INTERNACIONAL
09/10/2018 07:15 CEST | Actualizado 29/10/2018 13:55 CET

Mientras los turistas buscan postureo en Instagram, los vecinos son expulsados del barrio

Bienvenido a Bo-Kaap, el pintoresco distrito de Ciudad del Cabo (Sudáfrica) donde el turismo y la inversión extranjera amenazan a la comunidad.

CIUDAD DEL CABO, Sudáfrica.— En la pequeña y colorida comunidad de Bo-Kaap, las personas con cámaras se pasan el tiempo haciendo fotos en cada calle. Es uno de los destinos favoritos para publicar en Instagram. Turistas curiosos deambulan entre las estrechas carreteras, posando frente a las casas pintadas de colores brillantes. Ocasionalmente, algunas de las 10 mezquitas en el área hacen eco del sonido de la llamada a la oración.

Pero a pesar de que las calles son bastante activas, los residentes dentro de las casas de esta comunidad íntima se encuentran atrapados en la tensión entre mantener una historia que atesoran y dar la bienvenida a los desarrollos que llaman a sus puertas.

Bo-Kaap es una comunidad antigua que enfrenta un enigma moderno. Mientras los jóvenes protestan contra el turismo y el consiguiente auge creciente de la comunidad, muchas de sus madres o abuelas están en la cocina preparando comidas para los turistas o potenciales inversores extranjeros que pagarán por un bocado del curry local.

El turismo y la inversión extranjera han pasado factura por aquí. Los hoteles, las residencias de Airbnb y los bloques de apartamentos están comenzando a extenderse por la zona, la cual está convenientemente ubicada en las laderas más altas del centro de la ciudad y ofrece una vista panorámica del paisaje urbano que se encuentra debajo. A medida que va llegando más riqueza a Bo-Kaap, los impuestos inmobiliarios aumentan y los residentes temen perder sus hogares porque ya no pueden darse el lujo de vivir en el área.

Faldela Tolker, de 52 años, ha encontrado una manera de aprovechar el aumento del turismo en Bo-Kaap, lo que le ha permitido quedarse en la casa que tanto quiere.

Tolker ha visto este cambio en la comunidad en los 28 años que lleva viviendo aquí. Los buenos viejos tiempos fueron hace 10 años, cuando sus impuestos inmobiliarios eran de 300 rand (unos 18 euros) al mes, cuenta. Ahora está pagando más de 2000 rand (unos 120 euros). Muchos de los vecinos de Tolker han tenido que vender sus casas.

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Faldela Tolker cocina en su propia cocina en Bo-Kaap.

Siendo la única fuente de ingresos en su familia, Tolker viste cuidadosamente una mesa larga en su modesta sala de estar con algunos de sus mejores platos. Durante casi todos los días de la semana, turistas de todo el mundo pueden acompañarla a su cocina mientras ella prepara la comida. Fue una de las primeras en Bo-Kaap en hacer demostraciones de cocina, y su negocio, Cooking With Love, incluso apareció en la televisión local.

"Siempre apoyaremos a la comunidad que nos rodea. A pesar de que puedo hacer los koeksuster (un dulce local), apoyaré a la dama que vende los koeksuster. Iré a la tienda Atlas en busca de especias o iré a Rose Corner en busca de patatas y pimienta verde", relata.

Esta es la resistencia de Tolker, y su determinación por permanecer en Bo-Kaap es para proteger la herencia que cree que vive en cada habitante de su comunidad.

Bo-Kaap no siempre fue una atracción turística. En el siglo XVIII, los esclavos provenientes de Indonesia, Malasia y otras partes de Asia vivían en la zona. Algunos esclavos eran musulmanes, y difundieron la palabra del Corán en todo Bo-Kaap.

La primera mezquita en Sudáfrica fue construida en Bo-Kaap. Mientras las mezquitas permanecen, las propiedades a su alrededor han cambiado. Un edificio opuesto ofrece un "espacio de trabajo de alta calidad con un especial diseño" en una elegante estructura gris con ventanas tintadas. Es un signo de la gentrificación que se ha extendido en un barrio donde los chismes se propagan rápidamente y los vecinos luchan como hermanos.

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Rashida Emeran posa en la puerta de su casa en Bo-Kaap.

Rashida Emeran, de 57 años, recuerda haber elegido pintar su casa de un amarillo brillante con tonos verdes en 1997. Los Emeran creen que fueron los primeros en pintar una casa de un color brillante. Pero debido al éxito de las casas coloridas en el área, casi todos los residentes de Bo-Kaap han tratado de reclamar la idea como suya. Emeran lo reconoce riendo.

"Elegí ese color porque estaba de moda en ese momento. Todos los años hay un color que está de moda y la gente quiere ese color de ropa. Vi el color en una muestra de pintura y lo quería", recuerda.

Los Emeran se sorprendieron por el auge que experimentó Bo-Kaap cuando las casas aparecieron en postales, películas, vídeos musicales, anuncios o incluso en Facebook.

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Los turistas se hacen fotos en la puerta de Rashida Emeran.

Pero con la fama ha llegado una carga también. Emeran y Tolker a veces miran por la ventana antes de salir de sus casas, temerosos de que un turista los fotografíe.

