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10/07/2018 15:39 CEST | Actualizado Hace 2 horas

Esto es un francés, un belga... : historia de una complicada vecindad

Los dos semifinalistas arrastran décadas de desencuentros, tópicos y miradas de reojo.

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Bélgica y Francia no son los vecinos mejor avenidos. Llevan toda la vida metiéndose unos con otros, con la frontera de por medio: tópicos y clichés cruzados lanzados como dardos, un poquito de apropiacionismo cultural, peleas gastronómicas... Un toma y daca en el que los belgas salen habitualmente peor parados, aunque se lo toman con sentido del humor. Pero cuidado: los diablos rojos han llegado a las semifinales del Mundial de Rusia por derecho propio y la cita de esta tarde a las 20.00 horas no admite chistes.

Mientras el árbitro pita el inicio del encuentro, ¿por qué no aprendes un poco más de la pelea que tienen fuera del campo?

1.- ¡Bruto! ¡Pedante!

Los belgas son, a juicio de los franceses, unos brutos, unos torpes y unos bastos. Europeos sin refinar. A la inversa, para un belga un francés es un pedante con demasiado amor propio, estirado y más bien guarrillo.

2.- Los chistes, infinitos

No acabaríamos nunca reproduciendo los chistes que se cruzan los dos pueblos, así que te ponemos uno de cada lado y, si quieres más, te invitamos a que escuches este especial del A vivir que son dos días de la Cadena SER.

"En un tren, un hombre le dice a otro:

- Te voy a contar un chiste de belgas

- ¿Estás loco? Soy belga.

- Da igual, te lo contaré dos veces".

"El mejor negocio es comprar a un francés por lo que vale y venderlo por lo que dice que vale".

3.- Esa manera de hablar...

En Bélgica, el 60% de los ciudadanos son flamencos, de habla neerlandesa, mientras que el 35% son valones, que hablan francés (hay una pequeña minoría de lengua alemana, además). Así que ya hay pugna interna por la herencia recibida, la que viene del sur, de Francia, y la que viene del norte, de Holanda. Ellos hablan el idioma que les toca como se debe, eh, los que lo hacen con un acento imposible son los galos y los holandeses. De "remilgados" y "grandilocuentes" para arriba ponen a sus vecinos. Lo de la parodia de las erres en francés. Como en España.

4.- Con la comida no se juega

Los franceses denostan a los belgas porque sus excelencias gastronómicas patrias son las patatas fritas, los mejillones y la cerveza. Frente a ello, se vanaglorian de su cocina internacionalmente aplaudida y sus vinos. En algo coinciden: a los dos pueblos les gusta el buen beber.

5.- Patatas fritas... ¡mi tesoro!

Una de las mayores peleas entre los dos vecinos es el descubrimiento para el mundo de las patatas fritas, ese manjar de dioses. Los belgas sostienen que fueron unos pescadores del país los que en 1650 empezaron a pasar el tubérculo por el aceite caliente, como ya hacían con el pescado. Sin embargo, los franceses defienden que el invento es de un nutricionista y agrónomo patrio, Antoine Augustin de Parmentier; durante el siglo XVIII estuvo preso en las cárceles prusianas y allí decidió recurrir a las patatas -que hasta entonces se daban a los cerdos- para no morir de hambre. Al salir, popularizó su receta y convenció al rey Luis XVI para que plantase patatas en los jardines de París y dejase a la gente cogerlas, evitando la hambruna. Aunque la segunda sea una versión más elaborada, ninguna de las dos tiene más visos de ser cierta que la contraria.

(Bonus track: ¿Y cuándo demonios surgió el nombre de french fries, que aparentemente da la razón a los galos? Según el Friet Museum de Bélgica, durante la Primera Guerra Mundial, cuando los soldados belgas que hablaban francés ofrecieron patatas fritas a los soldados americanos, ellos las bautizaron de este modo).

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6.- ¿Monarquía o república?

Francia es republicana y echó a sus reyes de una manera expeditiva. Los belgas siguen viviendo bajo una monarquía con la que se sienten cómodos. Esa diferencia política es también motivo de pugna. Esa... y la estabilidad: si en Francia ha habido gobiernos largos, habitualmente entre dos partidos básicos hasta la aparición de Emmanuel Macron, en Bélgica las crisis son casi italianas, con meses largos de bloqueo en la administración y sumas de equilibrista para que se mantenga, por ejemplo, el actual primer ministro, Charles Michel.

7.- ¡Colonialistas!

Unos y otros se acusan de haber sido unos colonialistas feroces: si los franceses señalan sobre todo al rey belga Leopoldo II, un auténtico depredador en el Congo, los belgas recuerdan que desde París se explotó el norte de África, parte de Oriente Medio y hasta las Antillas.

8.- Se tiran los libros a la cabeza

Ni con la literatura están en paz. Los franceses, frente a la corta lista de autores belgas que el mundo sabe recitar de carretilla, saca su arsenal: de Flauvert a Dumas, pasando por Hugo, Proust, Camus, Voltaire... A los belgas se les acusa de no leer más que cómics, pero, eh, tienen las mejores rutas de viñetas en sus calles, el museo del cómic en Bruselas y son la casa de Hergé, padre de Tintín.

9.- Y a la hora de reír, Bélgica gana por goleada

Tan acostumbrados están con lo que les llueve, que los belgas han desarrollado un sentido del humor insuperable. Se ríen de ellos mismos como nadie. Lo han dejado claro en algunas películas recientes, como El rey de los belgas.

Quereos mucho esta tarde, queridos belgas, queridos franceses.

¡Que gane el mejor!

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Francia-Bélgica, la previa.

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