INTERNACIONAL
09/07/2018 11:44 CEST | Actualizado 09/07/2018 13:18 CEST

Consiguió asilo después de que su pareja le disparara, pero ahora EE UU le negaría la entrada

"Esta administración está tratando de cerrar la puerta a los refugiados".

Cheryl Diaz Meyer for HuffPost
Aracely Martínez Yáñez recibió un disparo en la cabeza por parte de su 'novio' maltratador, quien también asesinó a sus dos hijos pequeños antes de suicidarse. Aracely sobrevivió y recibió asilo en Estados Unidos.

Aracely Martínez Yáñez, de 33 años, sabe que es una afortunada. Una cicatriz profunda que recorre su cabeza desde la coronilla hasta uno de los pómulos es la prueba de esa fortuna.

Es una afortunada porque su "novio" maltratador le disparó a bocajarro en la cabeza y, aun así, sobrevivió.

Es una afortunada porque escapó de su pequeño poblado de Honduras. Sus conciudadanos la acusaban de la muerte de su pareja, pese a que fue él quien asesinó a sus dos hijos pequeños y luego se suicidó después de dispararle a ella.

Es una afortunada porque consiguió recorrer sin sufrir percances los más de 3000 kilómetros que la separaban de Estados Unidos.

Y, sobre todo, es una afortunada porque, una vez allí, le concedieron asilo.

Si ese viaje lo hubiera emprendido hoy, probablemente la habrían rechazado. La semana pasada, Jeff Sessions, fiscal general de Estados Unidos, ordenó a los jueces migratorios dejar de considerar la violencia doméstica como motivo para conceder asilo. Sessions anulaba así la jurisprudencia establecida durante el gobierno de Obama, que concedía a determinadas víctimas el permiso para buscar asilo en Estados Unidos si no lograban obtener auxilio en su país de origen.

El tipo de maltrato doméstico que sufrió Aracely es endémico en Centroamérica. En Honduras, apenas existen servicios de asistencia para las víctimas y, además, los autores casi nunca son declarados culpables. Según el Centro de Derechos de la Mujer del país, en Honduras asesinan a una mujer cada 16 horas.

Para muchas víctimas, Estados Unidos es su mejor baza para sobrevivir.

Aunque la cifra exacta se desconoce, los abogados migratorios han estimado que la decisión de la Administración Trump podría invalidar decenas de miles de solicitudes de asilo aún por resolver de mujeres que tratan de huir de la violencia doméstica. Los detractores de esta nueva medida advierten que se utilizará como forma de rechazar a las mujeres en la frontera, aunque cuenten con motivos plausibles para solicitar asilo.

"Esta administración está tratando de cerrar la puerta a los refugiados", afirmó Archi Pyati, jefa de sección de Política del Tahirih Justice Center, una organización sin ánimo de lucro que asiste a mujeres y niñas inmigrantes supervivientes de violencia de género. Fue esta organización la que se ocupó de representar a Aracely en su solicitud de asilo. Las prohibiciones de viajes, el aumento de deportaciones sin antecedentes y la separación de familias se están empleando como herramientas para disuadir a la gente de venir a Estados Unidos, según denuncia Archi Pyati.

Pero eso no va a evitar que sigan viniendo mujeres, porque hay miles de mujeres como Aracely con historias igual de desgarradoras.

Cheryl Diaz Meyer for HuffPost
Aracely con sus tres hijas, Alyson (4 años), Emely (11) y Gabriela (7). Sostiene una fotografía de sus dos hijos asesinados, Daniel (4) y Juancito (6).

Unos comienzos violentos

Aracely Martínez Yáñez creció en un pequeño pueblo de Honduras con sus padres y sus siete hermanos. Su familia se ganaba la vida vendiendo horchata. También vendían tortitas de harina caseras recién hechas. Su infancia fue sencilla y feliz.

Pero cuando cumplió 15 años, un hombre llamado Sorto, de su mismo pueblo, se obsesionó con ella. En la boda de su primo intentó bailar con ella y ella lo apartó. El hombre tenía 15 años más que ella y le ponía los pelos de punta. Unos días después, relata Aracely, cuando salió de casa, el hombre la estaba esperando con una pistola y la raptó. Se la llevó a las montañas y la violó en reiteradas ocasiones.

"Quería morirme. Me sentía sucia. Él me decía que era su mujer y que no le iba a pertenecer a nadie más", confiesa a la edición estadounidense del HuffPost mediante un intérprete.

