INTERNACIONAL
16/08/2018 11:38 CEST | Actualizado 16/08/2018 11:38 CEST

Los niños migrantes eligen entre una posible muerte y no volver a ver sus padres

Regresar a su país de origen podría significar violencia o muerte. Pero quedarse en EE UU les supone un gran coste emocional.

John Moore via Getty Images
Un niño de 10 años habla con su madre por teléfono después de reunirse con su padre en el centro de inmigrantes Nuestras Raíces el 7 de agosto de 2018 en Ciudad de Guatemala (Guatemala).

En un refugio en Long Island (Estados Unidos), Nico se ve obligado a tomar una decisión demasiado traumática para cualquier niño de 14 años: volver a Guatemala y correr riesgo de muerte o quedarse en Estados Unidos en busca de un vida tranquila, pagando el precio de la posibilidad de no volver a ver jamás a sus padres.

Después de cruzar la frontera hace unos meses, fue separado de su padre, a quien deportaron a mediados de julio. Nico (no es su nombre real) se enfrenta ahora a una imposible disyuntiva sin ningún tipo de guía parental.

Cuando Alexander Holtzman, fiscal en Safe Passage Project, habla a su cliente sobre su futuro, el niño de 14 años mira al suelo con lágrimas en los ojos. Cuando Nico se enteró de que su padre había sido deportado, dibujó con palitos a sus padres y a él de pie bajo la lluvia a lados opuestos del folio, cuenta Holtzman.

"Creo que le costaba mucho tomar una decisión", asegura el abogado. "Es un niño de 14 años intentando tomar una decisión muy adulta sobre cuál será su futuro... e intentando comprender un complejo sistema legal que no se preocupa por sus intereses ni por los de su padre".

Como Nico, la mayoría de los 559 niños que siguen separados de sus padres —gran parte de ellos han sido deportados— se verán obligados a escoger. Tendrán que elegir entre buscar seguridad en EE UU o reunirse con su madre y su padre de vuelta a casa, en situaciones que pueden poner su vida en riesgo.

Aunque muchos padres dicen que los agentes de la Oficina de Inmigración y Aduanas los coaccionaron para firmar los formularios de deportación, el gobierno no tiene planes de permitirles volver a Estados Unidos a continuar con el debido proceso. Los abogados y defensores están luchando ahora por localizar a padres deportados en Centroamérica para preguntarles si quieren que sus hijos se queden en Estados Unidos o que vuelvan a casa.

No obstante, por la mala información de contacto del Gobierno, ha sido extremadamente difícil encontrar a estos padres. Y muchos niños que esperaban contar con el apoyo de su familia tendrán que tomar por sí solos una colosal decisión sobre su futuro.

Priya Konings, fiscal mediadora en el Kids In Need Of Defense (KIND), explica que es difícil ayudar a los niños a tomar esas decisiones de vital importancia. Ella y otros abogados se han visto obligados a preguntar a niños que apenas saben leer cuestiones como "¿Quieres volver a tu país de origen, de donde expresabas tu miedo a volver? ¿Quieres quedarte aquí y permanecer en cuidado tutelar a largo plazo? ¿Quieres intentar buscar a un familiar al que no conoces y vivir con él?".

"Son preguntas terribles para hacérselas a un niño", reflexiona. "Y los pone entre la espada y la pared". Según Konings, los niños quieren estar con sus padres y les da miedo vivir en cuidados tutelares o con familiares desconocidos, pero muchos también tienen miedo de volver a su país nativo.

Kaavya Viswanathan, fiscal en The Door, un proveedor de servicios jurídicos de Nueva York, asegura que es una decisión casi imposible de tomar. "Es como en La decisión de Sophie", comenta Viswanathan, en referencia a la película en la que una madre polaca tiene que elegir cuál de sus dos hijos morirá en un campo de concentración.

"Estás eligiendo... una vida libre de peligro en Estados Unidos, pero esa opción significa que no vas a estar con tu padre. Si decides volver a reunirte con tu padre, no hay garantías. Quizá te deportan a un lugar en el que consideras que tu vida está en peligro", detalla.

