POLÍTICA
11/10/2018 12:02 CEST | Actualizado 11/10/2018 12:02 CEST

Lo que significa políticamente el acuerdo entre Sánchez e Iglesias

Los presupuestos, la batalla clave para que el PSOE aguante en Moncloa hasta 2020.

Sánchez e iglesias
EFE
Sánchez e iglesias

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias en La Moncloa, un día antes de la Fiesta Nacional, sellando un acuerdo de Presupuestos Generales del Estado. Hace unos meses nadie se podía ni imaginar esta imagen, con una España gobernada por Mariano Rajoy sacando adelante sus cuentas con Ciudadanos y el PNV.

Desde que el pasado mes de junio Sánchez diera un vuelco al tablero de la política española con su moción de censura, el neófito presidente sabía que su tabla para aguantar hasta el 2020 se llamaba ley de Presupuestos Generales del Estado.

Tuvo que aprobar los de este año con las cuentas heredadas de Cristóbal Montoro, algo contradictorio pero inevitable en su recién llegada a La Moncloa. Su objetivo eran los presupuestos del año que viene, la prueba de fuego de que su Gobierno puede sobrevivir a pesar de tener el respaldo fijo sólo de los 84 diputados del PSOE. Y siempre un miedo: tener que prorrogar los de Rajoy.

La verdadera batalla para que la legislatura aguante hasta el final está en los presupuestos. Por el momento ha logrado convencer a sus socios prioritarios, Podemos. Los morados llevaban unos días teatralizando que estaban más por el 'no', lo que en política significaba realmente que estaban presionando por debajo para arrancar más compromisos.

El PSOE y Unidos Podemos sabían perfectamente que la ley de presupuestos es el mejor escenario para marcar las diferencias con la derecha. No son simples números, la izquierda quiere darles un giro social, demostrar que la llegada a La Moncloa supone un cambio para los ciudadanos, buscar también unas cuentas feministas.

Sánchez prometió un Gobierno ético con esencias de izquierdas frente al modelo liberal que impregnaba las cuentas del PP y Cs. Podemos quería arrancar una serie de compromisos sociales ambiciosos para vender que no hay un apoyo gratis al socialismo. Iglesias, además, buscaba demostrar su fuerza y lleva semanas vendiendo en público y privado su poder para condicionar las políticas de Sánchez. Y la otra cara de la moneda: los morados eran conscientes de que si no respaldaban las cuentas, el Gobierno puede caer y ellos aparecer como los culpables de unas elecciones y de la salida de la izquierda del Ejecutivo.

Entre los puntos estrella: la subida del salario mínimo a 900 euros, la recuperación del subsidio por desempleo para mayores de 52 años, la limitación a 1.000 euros en los pagos en efectivo entre empresarios, el control de las subidas abusivas de los alquileres, el incremento de la prestación por hijo, desarrollar el ingreso mínimo vital, la cotización de las horas extra, el acotamiento de los 'beneficios caídos del cielo' de las eléctricas, el aumento del Impuesto sobre el Patrimonio (subirá un 1% para las fortunas de más de 10 millones de euros) y la rebaja del 4% al IVA de los productos de higiene femeninos.

Laboratorio del 'cogobierno'

Asimismo, esta imagen de Sánchez e Iglesias también simboliza que el PSOE y Unidos Podemos son socios. Parece una cosa obvia, pero hasta hace pocos meses un sector del socialismo se resistía a este especie de 'cogobierno' con los morados -algo que estuvo muy patente también durante las primarias del pasado año entre Sánchez y Díaz-.

Los dos partidos también asumen que tienen que mejorar los mecanismos de entendimiento de cara a las próximas elecciones generales. Los escenarios que se dibujan para próximas legislaturas son los de gobiernos de coalición, y Podemos ya ha dicho que querría entrar en el Consejo de Ministros en el caso de que las cuentas den. Sánchez prefirió un Gobierno en solitario, pero en su cabeza tiene que sus socios parlamentarios no se conformarán con esto la próxima vez.

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No significa que haya presupuestos

¿Pero está todo hecho? ¡Para nada! Esto no significa que haya Presupuestos Generales del Estado para el año que viene. La siguiente batalla (que ya viene de lejos) se libra en las Cortes Generales. Todo esto podría salir si logra sacar adelante su objetivo de déficit (mayor que el que había marcado el PP).