"Algunos de los turistas pueden ser muy arrogantes, por desgracia. Se quedan quietos en tu porche sin pedir permiso y te hacen fotos sin preguntar", afirma Tolker.

En mayo de este año, jóvenes bajo la bandera de Bo-Kaap Youth quemaron llantas para bloquear la calle a pocas manzanas de la casa de Tolker durante el tráfico en hora punta. Su demanda fue para que el gobierno local zonifique a Bo-Kaap como un área protegida de patrimonio y que se establezcan regulaciones para evitar que los autobuses turísticos bloqueen el tráfico en las calles estrechas.

Aneeqah Solomon, portavoz de Bo-Kaap Youth, explica que el movimiento está tratando de ayudar a la comunidad, pero a veces la comunidad también lucha contra sí misma.

"Con los (últimos) desarrollos y viendo que algunas personas están consiguiendo nuevos empleos, la comunidad ya no es como solía ser. Hay quienes sienten que tienen una vida perfecta, y esos son los mismos que están descuidando a la comunidad. Todavía viven en la comunidad, pero se están distanciando de las demás personas que viven en la zona", denuncia.

Muchos habitantes de Bo-Kaap se enfrentan a la decisión de quedarse en el área o de vender, tomar el dinero y salir de ahí.

Achmad Taylor, que heredó su hogar de sus padres, tuvo que tomar esta decisión en diciembre de 2017. Una pareja alemana le ofreció 3,5 millones de rands (220.000 dólares) por su casa, mientras que se esperaba que solo costara 250.000 rands (15.000 euros) hace 10 años. Taylor dijo que no.

Tolker tenía una oferta similar, de una pareja española que quería extenderle un cheque por más de lo que le ofrecieron a Taylor. Le habían dejado un sobre por debajo de la puerta de su casa.

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Una turista se hace fotos en Bo-Kaap.

"Ese tipo me dijo que podría comprarme una casa grande con piscina. Le dije: '¿Y por qué no compras tú mismo eso? ¿Tengo que venderles mi cultura, mis tradiciones y mi comunidad? ¿Estás loco?", comenta de la oferta.

Pero hay familias que han vendido sus viviendas, ya que el dinero es tentador. Hay otros, también, que simplemente no podían permitirse el lujo de vivir en el área, y se encontraron ahogados en las facturas, sofocados bajo la presión de sobrevivir en una comunidad en rápido desarrollo.

Mercy Brown-Luthango, investigadora principal de la universidad African Centre for Cities de Ciudad del Cabo, explica que, en los últimos años, algunas comunidades de Ciudad del Cabo, como Woodstock y Maitland, han experimentado un gran aburguesamiento y gentrificación a medida que los desarrolladores y las empresas se mudan.

"La gentrificación ha comenzado como un proceso de renovación urbana y se trata de mejorar estas áreas para hacerlas más atractivas para las personas. También funciona como una forma para que el gobierno local aumente los ingresos a través de los impuestos inmobiliarios. Entonces, está tratando de mejorar áreas, pero este no es el problema, es más bien el hecho de que conduce a este desplazamiento y la exclusión de ciertas personas, lo que es un problema", señala.

Brown-Luthango afirma que para mitigar las consecuencias de la gentrificación, el gobierno debe impulsar políticas que protejan a las comunidades de ser "desplazadas".

El gobierno local de Ciudad del Cabo asegura que partes de la zona, incluidas las viviendas, han recibido estatus de patrimonio y están protegidas. El municipio de Ciudad del Cabo también se ha comprometido con una serie de proyectos de viviendas asequibles en al menos tres zonas alrededor del centro de la ciudad.

"La ciudad se ha comprometido a mitigar los impactos del desplazamiento por la gentrificación, y la provisión de viviendas sociales en zonas bien ubicadas es un enfoque clave de la visión de viviendas reestructuradas en la ciudad", explica Brett Herron, representante de desarrollo urbano en Ciudad del Cabo.

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Varias jóvenes se fotografían fuera de la mezquita de Auwal en Bo-Kaap.

Pero la confianza en el gobierno es baja. Tolker, y muchos residentes en la zona, sienten que la gentrificación es el método del gobierno para forzar a los locales a salir y dar paso a grandes desarrolladores e inversores. Los habitantes, como Tolker —que fue expulsada a la fuerza de la histórica comunidad del Distrito Seis durante el apartheid—, comparan el impacto de la gentrificación con la expulsión forzosa del apartheid.

"Como no pueden hacernos lo que hicieron en el Distrito Seis, ahora nos ponen tarifas e impuestos y todo lo necesario para expulsarnos, por lo que no podemos darnos el lujo de vivir aquí, nos toca vender y, directamente, mudarnos", denuncia.

Tolker cree que la riqueza de Bo-Kaap se fundamenta en las personas que viven ahí. Sin las familias que han vivido allí durante generaciones, la comunidad perdería su herencia, señala.

"Esta es la cuna del islam. Es donde crié a mi familia. Es donde duermo. El dinero no lo es todo. Cuando una persona muere, todo lo que posee se queda atrás. Lo importante es en lo que crees y yo creo que una persona debe luchar por sus derechos, aunque esté sola", resume.

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Este artículo fue publicado originalmente en el 'HuffPost' Reino Unido y ha sido traducido del inglés.

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