POLÍTICA
22/11/2018 12:02 CET | Actualizado 22/11/2018 12:29 CET

La demoledora crítica de Gabilondo a los políticos españoles que da mucho que pensar tras la expulsión de Rufián

"Por culpa de los curas, mucha gente perdió la fe en Dios. Por culpa de los políticos..."

CADENA SER
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Demoledor. El periodista Iñaki Gabilondo ha planteado una contundente crítica contra los políticos españoles, "una generación especialmente inconsistente e inmadura" posiblemente "encanallada" por el "filibusterismo" de las redes sociales, que han llevado a que el "gamberrismo altamente agresivo" haya invadido la vida pública.

El comentario de Gabilondo —titulado Botellón parlamentario, en la Cadena Ser— se justifica tras la expulsión este miércoles del diputado de ERC Gabriel Rufián de la sesión de control en el Congreso, tras una bronca sin precedentes con el ministro de Exteriores, Josep Borrell.

"Por culpa de los curas, mucha gente perdió la fe en Dios. Por culpa de los políticos, mucha gente está perdiendo la fe en la democracia", ha sentenciado Gabilondo, quien ha comparado la "pomposamente llamada sede de la soberanía popular" con "un gigantesco botellón".

"Por higiene, y para alejarles de las malas compañías, hay que mantener a los niños a prudente distancia de la información parlamentaria, pues la pomposamente llamada sede de la soberanía popular semeja un gigantesco botellón donde todo el trabajo que allí se hace queda sepultado por la bronca, la furia y los exabruptos de unos pocos, unos pocos, pero jaleados por unos muchos", ha reflexionado Gabilondo, quien no tiene duda de que "en una empresa serían despedidos, en una casa decente se les cerraría la puerta, en la calle se les llamaría a los guardias. Y sin embargo en el hemiciclo no pierden nada".

"Al contrario, ganan protagonismo, titulares y notoriedad", ha concluido.

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No sé si es que ha coincidido una generación de políticos especialmente inconsistente e inmadura o es que el filibusterismo de las redes sociales, donde tantas cosas se encanallan, se propaga imparable por nuestra sociedad. Pero el hecho es que un gamberrismo altamente agresivo ha invadido nuestra vida pública.

Por higiene, y para alejarles de las malas compañías, hay que mantener a los niños a prudente distancia de la información parlamentaria, pues la pomposamente llamada sede de la soberanía popular semeja un gigantesco botellón donde todo el trabajo que allí se hace queda sepultado por la bronca, la furia y los exabruptos de unos pocos, unos pocos, pero jaleados por unos muchos. En una empresa serían despedidos, en una casa decente se les cerraría la puerta, en la calle se les llamaría a los guardias. Y sin embargo en el hemiciclo no pierden nada. Al contrario, ganan protagonismo, titulares y notoriedad.

Ver a un tipo como Rufián insultando a Borrell, que es un señor político y un político señor, es indignante. Para abordar un problema de la importancia del catalán a voz en cuello -fascistas, golpistas-, como hacen Rufián o el Partido Popular, nos bastarían unos cuantos bocazas, una barra de bar, alcohol en abundancia y media docena de borrachuzos para hacer coro. No tendríamos necesidad de abrir el Congreso, con lo que eso cuesta. Por culpa de los curas, mucha gente perdió la fe en Dios. Por culpa de los políticos, mucha gente está perdiendo la fe en la democracia.