Para los niños que son reclutados por bandas, existen dos opciones: unirse o morir.

Muchos niños que cruzan la frontera con sus padres han huido de situaciones increíblemente peligrosas. En los países que componen el Triángulo de Centroamérica del Norte ―Guatemala, Honduras y El Salvador― crímenes como violencia de bandas y violencia machista son algo habitual, y la policía ofrece poca o ninguna protección al respecto.

Konings afirma que, para los niños que son reclutados por bandas, existen dos opciones: unirse o morir. La abogada de inmigración Hope Frye cuenta que hace poco conoció a una niña de seis años de Honduras con las muñecas quemadas por miembros de una banda a la que su tío se negó a entrar. Una familia de inmigrantes hondureños en Estados Unidos le contó cómo una banda disparó a una niña de cinco años en su vecindario delante de su hermana de tres años.

Mientras que los niños mayores pueden reconocer el peligro de volver a casa, los más jóvenes no suelen entender o saber los horribles detalles de por qué huyeron. Los abogados indican que los niños pequeños están tan traumatizados por el hecho de estar separados a la fuerza de sus padres que lo único que pueden hacer es llorar y pedir que les dejen volver a ver a su familia.

"Quizás un adolescente es capaz de contar lo que pasó [en su país] y de rellenar una solicitud de asilo. Pero los niños pequeños no saben", señala Amalie Silverstein, abogada de inmigración en Catholic Charities.

La administración fue quien creó este problema. El sistema no debería seguir traumatizando a más niños.

Uno de sus casos afectaba a una niña de siete años con parálisis cerebral que fue separada de su padre en la frontera y apenas podía hablar. Respondió las preguntas de Silverstein ("¿Quieres quedarte aquí? ¿Quieres ir a casa en Guatemala?") sacudiendo la cabeza "sí" o "no".

"Si tuviera algún tipo de exención migratoria no habría forma de sacarle esa información", comenta Silverstein, añadiendo que la niña ya está con su padre en Guatemala. "Al separarlos, destruyeron cualquier posibilidad para ella de obtener algún recurso legal".

En otros casos, el niño no está seguro de lo que realmente quiere. Beth Krause, abogada supervisora del proyecto juvenil de inmigración de Legal Aid Society afirma que un cliente de 9 años ha cambiado varias veces de opinión a la hora de decidir si se queda en Estados Unidos o vuelve a casa. El niño estaba dispuesto a quedarse con su tío en Estados Unidos, pero cuando no pudo adoptarle, decidió regresar a Guatemala antes que quedarse en una casa de acogida. Según Krause, recientemente expresó un nuevo deseo de quedarse en Estados Unidos e ir al colegio.

"No es porque cambien su postura ni sus intereses", indica, y añade que ha sido difícil para el menor ver a otros niños en refugios reunirse con sus padres, mientras él sigue separado de los suyos. "No es como si le dieran la opción de visitar a sus padres o algo así. Esta es una situación de todo o nada".

Gui Stampur, director ejecutivo adjunto del Safe Passage Project, apunta que al separar a las familias, el gobierno es responsable de que los niños tengan que tomar decisiones imposibles por sí solos. "La administración fue quien creó este problema", afirma. "El sistema no debería seguir traumatizando a más niños".

Después de pensárselo bien, Nico decidió buscar ayuda en Estados Unidos mientras se queda en casa de un familiar. En Guatemala, su vida estaba en peligro debido a la violencia de las pandillas en su barrio. Pero él sabe que elegir seguridad significa decir adiós a sus padres, a quienes echa muchísimo de menos.

"En un mundo perfecto, le gustaría quedarse en Estados Unidos y reunirse con su padre", dice Holtzman. "Pero el gobierno le quitó esa opción cuando deportó a su padre".

Este artículo fue publicado originalmente en el 'HuffPost' EEUU y ha sido traducido del inglés por Marina Velasco Serrano y Lucía Manchón Mora

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