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16/11/2018 07:58 CET | Actualizado 16/11/2018 07:58 CET

Santiago Posteguillo: "De 22 euros de una novela, a mí me quedan 90 céntimos"

El ganador del Premio Planeta 2018 por 'Yo, Julia' reconoce ser un privilegiado y lamenta el maltrato que reciben los autores.

©Arduino Vannucchi
Santiago Posteguillo, ganador del Premio Planeta 2018 con la novela 'Yo, Júlia'.

Quiere que sus lectores abranYo, Julia "pensando en leer una novela de romanos" y la cierren "con la sensación de haber leído una novela de una gran mujer".

Son las palabras que utilizaba Santiago Posteguillo (Valencia, 1967) para cerrar la rueda de prensa de presentación de los Premios Planeta 2018, en los que se alzó con el máximo galardón y Ayanta Barilli salió finalista.

La décima novela de este profesor de lengua y literatura en la Universidad Jaume I de Castellón presenta la historia de la emperatriz Julia Domna, una mujer tan extrovertida como hasta ahora desconocida (veremos qué pasa cuando salgan las listas de ventas de estas navidades) y a la que Posteguillo dedica su primera obra sobre una figura femenina. De ella dice que es una especie de Robin Wright en House of cards, "por su capacidad de influir en todo lo que está sucediendo", aunque se resiste a llamarla feminista porque ella nunca hubiese usado esa palabra para definirse a sí misma, asegura a El HuffPost.

Julia Domna es "una mujer sin complejos", segura de sí misma y con las ideas claras. "Cuando el enemigo va, ella ya ha vuelto", sentencia.

Yo, Julia promete ser un superventas, como lo han sido los libros anteriores de Posteguillo y también otros títulos ganadores del Premio Planeta, y es más que probable que le lleve a consolidar la etiqueta de autor best seller, que lleva a gala y de la que no quiere desligarse. Y no hace falta preguntarle el motivo porque rápidamente muestra su indignación al sacar a relucir el maltrato económico que reciben los autores y del que, insiste, se libra gracias a sus miles de lectores y lectoras. Sin duda se entiende por qué le gusta esa situación privilegiada de superventas.

Si ya de por sí vendes, ganando el Planeta vas a ser un abusón...

Sí, pero me voy a tomar el premio como una responsabilidad, en la medida en que mis novelas puedan llegar a más gente. Lo digo en serio.Siempre he procurado enseñar y deleitar, y hacerlo lo mejor posible. En la medida en que mis novelas puedan llegar a más gente, quiero seguir enseñando. Con las novelas históricas puedes enseñar, pero que sean entretenidas.

Siempre he procurado enseñar y deleitar, y hacerlo lo mejor posible.

Si tuvieses que elegir entre que un libro que enseñe o que deleite, ¿con qué te quedas?

Que deleite, es más importante. Pero creo que es una decisión que no hay que tomar. Esa dicotomía no es necesaria. Van de la mano. Pero si me lo planteas con un revólver y tengo que decidir, te digo: "Que deleite". Yo hago literatura de entretenimiento, con mucho orgullo. Creo que lo han hecho grandes autores y que han llenado grandes teatros, como Shakespeare o Lope de Vega, queriendo entretener a la gente. No me comparo pero explico el concepto. Es lo que querían. Lo que pasa es que Shakespeare te enseñaba psicología humana a capazos. Y Lope de Vega sobre las relaciones interpersonales también nos ensañaba un montón, pero creo que lo que ellos querían era entretener. Y yo quiero que mis novelas entretengan, pero pienso que cierta parte didáctica puede acompañar a ese entretenimiento.

¿Ya sabes qué vas a hacer con el premio [601.000 euros]?

Con la parte económica, le pagaré 300.000 euros a Hacienda. Le daré 100.000 euros a mi agencia literaria. Y con lo que me queda, pues procuraré administrarlo de forma inteligente.

Así como lo explicas, no parece que se gane mucho escribiendo.

Cuesta mucho vivir de la literatura. En mi primera novela me dijo 'no' todo el mundo. Y escribí novelas que no me publicaron. Luego volví a escribir y conseguí publicar una por la cual me dieron 600 euros. He pasado por todo el proceso y comprendo muy bien lo complejo que resulta. Por eso intento comprender el privilegio que es, el privilegio en el que actualmente me encuentro. Pero sí que pienso que España como país a través de sus gobernantes es hostil hacia el creador. Y a mí no me preocupa demasiado pero sí a ese escritor que no vende a lo mejor tanto pero que se va a jubilar y no puede compatibilizar su pensión con unos derechos de autor si son superiores a 8.999 euros al año. Por ley tengo que elegir, o tiene que elegir, el escritor o escritora que se jubila si coge la pensión o los derechos de autor. No lo entiendo. Si tú puedes compatibilizar cualquier otro recurso económico que tengas, ¿por qué esa injusticia hacia el creador o creadora? ¿Tanto miedo damos los escritores? ¿Tanto molesta que seamos independientes? Todos los partidos políticos no hacen más que decir que esto se va a arreglar. Yo era pequeño y ya lo decían, pero hoy sigue habiendo hostilidad por parte de unos y otros hacia el creador, hacia el artista.

