POLÍTICA
30/11/2018 22:32 CET | Actualizado 30/11/2018 23:20 CET

Vótame, me dijiste vótame

Cómo se vive el cierre de la campaña andaluza desde el mitin final de Susana Díaz.

REUTERS
Susana Díaz en el cierre de campaña en Sevilla.

Viernes noche, norte de Sevilla, banderas del PSOE blancas y verdes. Se acabó la campaña. La suerte ya está echada. Los políticos ya no pueden hacer nada más. Voces roncas y promesas repartidas a lo largo de ocho días. Y a Susana Díaz le toca esperar, aunque llega como la gran favorita para el 2-D.

Pero esta noche tocaba el último gran acto. Ella como auténtica protagonista (Pedro Sánchez está en Buenos Aires en la reunión del G-20). La escenificación final del poderío del PSOE-A en unas elecciones trascendentales más allá de Despeñaperros. Con la presión en la sombra de una suma alternativa de la derecha y de no ser la primera socialista del sur que pierda la Junta de Andalucía.

¿Y qué se ve un acto del PSOE andaluz? ¿Qué se dice para seguir manteniendo el Palacio de San Telmo casi cuarenta años después? ¿Qué se aplaude? ¿Cómo es esta pequeña clase de sociología socialista de dos horas?

PSOE ANDALUCÍA
Mitin de cierre de campaña de Susana Díaz en Sevilla.

Díaz tenía claro que quería un acto en en un barrio obrero. El lugar elegido: el centro deportivo de Pino Montano. Cinco, cuatro, tres, dos, uno... Un cronómetro con cuenta atrás calienta la salida de los titulares. Y al cero estallan los aplausos. ¡Banderas a ondear! Y con ritmo, que estamos en Sevilla: con versión rumbera del himno del PSOE. Nada de plástico, las enseñas socialistas del sur son de tela.

Eso sí, nada ya de llenar el velódromo de Dos Hermanas. El primero en hablar, el alcalde de la ciudad, Juan Espadas, que levantaba el primer aplauso dando la cifra de 3.000 asistentes. Y presume de que ningún mitin en Andalucía ha logrado esa cifra. Contando, claro, los cargos del partido y de la Junta que hoy iban de sport de campaña. Mucho jersey verde y chaquetas rojas.

Díaz mira desde la primera fila, arropada por la presidenta del PSOE y vicepresidenta segunda del Congreso, Micaela Navarro, y la secretaria general del PSOE sevillano, Verónica Pérez -a la que siempre le acompañará el latiguillo de la "máxima autoridad", que literalmente dijo la "única autoridad"-.

El "dique" contra la extrema derecha

A Díaz le gusta mitinear, se nota. Criada en las Juventudes Socialistas, da siempre máxima importancia a estos actos -ha tenido hasta cinco y seis por día en esta campaña-. Solo hay que ver la cara de algunos de sus colaboradores (que esperan la jornada de reflexión como si fuera el balnerario de Baden Baden).

"¿Van a dejar los andaluces su decisión en las manos de Rivera, Casado y de la extrema derecha?"

La primera confesión: se lanzaría a otros quince días de campaña. Y ya al relato que levanta los aplausos (la defensa de Andalucía) y el que aterra a sus votantes (la irrupción de la extrema derecha de VOX). Por eso, pide el voto para que no se decida el futuro de la comunidad en "despachos de Madrid" y apela a todas las personas de izquierdas para convertirse en el "dique de contención de la derecha y de la extrema derecha", que quieren llevar a España "a etapas que superamos en la historia".

Y es que entre los políticos andaluces se comenta -como hacían algunos antes del mitin- que VOX está llenando, reuniendo a más gente en algunos puntos que los otros partidos y nadie se atreve a pronosticar un número de escaños.

"¿Van a dejar los andaluces su decisión en las manos de Rivera, Casado y de la extrema derecha?", decía Díaz, que remarcaba que precisamente ese partido ultra es homófobo, machista y justifica la violencia contra las mujeres. "Después de mucho tiempo vuelve a aparecer la extrema derecha", subraya, para reivindicar que Andalucía es una tierra con "memoria" y no quiere que los niños tengan que pasar lo mismo que sus abuelos.

Y apela directamente a las mujeres y a los jóvenes en esa cruzada contra la derecha: "la tienen que parar". Un discurso contra ese "tridente de la derecha más reaccionaria, más extrema de la ultraderecha". Consigue la risa del auditorio en este tema apelando a José María Aznar ("el que faltaba para el cuadro").

EFE
Cierre de campaña de Susana Díaz en Sevilla.

