INTERNACIONAL
27/07/2018 12:44 CEST | Actualizado 27/07/2018 12:45 CEST

Mesut Özil, de héroe de Alemania a diana de los racistas

"Esta Alemania representa la Alemania del pasado, una Alemania que no estaba abierta a nuevas culturas y de la que no me siento orgulloso".

El pasado domingo por la tarde, el futbolista de la selección alemana Mesut Özil anunció que dejaba la selección de su país por culpa "del racismo y la falta de respeto" que había sufrido por parte de los aficionados y, antes de ellos, por parte de altos cargos de la Federación Alemana de Fútbol, no solo durante el Mundial, sino también después de este. Fue un Mundial en el que la anterior campeona del mundo se marchó de Rusia tras sonados tropiezos.

Özil estuvo lejos de ser el peor jugador alemán del campeonato. De hecho, lideró la estadística entre todos los futbolistas del Mundial en número de ocasiones de gol creadas por cada 90 minutos y creó siete ocasiones en el último partido contra Corea del Sur. Sin embargo, ningún jugador ha sufrido más críticas por parte de los aficionados alemanes desde el decepcionante final de campeonato de la selección y, al final, Özil, musulmán de ascendencia turca, se ha hartado.

"Soy alemán cuando ganamos, pero inmigrante cuando perdemos. Nací y fui educado en Alemania. Entonces, ¿por qué no acepta la gente que soy alemán?", escribió Özil en su renuncia a la selección alemana.

La renuncia de Özil supuso el final repentino y prematuro de una carrera en la selección nacional que ahora sirve de ejemplo para el cambio de postura que se está produciendo en materia de inmigración y la creciente crisis antislámica y antimigratoria que se está produciendo en Europa. Özil nació en Gelsenkirchen (Alemania) y fue una pieza clave en la generación dorada que propició el resurgimiento de la selección alemana. Fue un jugador fundamental en el equipo que ganó el Mundial de 2014 y, antes de eso, le fue concedido un premio que le reconocía como modelo de integración en el país. Ahora, como les sucede a los inmigrantes de Alemania y de muchos otros países, se ha convertido en una diana por conveniencia.

Los logros que ha logrado Özil con sus clubes y con su selección nunca han logrado protegerle por completo de las críticas injustas de que es "vago", un "pecho frío" y de que le falta el lenguaje corporal enérgico de un buen futbolista. Pero el Mundial apareció en mitad de un escenario de demagogia de extrema derecha sobre la inmigración. Convirtieron el trasfondo en el fondo del diálogo y a Mesut Özil en el símbolo favorito de los xenófobos para representar todo lo que hay de malo en la Alemania moderna.

Este acoso brota en gran parte de una controversia que estalló antes del Mundial, cuando Özil apareció en una foto con el presidente turco Erdogan. Erdogan, un autócrata que ha restringido las discrepancias políticas permitidas en el país, utilizó la foto con Özil en su campaña para la reelección, lo que provocó las críticas de muchos alemanes al jugador por ayudar a legitimar a un líder autoritario.

Özil respondió a las críticas el domingo diciendo que la decisión de aparecer en esa foto con Erdogan fue apolítica y que se la habría hecho con cualquier otro presidente del país de sus padres. Hay muchas perspectivas por las que se podría criticar a Özil por la foto: la declaración anterior le hace parecer un analfabeto político por pensar que esa foto no tendría nunca, como escribió él mismo, "motivaciones políticas", especialmente en un año de elecciones y después de que el jugador turco de la NBA Enes Kanter, muy crítico con Erdogan, fuese retenido en un aeropuerto de Rumanía porque el gobierno turco le había cancelado el pasaporte. Özil es libre de respetar la institución que representa el presidente de Turquía; también debería haber sabido de antemano que el hombre que ocupa ese cargo no tiene más respeto por él que el que tiene por cualquier figura de relaciones públicas que pueda utilizar según su conveniencia.

Anadolu Agency via Getty Images

Sin embargo, señalar a Özil como el problema principal es dar por hecho que muchas de las críticas que recibió se hicieron de buena fe, cuando está más que claro que no fue el caso. Para los altos funcionarios alemanes y los miembros del creciente partido derechista AfD (Alternativa para Alemania), la fotografía también fue interpretada como una baza, un arma que podían esgrimir contra Özil y otros musulmanes alemanes para mandarles el mensaje de que ni eran ni jamás llegarían a ser lo suficientemente alemanes.

Antes de que comenzara el Mundial, los miembros de la AfD y sus simpatizantes alemanes utilizaron la controversia de la imagen para argüir que Özil no debía formar parte de la convocatoria para el mundial, o que por lo menos tendría que quedarse en el banquillo y no ser titular. Un político alemán lo llamó "follacabras", un argot peyorativo para denominar a los musulmanes. Otro político, según el comunicado de Özil, le dijo que debería "pirarse a Anatolia", una región turca donde residen muchos inmigrantes.

Durante el campeonato, un miembro de la AfD le dijo a la edición alemana del HuffPost que Özil era "un ejemplo del fracaso de la integración" e hizo un apunte sobre cómo se habían "infiltrado" los musulmanes en Alemania.

