INTERNACIONAL
17/10/2018 17:39 CEST | Actualizado 17/10/2018 17:41 CEST

El principal aliado de Merkel trató de imitar a la ultraderecha y le salió (MUY) mal

Los partidos tradicionales están abocados al fracaso si permiten que la extrema derecha penetre en el debate político.

El partido alemán Unión Social Cristiana de Baviera (CSU), que domina el Parlamento Regional Bávaro, pensó que sería una buena idea copiar el discurso nativista y contrario a la inmigración de la extrema derecha de cara a las elecciones regionales del pasado domingo. Les salió el tiro por la culata. La pérdida de votos del partido no es sino una muestra más de que los partidos tradicionales están abocados al fracaso si permiten que la extrema derecha penetre en el debate político y si no logran aportar una perspectiva propia.

La CSU logró el 37,5% de los votos en Baviera el pasado domingo, un 10% menos que en las últimas elecciones y su peor resultado desde 1950. Entretanto, el partido de extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD) creció casi exactamente el mismo porcentaje de votos perdidos por la CSU y accedió al Parlamento Regional Bávaro por primera vez en su historia con un 10,2% de los votos.

FABRIZIO BENSCH/REUTERS
Alice Weidel, de la AfD, durante una sesión parlamentaria en Berlín.

Durante el año previo a las elecciones, la CSU, que es el partido hermano de la Unión Demócrata Cristiana (CDU) de la canciller Angela Merkel, se desplazó a la derecha en materia de inmigración y control de fronteras. Horst Seehofer, líder de la CSU y primer ministro alemán, estuvo a punto de hacer caer al Gobierno este verano al disentir Merkel de sus exigencias de poner en marcha una política de fronteras más estricta. Seehofer calificó la inmigración como "la madre de todos los problemas" y a principios de este año dijo que "el Islam no forma parte de Alemania".

Tras los violentos disturbios de la extrema derecha en la ciudad de Chemnitz a comienzos de septiembre, que se convirtieron en un asunto nacional y fueron censurados por Merkel, Seehofer ofreció su simpatía a los manifestantes y aseguró que si no fuera político, se habría unido a ellos. El día que cumplió 69 años, Seehofer aplaudió la deportación de 69 solicitantes de asilo afganos (uno de los cuales se suicidó tras su llegada a Kabul).

No obstante, en vez de frenar el aumento de apoyo a la AfD, Seehofer terminó perdiendo votantes y alienando a sus bases en el proceso.

En lugar de optar por la versión menos radical de la AfD que proponía Seehofer, los votantes de extrema derecha prefirieron el producto original antes que la imitación. Es más, la CSU no solo recuperó los votantes de la extrema derecha, sino que también los perdió hacia la izquierda. El partido proinmigración Los Verdes, que quedó en segundo lugar en las elecciones, recibió a miles de votantes de la CSU que rechazaban la ideología de Seehofer.

Tras las elecciones, los miembros principales de la CSU admitieron que el partido no calculó bien su énfasis en la inmigración.

"No se puede ganar más de la derecha y sí se puede perder del centro. Los resultados de hoy así lo sugieren", asumió Barbara Stamm, un alto cargo de la CSU, en declaraciones a Politico Europe.

TOBIAS SCHWARZ/AFP
A Horst Seehofer le salió el tiro por la culata su simpatía por la extrema derecha.

La CSU no es el único partido de Europa al que le ha salido mal este acercamiento a la extrema derecha. La firme postura de Seehofer contra la inmigración y su retórica antislamista encaja en un patrón de políticos europeos que han tratado de lidiar con la presión de la extrema derecha adoptando un discurso populista y defendiendo políticas antimigratorias. El pasado mes en Suecia, por ejemplo, el Partido Socialdemócrata Sueco, de izquierdas, sufrió su peor resultado electoral en muchas generaciones tras haber legitimado algunas de las ideas de extrema derecha y haber desatendido otros asuntos que van más allá de la inmigración.

Las elecciones en Baviera también reflejaron un cambio mayor en la política de Alemania, ya que el panorama político del país está ahora fracturado después de décadas de estabilidad política. Ahora, los partidos pequeños están creciendo y a los partidos tradicionales les resulta cada vez más complicado formar Gobierno.

Pese al mal resultado de la CSU, el mayor perjudicado de las elecciones es el Partido Socialdemócrata (centroizquierda), que está en plena en crisis desde que sufrió una derrota histórica el año pasado en las elecciones nacionales y aún más al haber quedado en cuarto lugar en las regionales de Baviera con menos del 10% de los votos. Los votantes liberales y proinmigración se decantaron por Los Verdes, de izquierdas y ecologistas, que sumaron el 17,5% de los votos en las elecciones del domingo.

Un sondeo previo a las elecciones estimaba que en torno a la cuarta parte de los nuevos votantes de Los Verdes provenían de la CSU, solo por detrás de los socialdemócratas. A diferencia de la CSU, Los Verdes no dejaron que la extrema derecha dictara sus discursos y no se centraron solo en la inmigración, sino también en muchos más asuntos que les importan a los votantes.

Este artículo fue publicado originalmente en el 'HuffPost' Estados Unidos y ha sido traducido del inglés por Daniel Templeman Sauco.

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