INTERNACIONAL
12/10/2018 10:14 CEST | Actualizado 12/10/2018 10:14 CEST

Ahora que no hay vuelta atrás con Kavanaugh... por qué hay que seguirle la pista en el Supremo de EEUU

La confirmación del nuevo magistrado ha dado lugar a una batalla que puede dejar profundas heridas en el prestigio y la imagen del Supremo.

Kavanaugh accede al Supremo.
Reuters
Kavanaugh accede al Supremo.

El presidente de EEUU, Donald Trump, pasará, pero el nuevo juez del Tribunal Supremo, Brett Kavanaugh, no. Su nombramiento, aprobado con el margen más estrecho desde 1881, ha generado una intensa batalla política en torno a la que es la institución más prestigiosa del país, que debe ejercer de árbitro neutral de la ley. Pero no sólo ha revuelto las esferas de la política, también ha dividido a una ya de por sí fragmentada sociedad estadounidense, que ha terminado viendo cómo un juez en el que la gran mayoría no creía ha asumido un cargo para toda la vida.

Con Kavanaugh, un juez cuya trayectoria le identifica como mucho más conservador que el jubilado Anthony Kennedy, a quien sustituye, la balanza del Supremo se inclina a la derecha.

Antes de enfrentarse a los desafíos de su nuevo cargo, el nuevo juez del Supremo tiene ahora ante sí el reto de dejar atrás las dudas sobre su pasado, sobre su comportamiento y, en definitiva, sobre su partidismo y demostrar que, a pesar de las acusaciones, es un juez apto para tan alta magistratura.

Y la sociedad no se lo va a poner fácil. Las acusaciones por parte de tres mujeres de presuntos abusos sexuales así como su trayectoria como juez hasta su nominación han provocado una oleada de manifestaciones que pedían que no llegara al Supremo. La movilización ha sido máxima. Cuando juró su cargo en una ceremonia privada, los manifestantes seguían ahí.

EFE
Primer día de Brett Kavanaugh como nuevo juez del Supremo

No es la primera vez que el país se enfrenta a algo así. En 1991 el actual magistrado de la corte Clarence Thomas fue nombrado juez del Supremo después de que Anita Hill lo denunciara por supuestamente haberla acosado sexualmente una década atrás cuando ella era su asistente. El caso nunca llegó a resolverse, pero Thomas ocupa a día de hoy su asiento en esta prestigiosa institución. De ahí que, con la nominación de Kavanaugh, EEUU haya vuelto a revivir sus peores fantasmas. Como telón de fondo, la decepción al ver cómo, de nuevo, se repetía la historia.

"Se lanza un mensaje peligroso como en el año 91. Por aquel entonces yo estaba recién salida de la universidad y tengo la misma sensación que tuve entonces: la de que la palabra de una mujer no cuenta. Veintisiete años después, nada ha cambiado", explica a El HuffPost Alana Moceri, profesora de comunicación política de la Universidad Europea de Madrid y analista política estadounidense.

Tengo la misma sensación que tuve entonces: la de que la palabra de una mujer no cuenta. Veintisiete años después, nada ha cambiado

Una de las mujeres que acusa a Kavanaugh de presuntos abusos sexuales, Christine Blasey Ford, acudió al Senado el pasado 27 de septiembre a narrar su versión de los hechos, ocurridos en 1982. Se trataba de poner cara a cara ambos y escuchar sus testimonios, para decidir qué hacer con la confirmación del juez. Pero aquella sesión se convirtió, en opinión de Moceri, en un "juicio político". "Nadie ha demostrado nada. Los republicanos intentaron plantearlo como un juicio, lo que ha confundido a mucha gente, pero eso no es lo que fue", explica esta analista. A la declaración de Ford hay que añadirle una investigación del FBI que no contactó con la presunta víctima y que, después de menos de nueve días, exoneró al juez. Esto ha hecho que los demócratas hayan hecho saltar todas las alarmas al considerarla "incompleta".

De ahí que si a una (gran) parte de la sociedad Kavanaugh no le gusta, a los demócratas aún menos. Consideran que las cosas se han hecho rápido y mal: Trump quería sumarse el tanto de la confirmación de Kavanaugh antes del 6 de noviembre, día en el que se celebrarán las elecciones de medio mandato. El presidente de EEUU sabe que si se confirma lo que anticipan las encuestas, su partido perderá el control de las dos Cámaras. Y eso habría complicado, y mucho, que Kavanaugh se sentara como juez en una de las instituciones más prestigiosas que tiene Estados Unidos.

Hablamos de un cargo vitalicio, puede ejercerlo 30 o 40 años y va a influir en la toma de decisiones más importantes para el país

"Hablamos de un cargo vitalicio, puede ejercerlo 30 o 40 años y va a influir en la toma de decisiones más importantes para el país. Por eso entre los demócratas también suena la palabra del 'impeachment' no sólo para Trump, sino también para Kavanaugh", explica Moceri. Este proceso, que nunca se ha empleado para un juez del Supremo, podría quitarle del cargo. Sin embargo, como explica esta analista, abrir este proceso ahora sería "muy duro para el país".