"No hay insulto que me haga bajar la cabeza"

Siempre dice que hace una campaña en positivo y que a ella le han llamado "rata, chusma y portera". "Vengo de un barrio obrero y de una familia de trabajadores, de la que me siento tremendamente orgullosa. No hay insulto que me haga bajar la cabeza", ilustra ante un público con cargos socialistas pero también obreros en las filas de atrás. Principalmente mayores.

Pero sí se refiere a sus rivales conforme se calienta el mitin al fin. Juanma Moreno es el "de la vaca", Pablo Casado lleva "quince días de residente" y Teresa Rodríguez es la que promete el doble de lo que tiene: "brillante", dice irónicamente.

Una campaña con acento andaluz, como le gusta repetir a la presidenta. Esa es la clave con la que juega la maquinaria de San Vicente: los temas propios son los que más importan al electorado -a tenor del CIS-.

Más Andalucía, más Susana, vende en todos los carteles y anuncios. Todo lo contrario a la estrategia de PP y Cs, cuyos líderes nacionales han desembarcado durante estos quince días y han eclipsado a sus candidatos regionales. Parece que Albert Rivera y Pablo Casado quieran un asiento en el Hospital de las Cinco Llagas.

Díaz lo ha explotado también en su mitin final: "Somos la tierra de Lorca, Machado, María Galiana, Banderas". Y saca la figura del poeta granadino para reivindicar que el "acento andaluz es universal".

La defensa del sentimiento andaluz es uno de los grandes fuertes del PSOE. Díaz sabe hacerlo: "No me voy a callar ante los insultos a nuestros niños y niñas, a nuestra historia, a nuestro arte, a nuestra cultura, a nuestro emprendimiento, a la Andalucía blanca y verde en igualdad".

Además, buena parte del discurso se centra en los servicios sociales y en las políticas de la Junta. Ella está "feliz" porque, en su opinión, hoy la comunidad está mejor que hace cinco años y dentro de otros cinco todavía más. Los socialistas, enfatiza entre aplausos, no tiene que agachar la cabeza. Llega entonces el momento emotivo de hablar de su padre, que está entre el público y que un día le dijo que si se metía en política, no tuviera que agachar la cabeza por algo que ella hiciera.

REUTERS
Susana Díaz en el cierre de campaña en Sevilla.

Una vida política (y orgullosa) al ritmo de Cano y Carrasco

"La política es mi vocación, mi alma, mi vida", dice en tono fuerte. Ha nacido para esto. Cita el nombre de muchos asistentes, habla de sus historias, de lo que le han pedido. Siempre defendiendo una educación, una sanidad y unos servicios sociales cien por cien públicos. Esto cala entre los asistentes. Que antes en el precalentamiento habían escuchado a Carlos Cano: "De Ronda vengo..."

También la siguen en primera fila dos ministros andaluces, María Jesús Montero (Hacienda) y Luis Planas (Agricultura). Por cierto este último se presentó en unas primarias hace cinco años contra ella. A Pedro Sánchez lo nombra dos veces y tiene buenas palabras, especialmente, para la subida del salario mínimo.

En las primeras filas están también figuras claves del 'susanismo' como Juan Cornejo, Mario Jiménez, Miguel Ángel Vázquez y Javier Fernández. Además, de histórico dirigentes como Amparo Rubiales, un icono de la lucha por la igualdad. "Andalucía vota lo que quiere, lo que le da la gana", exclama Díaz. En clave feminista vuelve a declararse "abolicionista" en materia de prostitución y dice si a los hombres en los trabajos les preguntan si van a dejar embarazada a alguna chica.

Casi una hora sobre el estrado, con el pertinente fondo de personas que no falta en la política española (y mundial). De blanco, pero al principio del acto con chaqueta roja de cuero. PSOE estilístico.

Una noche de emociones en el socialismo andaluz. Todos se han puesto en pie cuando Verónica Pérez ha recordado a dos dirigentes fallecidos: Pedro Zerolo y Carme Chacón. La madre de la exministra de Defensa, Esther Piqueras, estaba en el acto y todos han querido aplaudir la figura de la barcelonesa, muy querida en el sur.

Todos quieren una foto con Díaz al final. Se va vaciando el polideportivo. Se llevan de recuerdo las banderas, se amontonan las sillas blancas de plástico. Sigue sonando la versión rumbera del himno. Y Díaz solo tiene ya una obsesión confesa: "A ganar por mucho".

Bonus track: Ponen a Manuel Carrasco a tope cuando apenas ya queda algún dirigente y los periodistas tecleando con sus versos "el acento es mi ADN, una nación de cuna, que mi madre me cantaba a la luz de la luna".