El Gobierno sigue intentando eliminar el veto del Senado a los objetivos económicos que otorga la ley de Estabilidad Presupuestaria. En el Congreso, el PSOE cree que tiene los apoyos suficientes, pero en la Cámara Alta la mayoría absoluta es del Partido Popular, que rechazaría el nuevo margen ideado por el Gobierno para contar con 6.000 millones de euros adicionales que le permitirían todas estas medidas sociales.

Si Sánchez no logra modificar esta ley, tendría que rehacer sus presupuestos con los límites de gasto fijados por el anterior Gobierno del PP, lo que le daría poco margen. No serían los presupuestos que a él le gustan. La idea que manejan en La Moncloa es que la ley se presente sobre noviembre y que pueda estar aprobada por las Cortes en el primer trimestre de 2019.

Bruselas nos vigila

¿Y por qué ahora cerrar el acuerdo in extremis un jueves a las 8 y media de la mañana antes de un puente festivo? Todo tiene su explicación: hoy el Consejo de Ministros tiene previsto aprobar el cuadro macroeconómico que enviará a Bruselas -el plazo de entrega es el 15 de octubre-.

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Montero y Calviño

Será el momento también de pasar el examen de la Unión Europea. Esa era otra de las obsesiones de Pedro Sánchez cuando llegó a La Moncloa, calmar a los socios europeos y dar la sensación de Gobierno serio en un momento muy delicado con otros países como Italia haciendo zozobrar la economía europea. El mensaje, desde un primer momento, fue: Madrid no es Roma. Y para ello nombró como ministra de Economía a Nadia Calviño, responsable de los presupuestos comunitarios y una de las españolas que conoce mejor cada rincón de Bruselas.

Ella será la encargada de defender las cuentas fuera de las fronteras. Pero las cuentas luego internamente y las negociaciones con otros partidos las ha llevado la titular de Hacienda, María Jesús Montero. Tampoco fue una elección casual, fue la encargada de que Andalucía -la comunidad más poblada- cuadrara sus cuentas durante la crisis y se ajustara al objetivo de déficit. Además, tenía mucha experiencia negociando presupuestos en el sur y obteniendo acuerdos con Ciudadanos.

Y no hay que olvidar además que todos tienen en mente que el 26 de mayo hay un 'superdomingo' electoral con europeas, autonómicas y municipales. Por ejemplo, las medidas aprobadas para controlar la subida del alquiler y limitar el uso de los apartamentos turísticos están principalmente pensadas para las grandes ciudades: todas ellas dominadas por Podemos y sus confluencias y el PSOE (Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla y Zaragoza). Este será uno de los temas estrella en esas campañas.

La dura oposición de PP y Cs; la incertidumbre de Cataluña

El Gobierno marca el rumbo, pero tendrá que enfrentarse también a una dura oposición que sabe que si frena los presupuestos de algún modo hará caer a Sánchez. Ya se han visto duras jugadas como la de la presidenta del Congreso, Ana Pastor, para frenar desde la Mesa la treta legal para sacar los presupuestos.

Asimismo, en Madrid saben que necesitan a Barcelona. Los votos del PDeCAT y ERC son necesarios para tener cuentas, en un momento en el que Torra ha amenazado con retirar su apoyo si no pacta un referéndum, con la consecuente respuesta de 'no' del Gobierno. Cataluña es ahora mismo impredecible, con un independentismo en vías de ruptura y con un PDeCAT en plena batalla interna entre los pragmáticos y los seguidores de Carles Puigdemont -estos últimos parecen querer tener al PP en el Gobierno porque así es más fácil la confrontación-.

En definitiva, Sánchez ya ha seducido a Podemos. Ahora tiene que lograr el respaldo de Bruselas, sumar los votos de los partidos independentistas y del PNV en el Congreso y conseguir que le dé tiempo a reformar la ley que otorga veto al Senado. En el escenario más idílico llegaría a la primavera con presupuestos y tendría despejado el camino para aguantar hasta 2020. ¿Lo logrará? Si hay algo que ha demostrado, es que su capacidad de resistencia es única. Pero también Rajoy tenía piel de cocodrilo...

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