Politizar la Corte Suprema

Por si todo esto fuera poco, hay algo más que ha puesto de manifiesto el caso Kavanaugh: la politización de una institución que tendría que ser imparcial. "La Corte Suprema es una institución de derecho. No es partidista ni es una institución política", dijo el propio juez este martes. Pero, en opinión de Moceri, "nada más lejos de la realidad". En la misma línea se manifiesta Steven Schwinn, profesor en la Universidad de Derecho John Marshall de Chicago, en declaraciones a AFP: "Esto no empezó con la nominación de Kavanaugh y no termina aquí".

Según la Constitución estadounidense, el presidente nomina candidatos a la Corte, pero es el Senado el que los confirma o rechaza. De ahí que el líder de EEUU que nomina elija a alguien que pueda ayudar a sacar adelante sus proyectos. Este año el Supremo tiene que decidir sobre asuntos tan claves para el país como son la pena de muerte o las penas por delitos de asalto o agresión. Por eso a Trump le interesa tener a esta institución de su lado.

A Trump le interesa tener a esta institución de su lado

Si uno tira de hemeroteca puede comprobar cómo este tribunal ha oscilado de derecha a izquierda: al inicio del siglo XIX defendió la esclavitud y en la década de 1960 fue clave para terminar con la segregación racial. Pero "la corte no ha sido conservadora desde la década de 1930", cuando se opuso al New Deal que el presidente Franklin D. Roosevelt impulsó ante a la Gran Depresión, en opinión de Carl Tobias, profesor de Derecho de la Universidad de Richmond, en declaraciones a la agencia AFP.

Con la llegada de Kavanaugh, la Corte queda formada por cuatro liberales nombrados por presidentes demócratas, y cinco conservadores elegidos por republicanos. No es la primera vez que los segundos tienen mayoría, pero algunos jueces han tenido posturas diferentes dependiendo del asunto en cuestión. Es el caso, precisamente, del juez al que sustituye Kavanaugh, Kennedy, que a lo largo de los años se convirtió en una figura independiente libre de ataduras ideológicas:

  • Votó a favor del 'Obamacare', convirtiéndose en el quinto y definitivo voto que salvó la reforma sanitaria del presidente.
  • Con su voto a favor, permitió la legalización del matrimonio homosexual en EEUU.
  • Votó para preservar el derecho al aborto en un caso planteado contra las clínicas de Planned Parenthood en Pensilvania.

De Kavanaugh, sin embargo, no se espera lo mismo. De hecho, el primero que espera un comportamiento diferente al de Kennedy es el propio Trump, quien desde el primer momento politizó su nombramiento al prometer a sus seguidores que su candidato sería alguien opuesto al aborto y favorable a la posesión de armas, dos temas altamente polémicos que decide la Corte Suprema.

De hecho, una vez confirmado Kavanaugh, una de las grandes preocupaciones más inmediatas que supone es, tal y como recogía The Washington Post, que se una a la mayoría conservadora para echar abajo la ley Roe vs Wade (el nombre del caso judicial por el cual se reconoció, en 1973, el derecho a la interrupción voluntaria del embarazo o aborto inducido en Estados Unidos).

Trump ya había logrado incluir en la Corte al conservador Neil Gorsuch en 2017. Y si el presidente de EEUU ya se ha sumado dos tantos, ahora se le podrían presentar otras dos oportunidades: los jueces liberales Ruth Bader Ginsburg y Stephen Breyer tienen 85 y 80 años, respectivamente.

La imagen del Supremo

Y si Kavanaugh tiene el reto de demostrar su capacidad para el cargo, el Tribunal Supremo, en su conjunto, tiene el de demostrar que no ha perdido ni un ápice de credibilidad. Es más que probable que esta institución tienda hacia la derecha en sus decisiones y en los temas que decide tratar. De 8.000 casos al año, selecciona alrededor de un centenar. El riesgo es el de que si sus decisiones son vistas como sesgadas, podría perder credibilidad.

Gallup
Encuesta Gallup

Una encuesta de Gallup publicada en julio indica que solo el 53% de los interrogados aprobaba las decisiones de la Corte. El sondeo mostró divisiones partidarias: la aprobación llega al 78% entre republicanos, pero solo alcanza el 38% entre demócratas.

Confirmado Kavanaugh, falta por ver la nueva etapa en la que se sumerge el Tribunal Supremo. Trump dijo que EEUU le debe "una disculpa" al juez por cómo había sido el proceso de confirmación. Pero a falta de un juicio que pruebe lo que el presidente de Estados Unidos dice, lo que sí le debe Kavanaugh al país es el ser capaz de estar a la altura de la institución a la que acaba de acceder.

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