POLÍTICA
02/12/2018 23:50 CET | Actualizado 03/12/2018 08:00 CET

En el cuartel general de Díaz: la noche negra en la que se hundió el PSOE andaluz

Lágrimas, estupor e impacto en el día más "triste" del socialismo del sur

EFE
Susana Díaz.

Lágrimas, shock, impacto. En el Meliá Sevilla se hizo historia negra del PSOE. Por primera vez y 37 años después, el PSOE perdió (previsiblemente) el Gobierno de Andalucía. El gran símbolo del poder socialista, la comunidad que siempre había votado rojo. El Palacio de San Telmo, en el precipicio. Y, encima, se estrenó con mucha fuerza la extrema derecha, Vox, en un Parlamento autonómico. Pero Susana Díaz no se da del todo por vencida (o no quiere verlo).

El PSOE ha sido el partido más votado, pero las derechas suman más escaños que los socialistas junto a Adelante Andalucía. Algo nunca visto (en 2012 ganó Javier Arenas pero José Antonio Griñán sumó con Izquierda Unida). Y todo con Susana Díaz como líder, el mirlo blanco que apareció hace cinco años, con fama de imbatible y que hoy representa la 'hostia' (como diría Rita Barbera) más dura de la historia del PSOE andaluz.

Díaz siempre se fió de su instinto y falló en las dos citas más importantes de su vida: las primarias del PSOE el pasado año y en las urnas con Andalucía este 2-D. Adelantó las elecciones prometiendo una mayoría amplia. Cuando se publicaron los primeros resultados, nadie podía creerlo ni procesarlo. Ni Díaz ni su entorno. Sus colaboradores más cercanos decían: "Brutal, es inimaginable, impactados". Estas eran las sensaciones que dominaban en las dependencias.

La aspirante socialista había entrado al principio de la noche sin que nadie la viera. Estaba optimista a lo largo del día, pero desde todas las provincias llegaban muy malas señales. "Yo ya lo noté en un mercadillo hace unos días", decía una persona del PSOE andaluz. Y muchos alcaldes advertían a lo largo del día que en sus pueblos se estaban cogiendo muchas papeletas de VOX en pueblos del interior -el gran bastión del PSOE-. Y los grandes barrios obreros daban la espalda con baja participación, precisamente a su partido de toda la vida y a Díaz, la que siempre se presentó como de la casta de los fontaneros.

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Susana Díaz, tras la derrota.

La sonrisa de los carteles que decoraba la salas del Meliá bajo el lema Más Susana se congelaba. Sobre las once de la noche daba la cara la presidenta, visiblemente afectada. En la sala había hasta rumores de dimisión. Pero ella ha querido tirar para adelante diciendo que va a llamar a todos los grupos para intentar frenar a la extrema derecha y hacer un cordón sanitario contra VOX. Apenas cinco minutos de comparecencia, sin preguntas. Sus rivales habían hablado antes y ya hablan de que hay una suma de diputados posibles para ese cambio. Verde andaluz tristón en la camisa.

Como aquella noche en la que ella creía que ganaba las primarias y luego recibía un golpe brutal. Pero esta vez es más profundo, el de la tierra socialista. Sus peores resultados. Ella ha vuelto a sacar ese rostro rocoso, el mismo que muchos dicen que la ha llevado a caer mal en muchos sectores, a ser rechazada esa ambición de poder.

La bajada al infierno

Muchas lágrimas. Díaz ha bajado con una veintena de altos cargos del PSOE-A y un centenar de amigos y simpatizantes. Como una bajada al infierno, la planta menos dos del Meliá Sevilla. La aplaudían, pero sonaba a canción triste, casi de despedida. Ella sigue en sus trece y nada de apartarse. Pero su rostro lo decía todo. "Es una noche triste", reconocía.

No hacían falta palabras, la cara de Juan Cornejo era una radiografía del PSOE-A. El 'número dos' del partido en el sur, el gran secretario de organización, derrotado, con los ojos vidriosos, destrozado interiormente. A su vera algunos de los tótems del PSOE en Sevilla como Verónica Pérez, Micaela Navarro, Mario Jiménez, María Jesús Serrano, Juan Espadas y Máximo Díaz-Cano, entre otros. Le han hecho luego un pasillo, y algunos le han gritado "pa'lante". Y en mitad se ha cruzado con su vicepresidente, Manuel Jiménez Barrios ('Chiqui'), que la ha abrazado. Pero, rápido, que no querían escenas ante los decenas de periodistas.

En una esquina estaba el delegado del Gobierno, Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, el hombre que se ha enfrentado a ella internamente durante años y la mano derecha en el sur de Pedro Sánchez. Pero la derrota de Díaz también afecta a Ferraz, que lleva días diciendo en privado que no entendía la campaña que había hecho la sevillana.

Los cargos que la seguían al final de la noche lloraban, se daban besos y abrazos entre ellos. Es el momento más duro del PSOE andaluz en su historia reciente. Casi cuarenta años como una maquinaria electoral perfecta, amasando poder, siendo el corazón del socialismo español. Hoy la noche más triste, la noche más negra, el día que perdió su hegemonía. El corazón que a Triana va, nunca volverá.

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