Conforme relataba su historia, se frotaba las piernas de arriba abajo incómoda al recordar las cosas terribles que le sucedieron.

Durante los siguientes seis años, Sorto siguió violándola siempre que le venía en gana. A los ojos de las demás personas del pueblo, era su mujer, tal y como él había dicho. Se quedó embarazada desde el principio. A los 16 años nació Juancito y a los 18, Daniel. Sorto iba y venía, ya que tenía esposa en El Salvador. Sin embargo, cuando no estaba él ahí, era ella quien cuidaba de su familia.

Además, no había policía en su pueblo. Ya había visto lo que les sucedía a las otras mujeres cuando viajaban hasta la ciudad más cercana para denunciar los abusos: la situación solo empeoraba. La policía no hacía nada e, inevitablemente, el maltratador se acababa enterando.

"Me sentía inservible, como si no tuviera ningún valor", confiesa.

Unos años después de que nacieran sus hijos, trabó amistad con el barbero del pueblo, que les cortaba el pelo a sus hijos. Era amable y respetuoso, nada que ver con Sorto, afirma Aracely. Empezaron una relación a escondidas. Sorto ya llevaba unos cuantos años sin dejarse ver por el pueblo y Aracely tenía la esperanza de haber quedado libre. Y entonces se quedó embarazada. Temiendo que Sorto se enterara, huyó a San Pedro Sula, una ciudad del norte de Honduras. No informó a nadie de su paradero.

Aun así, Sorto se enteró. La llamó por teléfono y la amenazó: si no volvía al pueblo en las próximas 24 horas, la mataría a ella y a su familia. Aracely se montó en el primer bus de vuelta.

Unos días después de regresar, Sorto le dijo que se la llevaba a ella y a sus dos hijos al río. Llevaba consigo un rifle de caza. La familia caminaba por la montaña. Aracely recuerda estar dándoles palitos a sus hijos para jugar y poniéndose en cuclillas para estar a su altura. Y, en ese momento, sintió el cañón del rifle presionado contra su cabeza. Lo siguiente fue oscuridad.

Sorto la disparó en la parte trasera de la cabeza y asesinó a sus dos hijos antes de dispararse a sí mismo. Juancito tenía 6 años y Daniel, 4. De algún modo, Aracely, embarazada de 5 meses, sobrevivió. Estuvo varios meses hospitalizada y tuvo que volver a aprender a caminar y a hablar. Se quedó sorda de un oído y tiene medio cuerpo entumecido.

Cuando regresó a su poblado, la gente empezó a tirarle piedras y a injuriarla. Alguien disparó contra su casa. Otra persona trató de atropellarla en bicicleta. Su comunidad la culpaba de las muertes porque había intentado dejar a Sorto, explica Aracely. Su familia quería vengar su muerte.

"El pueblo entero estaba contra mí. Niños, adultos... No podía ir a ninguna parte yo sola", se lamenta.

Unos meses después, dio a luz a una niña, Emely, pero estaba abrumada por el estrés. Además de llorar la muerte de sus dos hijos, aprender a vivir con una lesión cerebral por traumatismo craneal y cuidar del recién nacido, tenía que estar pendiente a todas horas que que no la mataran sus propios vecinos.

Era demasiado. Acabó mudándose a Tegucigalpa, capital de Honduras, pero la familia de Sorto la encontró allí también. En un último esfuerzo a la desesperada, su familia pagó más de 7000 dólares, una cantidad descomunal para su economía, para contratar los servicios de un coyote, una persona que ayuda a cruzar la frontera con Estados Unidos de forma furtiva. Emely, que tenía dos años ya, tuvo que quedarse atrás. No tenían dinero para mandarla también a ella.

Aracely tuvo que tomar la durísima decisión de marcharse sola.

Viaje hacia la libertad

Emprendió el viaje en mitad de la noche junto con un grupo de cuatro o cinco personas. Hicieron parte del viaje en una furgoneta y luego en taxis.

Apenas tenía para comer y beber y casi no durmió. Tenía malestar en el estómago y sufría dolores de cabeza debilitantes. En México estuvo a punto de dar media vuelta.

"Echaba muchísimo de menos a mis padres y a mi hija, pero las amenazas y las condiciones de vida que sabía que me esperaban en mi poblado me dieron la motivación necesaria para seguir viajando a Estados Unidos hasta estar a salvo", recuerda.