España es un país hostil para el creador.

Lo que buscan es que no se escriba. Lo digo así de claro. Lo puedes leer en El séptimo círculo del infierno, si quieres te lees el epílogo, es una página. Digo que nosotros promovemos la revolución de la inteligencia y lo último que quieren los que nos gobiernan es que la gente sea inteligente. Llámame paranoico pero es lo que pienso. Hoy no se queman libros en la plaza pública, queda feo, pero se elimina en los presupuestos. Lo primero que cae son la compra de libros para las bibliotecas públicas. En Alemania, que siempre nos ponen de modelo, se subvenciona no sólo la compra de libros de texto, sino la compra de novelas. Y en Francia, que también ponen como modelo, se subvencionan los alquileres en las librerías, mientras que yo tengo que ver cómo libreros en Valencia tienen que cerrar porque no pueden competir con grandes cadenas de supermercados y con cadenas de ropa a la hora de pagar un alquiler céntrico en una ciudad. Pongamos de ejemplo a Francia y Alemania para todo. No sólo para lo que los gobernantes quieren y cuando les interesa.

Y luego está lo que cobran los autores por cada libro que venden, ¿no?

Claro. De 22 euros de una novela, me llevo 2, de los cuales 1 es para Hacienda y 10 céntimos para mi agente, muy trabajados y muy merecidos. Y a mí me quedan 90 céntimos por novela. Evidentemente yo puedo vivir de la literatura, sí, porque los lectores y las lectoras son enormemente generosos conmigo y compran muchísimos de mis libros. Pero el porcentaje que le queda al escritor... Y luego hay una cuestión de tratamiento fiscal. La propiedad intelectual es la única propiedad que revierte a la sociedad gratis, que se nacionaliza a los 75 años. A los 75 años (de mi muerte), quiera o no quiera mi familia, todas mis obras son un bien público. No lo cuestiono. Pero si tú tienes una vivienda, la vivienda puede pasar de padres a hijos durante generaciones. ¿No habría que tener en cuenta que la creación literaria, artística en general, al final revierte a la sociedad? ¿No merecería eso un tipo de tratamiento diferente para el creador y su familia? Igual que el tratamiento de posesión es diferente, otros tratamientos igual deberían ser diferentes. Pero bueno, yo estoy en una comodísima situación, y lo digo más pensando en aquellos escritores que ganan algo de dinero pero que no pueden vivir de su obra, que como complemento les va bien. Lo que no me gusta es cuando les obligas a una cosa o la otra, desincentivas la creación.

La propiedad intelectual es la única propiedad que revierte a la sociedad gratis, que se nacionaliza a los 75 años.

En la presentación Ayanta hablaba de que su padre [Fernando Sánchez Dragó] le decía "escribe, escribe, escribe" cuando le pedía consejo para seguir con Un mar violeta oscuro. ¿Es un gusto poder liberarse con la literatura?

Creo que la persona que tenga cierta destreza artística o pericia artística en cualquiera de las artes clásicas, es algo que si tiene la oportunidad de desarrollarlo y dedicarle tiempo es muy afortunado. En ese sentido considero que estoy en una situación muy agradable. Además, fíjate, que tengo un doble privilegio. Por las tardes tengo literatura y por las mañanas en la Universidad imparto literatura, explico a los grandes clásicos. Entonces vivo la creación literaria desde las dos caras de la misma moneda. Explico los grandes autores y después intento modestamente emularlos. Es un complemento perfecto.

Hablemos de Yo, Julia. ¿Era una feminista en un mundo en el que el feminismo como concepto no existía?

El feminismo no existía y por eso nunca la definiría como una feminista, porque ella nunca se conceptualizaría así. Era una mujer sin complejos que consideraba que el hecho de ser mujer no la incapacitaba para conseguir cualquier objetivo que pudiera plantearse un hombre. Un hombre de su entorno podía plantearse ir contra el Imperio Romano, ella se planteaba que también podía hacer lo mismo. Y, al ser inteligente y sin complejos, consigue sus objetivos, aunque arriesga mucho. Lo arriesga todo.

Y casi 20 siglos después no estamos muchísimo mejor que ella. Las mujeres tenemos que seguir arriesgando más que los hombres.

