INTERNACIONAL
16/07/2018 11:36 CEST | Actualizado 16/07/2018 11:43 CEST

Italia recupera un pacto entre Gadafi y Berlusconi para frenar la migración

Preveía entregar a las autoridades libias 5.000 millones para que frenara la migración africana a Europa, vía Mediterráneo.

Un grupo de migrantes desembarca en el puerto de Trípoli tras ser rescatado en aguas de Libia, el pasado 29 de junio.
Ismail Zetouni / Reuters
Un grupo de migrantes desembarca en el puerto de Trípoli tras ser rescatado en aguas de Libia, el pasado 29 de junio.

Negociado en secreto en 2008, cuando Muamar al Gadafi maniobraba para reintegrarse en la comunidad internacional, el "tratado de amistad" rubricado por el dictador libio y el entonces primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, supuso un cambio de paradigma en el Mediterráneo.

Consciente de que el creciente flujo de inmigrantes subsaharianos era una de las principales preocupaciones de los políticos europeos, el tirano se ofreció como barrera natural a cambio de ayuda económica y restitución política.

Escenificado en Bengasi y presentado como "una compensación por los 32 años de gobierno colonial de Italia (1911-1943)", el pacto preveía entregar a Gadafi 5.000 millones de euros a cambio, entre otras cosas, de que frenara la migración africana a Europa.

El acuerdo incluía, además, formación específica para la Guardia Costera libia, patrulleras y otro equipamiento logístico, así como financiación para que esos migrantes quedaran varados en Libia, donde asumieron los trabajos precarios.

Siete años después de la caída del autócrata, a la que contribuyeron Italia y otras potencias internacionales a través de la OTAN, el Gobierno liderado por Giuseppe Conte y Matteo Salvini y el Ejecutivo sostenido por la ONU en Trípoli han recuperado el polémico pacto, en términos muy similares.

"Faltan conocer los detalles, pero el pacto firmado el pasado día 7 en Trípoli es el mismo que firmaron Gadafi y Berlusconi y que se suspendió tras la revolución" que en 2011 acabó con la vida del dictador, dice a Efe Essam al Gaiti, excorresponsal libio en Túnez.

El espíritu y los términos son los mismos y la intención, también. Pagar para que el problema no salga de Libia. Ahora se plasma en papel

"El espíritu y los términos son los mismos y la intención, también. Pagar para que el problema no salga de Libia. Ahora se plasma en papel", añade sobre el documento firmado por el ministro italiano de Exteriores, Enzo Moavero Milanesi y el líder del gobierno sostenido por la ONU en Trípoli, Fayez al Serraj.

"Es cierto que existen muchas dudas sobre el grado de control del gobierno y de algunos de los socios elegidos, pero es la solución menos mala", añade el asesor, que prefiere no ser identificado.

¿Saben con quién negocian?

El perfil de algunos de esos socios ha desatado advertencias de organizaciones de defensa de los derechos humanos que trabajan sobre el terreno y de miembros de la sociedad civil local, que han lanzado la pregunta de si los europeos saben con quién negocian realmente.

La actual Guardia Costera libia, a la que Italia y la UE ya han dotado de patrulleras, uniformes e instrucción precaria, comenzó a formarse en 2017 y en su matriz destacan antiguos traficantes de personas reconvertidos, como Ahmad Dabasshi y Salem Milad Aka, señores de Zawara y Zawia.

Según instituciones y expertos independientes en el norte de África, agentes de Inteligencia italianos les convencieron para que trocaran el negocio de los migrantes y cobrar por detenerlos en vez de por aventurarlos al mar.

"Muchos de ellos no han cortado los vínculos, especialmente en la gestión de los centros de detención, donde no se respetan los derechos humanos y que no sirven para atajar el problema", admite un colaborador de la Cruz Roja Internacional en la zona. "Muchos de los migrantes logran salir de ellos, a veces pagando, y lo vuelven a intentar. Hay constancia de que algunos se han embarcado varias veces, pese al peligro", explica.

Tampoco son transparentes la cadena de mando ni los vínculos jerárquicos entre la Guardia Costera y el Gobierno sostenido por la ONU en Trípoli, del que teóricamente depende.

Este Ejecutivo, creado en 2016 y que carece de legitimidad democrática, apenas ejerce su autoridad en el área metropolitana y en algunas pequeñas poblaciones próximas a la capital, y ni siquiera ha logrado respaldo popular.

Aún así, la UE y el resto de las potencias mundiales lo reconocen frente al Parlamento en Tobruk (este), fruto de las elecciones de 2014, pero asimismo sin legitimidad al haber expirado su mandato.

"Todos los acuerdos se están rubricando sin contar con Bengasi y sin consultar a Hafter", que es el hombre fuerte del país, "y eso puede crear problemas en el futuro", admite el asesor militar.

"Si finalmente se celebran las elecciones que prepara la ONU, se verá quien gana. Pero todo apunta a que el acuerdo de amistad se mantendrá, pues beneficia a todos", agrega.

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