POLÍTICA
11/10/2018 13:18 CEST | Actualizado 11/10/2018 13:46 CEST

El argumento de Gabilondo que demuestra que el "alboroto" de Rufián en el Congreso no es para tanto

"Basura cochambrosa".

El periodista Iñaki Gabilondo ha resaltado —en su comentario La moderación, ¿un mal negocio?, en la Cadena Ser— que no entiende "el alboroto" que han provocado los recientes desplantes y salidas de tono en el Parlamento, sobre todo en las comisiones de investigación, en clara referencia al enfrentamiento que mantuvieron el diputado de ERC Gabriel Rufián y la diputada popular Beatriz Escudero, el pasado martes durante la comisión del Congreso que investiga la presunta financiación ilegal del PP.

En ella, Rufián llamó "palmera" a Escudero, a lo que la diputada respondió con un "no me guiñes el ojo, imbécil".

Este episodio se suma al del pasado 18 de septiembre, cuando el expresidente del Gobierno José María Aznar regresó al Congreso, en el marco de la misma comisión, y la que también tuvo un enfrentamiento con Rufián en el que el diputado de ERC se mostró muy indignado porque el compareciente le llamó "golpista".

"No he visto especial novedad en las broncas parlamentarias de los últimos días y, por tanto, no he entendido el alboroto que han provocado los recientes desplantes y salidas de tono en el Parlamento, sobre todo en las comisiones de investigación, que por cierto habría que eliminar porque no sirven para nada", ha argumentado Gabilondo, quien califica de "basura cochambrosa" esos episodios que, desde luego, "pero no tienen nada de nuevo" ni "han superado récord alguno ni en gravedad ni en estrépito".

Rememora Gabilondo que "a lo largo de la democracia el hemiciclo del Congreso ha asistido a espectáculos muy penosos en los que se oyeron barbaridades de muy grueso calibre, y lo que es peor, pronunciadas por algunos de nuestros políticos principales".

En este sentido, Gabilondo recuerda que en mayo de 2005, el por entonces líder de la oposición Mariano Rajoy acusó al presidente Zapatero de "traicionar a los muertos y revigorizar una ETA moribunda".

"Lo de la traición a los muertos, por ejemplo, es una burrada muy difícil de superar", ha considerado Gabilondo, quien pone en lo más alto de "zafiedad" al popular Vicente Martínez-Pujalte, "el mayor camorrista que ha conocido el Parlamento".

"Pero sí puede estar pasando algo muy significativo en materia de radicalidad. Lo señalaban ayer Pilar Portero y Ana Cañil en El HuffPost", ha explicado Gabilondo, quien considera que "los partidos sospechan que la moderación ya no es rentable y que los votantes terminarán escorándose hacia los populismos".

"A mí me cuesta creerlo, pero ¿será así? ¿La creciente polarización arrastrará a todos a los extremos o por el contrario despejará la zona templada en beneficio del que la acierte a ocupar? En este año plagado de citas electorales podremos salir de dudas", ha concluido.

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No he visto especial novedad en las broncas parlamentarias de los últimos días y, por tanto, no he entendido el alboroto que han provocado los recientes desplantes y salidas de tono en el Parlamento, sobre todo en las comisiones de investigación, que por cierto habría que eliminar porque no sirven para nada. Son basura cochambrosa, desde luego, pero no tienen nada de nuevo, no han superado récord alguno ni en gravedad ni en estrépito.

A lo largo de la democracia el hemiciclo del Congreso ha asistido a espectáculos muy penosos en los que se oyeron barbaridades de muy grueso calibre, y lo que es peor, pronunciadas por algunos de nuestros políticos principales. Lo de la traición a los muertos, por ejemplo, es una burrada muy difícil de superar. Y en tocante a zafiedad hemos tenido a ilustres gamberros, pero nadie ha alcanzado todavía el nivel de un Martínez-Pujalte, que es el mayor camorrista que ha conocido el Parlamento.

Pero sí puede estar pasando algo muy significativo en materia de radicalidad. Lo señalaban ayer Pilar Portero y Ana Cañil en El HuffPost. Hasta ahora, decían, la radicalidad se manejaba para calentar motores, pero de cara a las urnas todos los partidos vendían moderación. Ahora, los partidos sospechan que la moderación ya no es rentable y que los votantes terminarán escorándose hacia los populismos.

A mí me cuesta creerlo, pero ¿será así? ¿La creciente polarización arrastrará a todos a los extremos o por el contrario despejará la zona templada en beneficio del que la acierte a ocupar? En este año plagado de citas electorales podremos salir de dudas.

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