INTERNACIONAL
09/09/2018 10:05 CEST | Actualizado 25/09/2018 10:17 CEST

La perfecta Suecia ya es un mito: se enfrenta a sus elecciones más inciertas por el auge de la ultraderecha

La retórica contra los inmigrantes impulsa a la extrema derecha sueca de Jimmie Åkesson.

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"Los xxxxx acuden este domingo a las urnas con la amenaza del ascenso de la ultraderecha". El arranque es raro, sí, pero sirve para poner de manifiesto una realidad: en lugar de esas 'x' se podría escribir austriacos, alemanes, italianos... Y ahora suecos que, en este momento, es lo que toca. Porque sí, Suecia vota este domingo en unas elecciones generales en las que, como en buena parte de Europa desde hace ya bastante tiempo, el partido más radical, de la ultraderecha, no deja de ascender en intención de voto.

El caso sueco no es diferente del de otros países vecinos: se vuelve a dar ese patrón según el cual los partidos tradicionales pierden apoyos, cosa que favorece a los nuevos o de posturas más radicales. Muy sintomático de cómo llega el país a estas elecciones es que ha sido una legislatura "movidita". Hasta ahora contaba con un Ejecutivo formado por socialdemócratas y verdes con la Alianza, una agrupación de cuatro formaciones minoritarias de centro-derecha, lo que permitió neutralizar la influencia legislativa de los ultraderechistas de Demócratas de Suecia (SD). Pero esto ya parece no ser suficiente.

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Jimmie Akesson, líder del SD.

La práctica totalidad de las encuestas sitúan al SD con Jimmie Åkesson al frente segundo en intención de voto, por delante de los conservadores de Ulf Kristersson y los socialdemócratas de Stefan Löfven (actual primer ministro). De hecho, los sondeos son dramáticos para estos últimos: los conservadores pueden perder dos quintas partes del apoyo con el contaban mientras que los socialdemócratas, el partido más votado en el último siglo y que ha gobernado en 65 de los últimos 82 años, puede empeorar en varios puntos los peores resultados de su historia (el 30,7% en el año 2010). A costa de ambos ha ascendido el SD, que cuenta con un 20% de intención de voto, una subida de siete puntos con respecto a las legislativas de 2014.

Este patrón seguro que les suena: es muy semejante a lo vivido en Francia con el Frente Nacional o en Italia de la mano de líderes como el vicepresidente Matteo Salvini. El SD, con fuerte vinculación con grupos neonazis, tiene sus orígenes a finales de los 80. En las últimas dos décadas ha tratado de depurar sus posturas más radicales para desligarse se su pasado nazi y hacerse con los votantes nacional-conservadores. Así, se trata de un partido que se presenta como la única opción para frenar la oleada de refugiados y para abanderar la postura de la "necesidad" de abandonar la UE. Está en consonancia con el UKIP de Reino Unido, con Alternativa por Alemania y, cómo no, con Frente Nacional de Marine Le Pen.

Inmigración y delincuencia

Åkesson se ha movido cómodamente en una campaña en la que por primera vez, inmigración y delincuencia han sido las cuestiones dominantes. Asuntos habituales como el modelo de bienestar, los impuestos y la sanidad han quedado relegados a un segundo plano.

Los 163.000 solicitantes de asilo recibidos en 2015 por Suecia (la cifra per cápita más alta de la Unión Europea) colapsaron el sistema de acogida sueco, dieron paso a medidas como la instauración de controles fronterizos y una ley temporal para restringir el acceso al estatus de refugiado y la reagrupación familiar. De conceder residencia permanente a todos los refugiados sirios en 2013 y alardear de tener la política de asilo más generosa, una tradición iniciada décadas atrás, Suecia ha pasado a impulsar una política similar a la del resto de países del norte de Europa y que los grandes partidos han asumido que será la norma en el futuro.

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El primer ministro saliente Stefan Loefven (izq), el líder conservador Ulf Kristersson (centro) y el líder de la ultraderecha Jimmie Aakesson (derecha).

De hecho, el Partido Conservador ha defendido facilitar las expulsiones de inmigrantes que cometan delitos, una idea a la que también se han sumado los socialdemócratas del primer ministro, Stefan Löfven.

Por su parte el SD quiere reducir al mínimo la inmigración, dejar de recibir refugiados del sistema de cuotas de la ONU, como ya hace Dinamarca, recortar el presupuesto en acogida y aumentar las plazas en régimen de custodia policial para los pendientes de expulsión.

Pero, pese a que existan puntos en los que, aunque no se coincida al 100%, sí hay zonas comunes, los partidos ya han dejado claras sus intenciones de cara a posibles alianzas: ni socialdemócratas, ni conservadores, ni sus aliados están dispuestos a negociar con el SD. Las leyes electorales suecas tienen la peculiaridad de que no es necesario tener mayoría absoluta para gobernar, basta con no tener una mayoría en contra, y cada uno está diseñando su propia estrategia.

Apartar al SD

Esa peculiaridad es la que está usando el conservador Kristersson, que quiere formar ejecutivo con sus tres socios de la Alianza (centristas, liberales y cristiano demócratas) independientemente de si el centroizquierda suma o no más votos. Considera que Åkesson le permitirá gobernar antes de dejar que lo haga la izquierda. Necesita, por lo tanto, que se abstenga. Pero el líder de la ultraderecha no se lo va a poner tan fácil: "Te lo tomas muy a la ligera, no dices cómo vas a hacer caer al gobierno. Tienes dos posibilidades para gobernar: o con el apoyo de Stefan Löfven o venir hablar conmigo, pero no quieres", sentenció Åkesson durante un debate televisado.

Tienes dos posibilidades para gobernar: o con el apoyo de Stefan Löfven o venir hablar conmigo, pero no quieres

El resto de partidos ha pasado la gran parte de la campaña centrados en atacar al líder del SD. Pero Åkesson lleva años viendo cómo su discurso para relanzar el partido le funciona. El líder de la ultraderecha ha centrado buena parte de su estrategia en distanciarse públicamente de los neonazis que fundaron el SD en 1998: "El camino no ha sido completamente recto. Hemos sido examinados a fondo y algunas veces nos hemos equivocado, sobre todo en los primeros años", se puede leer en su página web. Además, ha llevado a cabo una política de expulsiones del partido desde el año 2012. Eso sí, no abandona el discurso xenófobo de la mano del que es su lema: "Un país en el que uno de cada cuatro ciudadanos es extranjero es imposible de gobernar".

Un país en el que uno de cada cuatro ciudadanos es extranjero es imposible de gobernar

Este discurso es el que ha hecho que ninguno de los partidos mencione al SD como opción a la hora de formar Gobierno y los llamamientos en el cierre de campaña han estado orientados al voto "responsable". El primer ministro saliente, Löfven pidió el pasado jueves a los suecos que voten por un "gobierno estable capaz de dirigir Suecia en estos tiempos inciertos".

"Es difícil identificar el escenario más probable", asegura Ulf Bjereld a la agencia Afp, politólogo de la Universidad de Gotemburgo. Sin embargo, la mayoría de los observadores anticipan un nuevo gobierno minoritario, formado por Löfven, con menos apoyos de los que tiene ahora.

Sea cual sea el resultado, Jimmie Åkesson se siente ganador y ha lanzado una clara advertencia al resto: sentencia que no pueden dejarlos más de lado ni considerar a su partido "una enfermedad pasajera que afecta al Parlamento de forma temporal".

Conjeturas aparte, en Europa, de nuevo, contienen el aliento ansiando que no se cumpla lo que predicen las encuestas.

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