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14/09/2018 09:04 CEST | Actualizado 14/09/2018 14:10 CEST

Llega a 'First Dates' alegre como "la teta de Sabrina" pero las borderías de su cita le hacen perder los papeles

"¡Que la aguante su padre!"

Felipe Napoléon, un castellonense de 45 años, y Tania, una barcelonesa de 39, protagonizaron la cita más desastrosa que se recuerda en la historia de First Dates. Ambos llegaron cargados de energía al restaurante del amor. "Soy como la teta de Sabrina, todo alegría", afirmó Napoléon.

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Pero al hombre le bastaron un par de frases de su cita para desinflarse como un globo pinchado. Y lo peor de todo era que la sensación constante era de que la cosa solo podía ir a peor.

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Tania, quien en su anterior paso por el programa había llamado "cornudito" a su cita, era consciente de que daba una imagen de borde, vacilona e insoportable. Ella lo achacaba a su sentido del humor: "Me quiero reír de todo", afirmó.

Pero sea como fuere, el caso es que afortunada, lo que se dice afortunada, no estuvo la mujer en ningún momento de la noche. Para empezar, la forma que tuvo de romper el hielo con Napoléon fue mofándose de su nombre:

- Tania. ¿Napoléon es tu nombre? Pensaba que era una broma lo de Napoléon.

- Napoléon. ¿Una broma? No hay nada de broma en Napoléon.

La mujer continuó atacando la pulsera de la bandera de España del hombre:

- Tania. ¡Vaya, qué pulsera!

- Napoléon. ¿Te gusta?

- Tania. ¡Qué pulsera! (risa irónica)

- Napoléon. ¿No te gusta?

- Tania. Me gusta más la mía, la de Cataluña.

- Napoléon. Hostia.

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Ante la cámara, Tania explicaba que se sentía más catalana que española: "Se vive de otra manera, otro sentido del humor, otros impuestos, me siento catalana", argumentó.

Napoléon, por contra, defendía su españolidad: "Yo soy español, ella también, tengo tres banderas de España en mi coche, tengo otra grande que la pongo en Oropesa, y otra que pongo en un mástil".

Y la gota que colmó el vaso de la paciencia de Napoléon fue cuando Tania sacó su lado más literario, algo que su cita interpretó como una pedantería:

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- Tania. ¿Eres más de Pablo Neruda o Charles Bukowski?

- Napoleón. A Bukowski no lo conozco.

- Tania. Luego te recomiendo algo.

- Napoléon (a Lidia Torrent, que estaba junto a la mesa).Que haga un programa que se llame "aprende con Tania".

Ante la cámara, Napoléon empezó a mostrar que el vaso de su paciencia empezabas a llenarse demasiado deprisa con Tania: "Va de culta, de guay, y no es tanto. Estás aquí. Si es así lo lleva muy chungo. Yo soy todo alegría", argumentó.

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Pero el remate llegó cuando Tania propuso que ambos compartieran la comida. Llegó el plato que la mujer había pedido y con él el huracán:

- Napoléon. Yo no me voy a querer comer la mitad de eso.

- Tania. Vale. Puedes vomitar si quieres. Porque vaya cara que has puesto. Si vomitas no pasa nada.

- Napoléon. Tampoco es necesario que me digas que puedo vomitar. Tampoco te pases. ¿Eh?

Ante la cámara, Napoléon adelantó que la cosa no iba precisamente viento en popa: "He dicho... esto va a ir a peor. Que la aguante su padre. Yo no".

- Tania. ¿Buscas amor?

- Napoléon (visiblemente cabreado). Voy a comer. ¿Vale?

- Tania. Cuando acabemos hablamos.

- Napoléon. Igual. Mira, no voy a hablar más. Lo siento mucho. Te dejo aquí sola. Perdona (se levanta y se larga).

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El presentador Carlos Sobera acudió entonces al rescate de Napoleón:

- Sobera. ¿Te has enfadado, Napoléon?

- Napoléon. Sí. Es todo atacar, atacar, atacar... así que me voy. Vengo aquí a una cosa, no a otra. No vengo a que me den lecciones de nada.

- Sobera. Lo siento. Desenfádate. ¿Vale?

"Tiene que haber un alma caritativo donde sea. Me da igual, color, altura, peso, que sea bonita por dentro", rogó ante la cámara el hombre.

Tania, por su parte, se reconoció muy afectada: "Tengo el corazón muy partido. Lo tenía en dos y ahora en ocho", sentenció ante la cámara, a falta de sentencia final.

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