Sí, eso es lo correcto. En Roma, la mujer libre estaba mejor de lo que se decía, o de lo que se pensaba. La esclava es otra cosa. Pero la mujer libre podía abortar, podía divorciarse o podía incluso tener el control de una fortuna heredada de su familia. Eso en la Edad Media lo pierde y no se recupera hasta mediados del siglo XX. Y en España, bien sabrás, que no puede abrir una cuenta de banco hasta que muere Franco. Pero sí que pienso que en los últimos decenios ha habido un avance significativo en la consecución de derechos. Lo que nos falta es implementar que lo que se dice sea realmente, aún hay mucho que avanzar. Sí que creo que en el mundo occidental la mujer va por un buen camino, aunque aún quedan muchas desigualdades, muchas virulencias, muchas cuestiones que mejorar, y hay que seguir luchando. En ese sentido, yo no inicié esta novela en el momento del Me Too, que me parece muy respetable y muy correcto todo lo que está haciendo, sino que empieza bastante tiempo antes. Lo que pasa es que si tú te pones a reivindicar a mujeres, como las mujeres cada vez se van reivindicando más, al final coincidimos. Y sí, pienso que para construir la igualdad hacia el futuro, que es lo esencial, hay que hacerlo desde detrás, el pasado nos da más base. Así, si alguien se plantea cómo una mujer va a ser presidenta, ¡que sepa que en el Imperio Romano había una señorita que se llamaba Julia Domna que mandaba y mandaba bien y la respetaba todo el mundo, tenía sus enemigos como cualquier político, pero que nadie venga a decir que es novedoso. Otra cosa es que lo hayamos tapado, que lo hayamos ocultado. Pero destapemos, quitemos las sábanas, entonces vamos equilibrando, estamos ayudando desde el pasado a explicar cómo hay que ser más igualitario en el presente y el futuro. Esa es mi idea.

Estamos ayudando desde el pasado a explicar cómo hay que ser más igualitario en el presente y el futuro.

Al final estás aportando un poco a la causa.

Lo intento realmente porque me lo creo. Creo que debemos llegar a ese momento donde todos seamos personas, donde todo este tema ya ni se hable de él. Pero nos llevará un tiempo porque venimos de muy atrás, va a costar recuperar lo que se perdió durante siglos.

Según tengo entendido fue una crítica de una amiga la que te impulsó a escribir sobre una figura femenina

Marina, una compañera de departamento, me dijo que Africanusle había gustado mucho pero que los personajes femeninos no los veía igual de desarrollados que los masculinos y me fastidió porque llevaba razón. Si me critican porque no cuento bien las batallas, les diría que otra cosa no pero sé que la parte bélica (sin querer ser pedante) la cuento de una forma muy entretenida. Cuando me dijo eso me molestó porque era cierto. Ahí me di cuenta de que todas las fuentes son hombres y me di cuenta de que había que reconducirlo. Me ha llevado un tiempo pero intento seguir el test de Bechdel, una autora de cómic norteamericana que tenía un cómic sobre dos mujeres lesbianas en los años 80 en EEUU, que ya era muy controvertido en aquella época. En una ocasión una le dice a otra: 'Oye, ¿por qué no vamos al cine?'. Y la otra le dice: 'No voy al cine si no se cumplen tres puntos: que haya personajes femeninos con nombre, que esos personajes femeninos con nombre en algún momento hablen a solas entre ellos, y que sea de algo que no sea hombres'. Yo quiero que mis novelas superen ese test, que es controvertido...

¿Y a partir de la crítica de Marina nació Yo, Julia?

Fue progresivo. Me puse a indagar sobre las mujeres, y entonces fui avanzando. En mis novelas de Escipión van apareciendo más personajes femeninos, en las de Trajano aparecen gladiadoras, guerreras, la Emperatriz de China... Me voy soltando y llegó un momento en que pensé: '¿No habrá un personaje femenino que a mí me cautive?' Entonces di con Julia, una magnifica biografía escrita por una mujer, Barbara Ludwig, de la Universidad de Oxford, que empieza diciendo: 'No entiendo cómo no hay ni novelas ni películas sobre Julia Domna'. Entonces dije: 'La película no depende de mí, pero la novela ya está'. Lleva toda la razón.

Y hay alguna mujer de la Roma Clásica que esté todavía en el armario y que podamos descubrir gracias a Santiago Posteguillo.

Sí, pero no sé si decírtelo. Hay personajes de los que hemos perdido todo. Sólo nos queda el nombre. Hay una poetisa de la época clásica romana, que por las referencias de otros hombres, decían que era una poetisa magnífica. No nos queda ningún poema.

La estás investigando, supongo.

Sí. Y no hay nada. Toda su obra se ha perdido, pero sabemos que existió. ¿A que podría ser un buen personaje de una novela?

Escribir sobre una mujer no es diferente, pero documentarse sí lo es.

Y escribir sobre ella o sobre Julia Domna, ¿es diferente a hacerlo sobre hombres?

No debe serlo, pero lo es por la documentación. La diferencia está en que hay menos documentación histórica sobre mujeres que sobre hombres, aunque escritoras, escritores, historiadores e historiadoras ya están reenquilibrando. A fecha de hoy es más complejo reunir la documentación sobre una mujer, pero desde el punto de vista de un escritor no es distinto. Porque un escritor trabaja desde la empatía. Yo escribo de primera línea de combate y no lo he estado nunca, pero tengo que tener la capacidad empática de poder ponerme en la mente de un soldado en primera línea de combate o en la mente de una mujer. Como escritor no es diferente, como documentalista, sí lo es.

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