Tras la única victoria de la selección alemana en el pasado Mundial, contra Suecia, un aficionado llamó "cerdo turco" a Özil, según escribió este en su comunicado, y añadió que desde entonces ha sido acosado por "correos electrónicos de odio, llamadas telefónicas amenazantes y comentarios en las redes sociales".

Estos ataques no fueron el único motivo de Özil para renunciar. También estaba enfadado con la Federación Alemana de Fútbol y con su presidente, Reinhard Grindel, por su poca predisposición a defenderlo de este fanatismo. Reinhard Grindel estaba particularmente indignado por la fotografía y se pasó las semanas previas al Mundial exigiendo las disculpas del jugador y preparando el terreno para su expulsión. Durante la reunión de Özil con el presidente alemán Frank-Walter Steinmeier, ambos trataron de calmar la controversia.

Özil contó esto también en su comunicado. También esgrimió pruebas de que la controversia era un ejercicio de manipulación de la opinión pública. A Grindel, según señaló el jugador, le precede todo un historial de declaraciones antinmigrantes y de votaciones en contra de ciertas leyes a favor de estos. Nunca ha sido censurado por ello y la Federación Alemana de Fútbol, tal y como señaló Özil, no ha alzado la voz tras aparecer felizmente de uno de sus más altos cargos con el famoso líder autoritario ruso Vladimir Putin durante el Mundial.

La Federación solo consiguió avivar la controversia al intentar responder a Özil el domingo, cuando emitieron un comunicado en el que, en última instancia, le atribuían a Özil la culpa de todas las críticas recibidas y sacaban pecho de sus propios esfuerzos antirracistas.

Anadolu Agency via Getty Images

Los medios de comunicación alemanes también tienen parte de la culpa, especialmente tras la amplia atención que le han dedicado a lo largo del último mes insinuando que la controversia de la foto tuvo, al menos, parte de la culpa del pobre desempeño de la selección en el Mundial. En los últimos días tampoco se puede decir que los medios se hayan lucido, teniendo en cuenta que han decidido echar más leña al fuego en lugar de pararse a pensar en las preocupaciones del jugador. Bild, uno de los periódicos más leídos del país, cargó contra Özil por "lloriquear".

Ese desdeñamiento de las acusaciones formuladas por Özil no ha hecho más que acentuar las peores críticas hacia el jugador. Los miembros de la AfD reaccionaron al comunicado reiterando su discurso de que Özil es, según las palabras de uno de sus políticos el lunes, "un ejemplo típico del fracaso de la integración de demasiados inmigrantes de cultura musulmana otomana".

Otros jugadores de origen inmigrante sufrieron críticas similares durante el Mundial. Los jugadores suizos Granit Xhaka y Xherdan Shaqiri, ambos de ascendencia albanokosovar, fueron criticados por la derecha de su país y por sectores de los medios de comunicación por no ser "suficientemente suizos" tras la celebración de sus respectivos goles contra Serbia con gestos en favor de Albania. Y, pese a que el belga Romelu Lukaku fue enormemente elogiado por sus actuaciones en Rusia, se hace imposible ignorar lo similares que son el comunicado de Özil y el emitido por Lukaku antes del comienzo del Mundial.

"Cuando las cosas iban bien, leía los periódicos y me llamaban Romelu Lukaku, el goleador belga. Cuando las cosas no iban tan bien, me llamaban Romelu Lukaku, el goleador belga de ascendencia congoleña", escribió Lukaku para el medio The Players' Tribune.

El simple hecho de destacar esta realidad es suficiente para atraer la ira de los más críticos, y para ilustrar este asunto solo hay que atender al enfado del ganador del Mundial de 1974 y presidente del Bayern de Múnich, Uli Hoeness, quien despotricó de forma incomprensible el pasado lunes: "Lleva años jugando como una mierda. El último balón disputado que ganó fue antes del Mundial de 2014. Ahora se esconde a sí mismo y a sus pobres actuaciones tras esta foto", declaró.

Unas declaraciones sin fundamento. Según las estadísticas del periódico inglés The Sunque no destaca precisamente por la atención que le dedica a jugadores de minorías étnicas―, Özil tiene una media de entradas por partido en la selección nacional similar a la del héroe alemán en 2014 Mario Götze, y otros informes han demostrado que su aportación defensiva es parecida a la de otros centrocampistas ofensivos de la Premier. Es el discurso predominante. Solo hay que ver lo poco que les cuesta cambiar del tema de Özil a sus declaraciones abiertamente racistas: el miembro de la AfD que criticó a Özil en declaraciones a la edición alemana del HuffPost también criticó al mediapunta por hacer solamente "pases seguros" y por no tener "atractivo ni liderazgo".

El acoso racista que ha sufrido, según el comunicado de Özil, "representa la Alemania del pasado, una Alemania que no estaba abierta a nuevas culturas" y de la que no se siente orgulloso.

No obstante, esta Alemania en la que la AfD sigue ganando escaños poco a poco y en la que las encuestas revelan altos niveles de desaprobación de políticas que atraerían a más inmigrantes musulmanes y refugiados también representa a la Alemania de la actualidad. En esta Alemania, la fotografía de Özil no fue el problema. Solo fue el pretexto que necesitaban los alemanes para devolverle la voz lo más fuerte posible a una parte silenciada.

Este artículo fue publicado originalmente en el 'HuffPost' Estados Unidos y ha sido traducido del inglés por Daniel Templeman Sauco.

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