NOTICIAS
25/10/2018 14:01 CEST | Actualizado 25/10/2018 14:01 CEST

Recuerdan las últimas horas de Dani Jarque: "Te tomas un café y ya verás como se te pasa"

En la biografía del que por entonces era su entrenador.

EFE
Dani Jarque.

Mauricio Pochettino, el que era entrenador del Espanyol en 2009 cuando murió el futbolista Dani Jarque, ha publicado una biografía en la que relata cómo vivió las horas previas al fallecimiento del futbolista a los 26 años.

Jarque murió de manera súbita debido a una asistolia mientras estaba en el hotel de concentración de su equipo en Florencia durante la pretemporada. El jugador estaba en ese momento hablando por teléfono con su novia, que se encontraba en la recta final de su embarazo.

"Después de comer les dije a los jugadores que podían ir a dormir un rato la siesta y después dar una vuelta por Florencia. Dani pasó por mi lado y se dirigió al médico, que estaba frente a mí: 'Doctor, ¿me das una aspirina o un paracetamol, que me duele un poco la cabeza?', relata Pochettino en sus memorias.

Yo salté: 'Date una vuelta por Florencia, te tomas un café y ya verás como se te pasa'. Pero me dijo que no, que se quedaba a descansar porque estaba cansado. Esas fueron las últimas palabras que escuché de él", continúa.

En entrenador relata que estando en una plaza de la ciudad italiana le llamó Iván de la Peña, otro futbolista, llorando y pidiéndole que volviese al hotel. "Cuando llegamos los médicos estaban en la habitación tratando de reanimarlo. Durante tres horas. Nunca respondió", cuenta Pochettino.

"Fue durísimo, un drama, un drama colectivo, los médicos haciendo su trabajo y los jugadores alrededor, tirados, llorando, todos agarrándose la cabeza, desencajados... La impotencia que sientes al ver que se te está yendo un chico al que quieres, una persona que es parte de tu vida, al que acababa de dar la capitanía, que me recordaba tanto a mí... y no poder hacer nada. Se fue. La frustración es tremenda", cuenta.

"El silencio en el avión de vuelta de Florencia ese mismo día dolía muy dentro. Era ensordecedor. Había que seguir, proteger al grupo, unirlo. Debíamos dirigir la energía hacia la recuperación, hacia la confianza. Que la pena fuera un motor. Todas las miradas, las palabras, los gestos cobraban un nuevo significado", finaliza.