Tardaron dos semanas en llegar a la frontera con Estados Unidos. Una vez ahí, esperaron dos días antes de intentar cruzar. Estaba muerta de miedo por si la pillaban los agentes de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos y la mandaban de vuelta a casa. Cruzó la frontera en febrero de 2009 y se alojó en casa de su tío en Houston (Texas), antes de viajar a Annapolis (Maryland), donde vivía su hermano.

Aracely no supo que podía solicitar asilo como víctima de violencia doméstica hasta unos años más tarde, cuando buscó asistencia médica para su traumatismo craneal. Una vez allí, fue derivada al Tahirih Justice Center.

Kristen Strain, la abogada que trabajó en su caso, escribió el informe legal necesario para alegar que se le debía conceder asilo.

Por lo general, quienes solicitan asilo deben demostrar que la persecución sufrida se debe a uno de los siguientes cinco motivos: raza, religión, lugar de nacimiento, ideología política o pertenencia a un grupo social determinado. Kristen Strain alegó con éxito que ser una mujer víctima de maltrato de género grave contaba como pertenecer a un grupo social determinado a efectos de obtener el derecho a asilo.

"Simplemente, no hay ninguna ley que contemple la protección de mujeres como Aracely. No tienen recursos. En sus comunidades está aceptado que las mujeres sean tratadas como propiedad de los hombres", alegó la abogada.

Kristen Strain señala que le llevó más de un año reunir todas las pruebas necesarias para sustentar la solicitud de Aracely, entre las cuales estaban una evaluación neurológica, documentos médicos, noticias de periódicos hondureños en los que se hubieran hecho eco de los disparos de Sorto, decenas de entrevistas y testimonios de familiares y amigos de Honduras que corroboraran su versión.

"No es que sea sencillo, precisamente. Además de llegar aquí, lo cual ya es traumatizante y peligroso, las mujeres tienen que pasar por un sistema legal complejo y difícil de entender, sobre todo si no hablan el idioma. Es difícil para ellas saber siquiera qué derechos tienen e incluso encontrar algún abogado que pueda representarlas", se manifestaba Kristen Strain.

"Las mujeres como Aracely están salvándose la vida ellas solas", denunció.

A Aracely le fue concedido el asilo en 2013. A su hija Emely le concedieron permiso para venir en 2014. Pese a que hablaban por teléfono con regularidad, madre e hija llevaban cinco años sin verse.

Cheryl Diaz Meyer for HuffPost
Aracely observa cómo juegan sus hijas en el barrio de Baltimore en el que residen.

Una nueva vida

En su hogar en Baltimore (Maryland), a 5000 kilómetros del pequeño poblado de Honduras en el que creció, a Aracely le gusta estar rodeada de fotografías. Le ayudan a recordar a las personas que tuvo que dejar atrás.

Tiene una foto de su hermana graduándose en la Universidad. Tiene otra de sus padres radiantes de felicidad.

Y, entre todas sus fotos, colgada en la entrada de la cocina, tiene una foto con sus dos hijos fallecidos. Es la única foto que tiene de ellos. Se la llevó consigo cuando huyó de Honduras. Al hablar de sus hijos con el HuffPost, rompe a llorar. Sigue sin comprender por qué fueron asesinados.

Desde que está en Estados Unidos, la familia de Aracely ha crecido. Ahora tiene a Emely, de 11 años, a Gabriela, de 7, y a Alyson, de 4.

"Soy una afortunada por poder estar aquí con mis hijas. No podría desear nada mejor que esto. Estoy feliz con mi vida", declara.

Aracely sigue sufriendo las secuelas del disparo que recibió en la cabeza. Es una mujer olvidadiza y se confunde con facilidad. Tiene que apuntarse todos sus compromisos en el móvil con una alarma para no olvidarse.

Asegura que está muy agradecida por haber recibido asilo, pero le rompe el corazón que otras mujeres tal vez no tengan la misma oportunidad que tuvo ella.

"Siento una tristeza tremenda por las otras mujeres que están pasando por una situación como la mía, o peor, a las que no se les va a permitir la entrada al país. Aquí no tengo que esconderme ni huir de nadie", sentencia.

Este artículo fue publicado originalmente en el 'HuffPost' Estados Unidos y ha sido traducido del inglés por Daniel Templeman Sauco.