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16/08/2018 11:17 CEST | Actualizado 22/08/2018 16:23 CEST

La tele y la Casa Real: Cómo ha cambiado el cuento en 25 años (primera parte)

Las primeras censuras y los toques de atención.

HP

Ahora todo nos parece normal: las mofas, las coberturas exhaustivas sobre los movimientos de todo tipo de la Casa Real, los juicios de valor, las noticias abriendo informativos, los reportajes de investigación, los programas específicos sobre el asunto, Jaime Peñafiel hablando mal de Letizia y citando a su abuelo taxista... Pero hubo un tiempo en que todo eso era un rotundo tabú, pese a que en las sobremesas de todos los españoles se hablaba con soltura de Bárbara Rey y su amante real, al que se citaba por el nombre. En la tele, si se tenía que hablar del asunto se recurría a esa manida fórmula de "alta personalidad del Estado".

De aquel momento de censura, opacidad y silencio total pasamos poco a poco a hablar de la Sannum y sus escotes, de los pantalones de Marichalar y sus cosas, de Urdangarin y las suyas, de los elefantes que mueren abatidos a tiros... Y ahora, cuando ya todo es posible, la tele puede contar que Bárbara Rey le regalaba corbatas al rey, que luego él lucía en actos públicos y que la colonia que llevaba Juan Carlos I se llamaba Bogart, y también se la compraba Bárbara.

Pero para llegar hasta aquí el camino ha sido largo, torticero, mezquino incluso y, todo hay que decirlo, la Casa Real nos lo ha puesto en bandeja. Vamos con la primera entrega.

TV3 y las disculpas que nadie solicitó

La primera, sin duda, fue TV3, esa cadena pública pionera para bien en tantas cosas (aunque ahora no pase por su mejor momento en cuanto a independencia informativa. Lo digo yo antes de que se me llene Twitter de nacionalistas españoles insultándome). El programa se llamaba Persones humanes, era enero de 1994 (algunos de los lectores de El HuffPost no habíais nacido, o acababais de hacerlo, razón por la que os detesto, dicho sea de paso también). Lo dirigía y presentaba un icono televisivo catalán, Mikimoto. Uno de sus colaboradores, el escritor Quim Monzó, ironizó en su sección (una especie de monólogo que él siempre hacía sentado) sobre la Casa Real y sus funciones.

En la pantalla que el presentador tenía al lado, aparecía una imagen de la infanta Elena. Jordi Pujol, que entonces era un prócer, el padre de la patria catalana, tuvo que disculparse ante la Casa Real en nombre de la cadena, aunque a día de hoy nadie recuerda queja alguna del rey emérito (que entonces también era un padre de la patria española) ni de su séquito. Voy a repetir la fecha: 1994. Ni Dios osaba entonces en la tele ni en ningún medio de comunicación a hablar mal, o cotillear siquiera, de la Casa Real.

TVE y su bienquedismo

Eran otros tiempos, había que ser muy valiente, muy osado, muy kamikaze para permitir críticas a la monarquía. Así que llegó El peor programa de la semana, con el Gran Wyoming como conductor. Invitaron a Quim Monzó, la dirección de la cadena pública le dijo que ni hablar, y el equipo entero, en lugar de plegarse a las órdenes, dijo que si no había entrevista no había programa. Y así fue. El espacio no se emitió ese día y cuando acabó la temporada no fue renovado. Aquí la explicación resumida y perfecta del propio Wyoming.

Hoy, David Trueba, que era uno de los responsables del espacio, y el propio Wyoming están donde están. Los directivos de aquella casa ignoro dónde paran.

Más asuntos. En los cajones de esa cadena duerme el documental francés Yo Juan Carlos, rey de España, que RTVE coprodujo junto a Cinétevé y que se emitió en Francia en la cadena France 3. Era el fruto de cinco horas de entrevista con el rey emérito, pocos días antes de abdicar. Hablaba también Felipe VI. TVE quiso modificar cosas, puso pegas, pidió que se entrevistara también a Mariano Rajoy, etc etc.

