo, negro y amarillo. Lo viven todos, los locales (el 60% son flamencos, sobre el 35% son francófonos y hay una pequeña minoría de lengua alemana) y la población inmigrante, el 11,17% de sus 11,35 millones de habitantes.

Toru Hanai / Reuters
Aficionados belgas, durante el encuentro con Japón.

Y es que esta selección cuenta, apellido a apellido, la historia del país: tiene un entrenador español, Roberto Martínez, de Balaguer (Lleida), sus estrellas son congoleñas (Romelu Lukaku, Vincent Kompany), marroquíes (Nacer Chadli), portuguesas (Yannick Carrasco), kosovares (Adnan Januzaj), martiniquesas (Axel Witsel), valonas (Eden Hazard), flamencas (Kevin De Bruyne)... De los 23 seleccionados belgas, 11 son hijos de extranjeros. Por eso -y porque la mitad del equipo juega en la Premier League-, el idioma en el que se comunican los jugadores y el cuerpo técnico es el inglés, aunque todos entiendan el francés y el neerlandés.

"A mí me representan. Yo tengo en mi casa la bandera de Bélgica y la de Marruecos. Vine hace 27 años desde Merzouga y tengo 34. Son como mis compañeros en la obra, cada uno de un color y con un acento", resume Mohamed Rasif mientras se toma una cerveza en el Café Tsjaplin de la capital flamenca. O, en palabras de Lukaku: "Si no te gusta cómo juego, vale, pero yo nací aquí. Crecí en Amberes, Lieja y Bruselas. Soñaba con jugar en el Anderlecht. Empiezo una frase en francés, pero la termino en flamenco y en el medio meto algo de castellano, portugués o lingala, según el barrio en el que me encuentre. Soy belga. Todos somos belgas. Eso es lo que hace maravilloso a nuestro país, ¿verdad?".

En el día a día, los ciudadanos de Bélgica -a los que habría que añadir el microcosmos bruselense y la enorme comunidad de expatriados- viven y sueñan en idiomas diferentes, se informan en medios en sus respectivas lenguas, son conservadores en cuanto a sus relaciones (prima la familia, no hay mucha porosidad) y algunos hasta defienden la independencia, como en el caso de Flandes y sus nacionalistas, apoyo del expresident catalán Carles Puigdemont en su huída.

Sin embargo, ahora van todos a una, con su selección. El fútbol como ligazón, se entienda o no se entienda de sus reglas y estadísticas. "A mí me da bastante igual el fútbol, soy más de tenis. Pero si me abrazan clientes que antes apenas me daban los buenos días, si veo a la gente feliz, si noto que esto nos hace a todos ciudadanos, pues me hago la primera aficionada", resume Flor Van Thielen, nacida en Gante y cajera de un Lidl en el barrio amberino de Deurne.

Del más humilde hasta el primer ministro, Charles Michel, al que los medios han sacado bebiendo cerveza ante una de las pantallas gigantes colocadas en Bruselas para ver al equipo y que le regaló una camiseta de los suyos a la primera ministra británica Theresa May, justo antes de eliminar a los británicos. Desde la liberación tras la Segunda Guerra Mundial, dicen los columnistas locales, no se veía una hermandad así.

La favorita

Según un estudio hecho por la BBC, Bélgica es la selección que más probabilidades tiene de ganar este Mundial. En los cuatro partidos que ha disputado ya, ha ganado siempre (a Panamá, Túnez, Inglaterra y Japón), ha marcado 12 goles y ha recibido apenas cuatro. Ya en la eliminatoria venía de ganar 10 encuentros, marcando 43 goles y encajando seis. Un +37 de balance.

Como explica el diario Le Soir en un análisis, las claves para el éxito del equipo nacional son sencillas, pero de una fuerza arrolladora: los jugadores que lo componen llevan muchos años conociéndose y jugando juntos, con lo que "la cohesión y el entendimiento" son "intensos"; sus principales figuras se encuentran "en plenitud", por edad y forma física; tiene entre 15 y 16 jugadores que pueden ser titulares, es decir, "el segundo equipo es formidable"; y muchos de ellos están jugando además en la misma liga, la inglesa, que conocen muy bien y de la que procede también el entrenador (en el Wigan o el Everton). "Es el momento de esta generación. Ahora o nunca", ha dicho en rueda de prensa Hazard.

Si hasta a Tomás Roncero le parece un equipazo es porque Bélgica, con todo ese cóctel, está desbordando a sus rivales por planteamiento y decisión. Sí, es un equipo apasionado, y no es del sur (fuera tópicos). Los analistas hablan de "rapidez", "potencia", "eficacia", "buen juego aéreo"... Todo suma para que estén rozando con los dedos -Brasil mediante, al menos- su mejor posición en una competición internacional. Por ahora, en su historia brilla el cuarto puerto que lograron en México 86, tras perder contra la Argentina de Maradona que se llevó el trofeo. Antes de eso, en la Eurocopa de 1980 en Italia, llegaron a su única final. Ganó Alemania.

Esta noche, todo el país estará empujando de nuevo, en cualquier idioma, en las casas, los bares, las plazas. Bueno, a lo mejor no en cada rincón: en las tiendas de pequeños electrodomésticos Krëfel prometieron que si los diablos rojos metían 15 goles o más reembolsaban todo el dinero a sus compradores de la promoción del mundial. Y están sólo a tres...

TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR

- El gesto de Japón tras ser eliminados que enamora al mundo

- LAMENTABLEV: España, eliminada en los penaltis tras un mal partido contra Rusia y un pésimo Mundial

- Messi no necesita el Mundial para reinar

- Mala Rodríguez: "No entiendo por qué hombres y mujeres no pueden jugar al fútbol mezclados"