La pieza se puede ver íntegra aquí y yo la recomiendo vivamente.

Y de paso recomiendo a la nueva cúpula directiva (voy a obviar a Eladio Jareño, que contra todo pronóstico, ahí sigue como director de la cadena) que la emitan, pese a todo.

No se emitió ese documental, pero a cambio la cadena pública nos dejó para la historia la entrevista más empalagosa, más estomagante, más vergonzosa que yo recuerdo haber visto en televisión, si obviamos la que Alfredo Urdaci le hizo en 2004 a José María Aznar, justo antes de que dejara la presidencia del Gobierno.

Jesús Hermida,que en paz descanse, podría haber pasado a los anaqueles televisivos como el gran periodista precursor que fue, como ese profesional singular con un estilo definido que marcó tendencia, pero no. En enero de 2013, TVE le pidió que entrevistara al rey Juan Carlos. Y el resultado nos dio pavor a todos. No hubo, por ejemplo, ninguna pregunta sobre Urdangarin, o sobre la cacería en Botsuana. Apenas unos minutos son suficientes para sonrojarte.

Julio Somoano, entonces director de los servicios informativos de RTVE, dio paso a la entrevista (era su primera aparición en pantalla) y dijo que pasaría a formar parte "de la historia de España". El espacio tuvo una audiencia del 14,7%, con 2.726.000 espectadores. Y a juzgar por las redes de ese día, buena parte pensaba lo mismo: ¿esto era necesario?

Ha llamado la Casa Real

Hay que aclarar que la Casa Real ha llamado siempre a las altas instancias (que siempre están por encima de las direcciones de las cadenas) para pedir expresamente que no se dé un audio, o que se impida la emisión de una imagen, o que se hagan oídos sordos a una noticia que circula. A veces, dependiendo de la fortaleza de los que mandan para resistir a las presiones, sean del tipo que sean, el asunto espinoso sale o no sale. Y aquí seamos sinceros: hasta ahora si estabas en un cargo en un medio de comunicación y te llamaba la Casa Real, empezabas a hiperventilar sin más. Todos los colegas que tengo en las teles, ocupando cargos, han vivido alguna vez un toque de atención en ese sentido. Y, en general, tras esa llamadita todo el mundo se cuadra.

Hasta ahora si estabas en un cargo en un medio de comunicación y te llamaba la Casa Real, empezabas a hiperventilar sin más

Pero en centenares de ocasiones en las teles de este país no ha hecho falta la llamada real porque los responsables de la cadena han aplicado la autocensura para evitar males mayores. Quizá si hubieran seguido todos a una el glorioso lema de Los Javis —"Lo hacemos y ya vemos"— otro gallo nos habría cantado. Quizá Urdangarin, por ejemplo, no se habría venido tan arriba, quizá Corinna y el comisario Villarejo no habrían coincidido, por ejemplo. Quizá la reina Sofía y Bárbara Rey habrían terminado haciéndose amigas, yo qué sé.

En todo caso, me cuentan que cada vez llaman menos, sabedores de que es ponerle puertas al campo, de que se ha abierto definitivamente la ventana que daba al mundo real, que no Real. Digamos que han abandonado ya toda esperanza. Así que contraatacan con vídeos edulcorados de niñas que comen sopa de acelgas o de familias felices con sonrisas congeladas comprando en pescaderías de Mallorca.

En este recorrido televisivo hay un día clave, que cómo no, tiene lugar en esa tele que también fue pionera en tantas cosas (malas): la desaparecida Canal 9, ahora reabierta con el nombre de À punt (sí, sí, tengo que escribir sobre ella, pero es que apenas llevan dos meses y me da pena dar cera tan pronto). Tómbola y Bárbara Rey. Ese día todo empezó a cambiar. Yo trabajaba entonces en la misma productora que realizaba el programa. He llamado a los colegas, incluido el presentador Ximo Rovira, que estaban ese día al pie del cañón. Y con todo eso, he escrito la segunda parte de esta crónica real que publicamos mañana. Eso si la Casa Real no llama al director de El HuffPost, Guillermo Rodríguez, para darle un toque...

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