TENDENCIAS
06/12/2018 10:35 CET | Actualizado 06/12/2018 10:35 CET

Ayanta Barilli: "Escribir es una bendición y es una maldición al tiempo"

La hija de Sánchez Dragó, finalista del Planeta con 'Un mar violeta oscuro', desliga su libro del movimiento feminista y habla de los consejos de su padre.

Ayanta Barilli, finalista del Planeta 2018 con 'Un mar violento oscuro'.
©Arduino Vannucchi
Ayanta Barilli, finalista del Planeta 2018 con 'Un mar violento oscuro'.

Llegar y besar el santo es lo que hizo Ayanta Barilli (Roma, 1969) con Un mar violeta oscuro (Editorial Planeta). La primera novela de la italiana le ha valido el reconocimiento como finalista del Premio Planeta 2018.

En su caso el galardón parece un asunto de familia. Hija del escritor Fernando Sánchez Dragó (ganador en 1992 con La prueba del laberinto y finalista en 1990 con El camino del corazón), no le da vergüenza reconocer que siempre soñó con vivir una noche como la del pasado 15 de octubre. "Ten en cuenta que soy hija de finalista y ganador. Para mí la editorial Planeta y el premio han sido algo que han conformado los recuerdos más fuertes de mi infancia, adolescencia y juventud", apunta a El HuffPost, antes de confesar que ganar este premio era "como uno de esos sueños que tienes cuando estás en la cama y no consigues dormir y te imaginas en una tesitura". Su tesitura era el Planeta.

Cuando se llama a los sueños con fuerza y uno trabaja, porque esto ha sido a base de trabajar y mucha disciplina, se consiguen cosas.

Aunque se apresura a aclarar que no tiene la autoestima tan alta, sí reconoce que ha jugado con este tema. "En los últimos años, cada vez que me retiraba a mi cuarto a escribir le decía a mis hijos y a mi marido: 'Me voy a escribir el Planeta", confiesa. Y añade un aprendizaje: "Cuando se llama a los sueños con fuerza y uno trabaja, porque esto ha sido a base de trabajar y mucha disciplina, se consiguen cosas".

Editorial Planeta
Un mar violeta oscuro, de Ayanta Barilli.

La historia de Un mar violenta oscura, en la que estuvo inmersa durante cinco años de trabajo, es la historia de su familia materna: de su bisabuela Elvira hasta ella, pasando por su abuela Ángela y su madre Caterina.

Barilli quiso ahondar en ella cuando al morir su abuela descubrió que no podía dar el nombre de su bisabuelo, al que siempre había conocido como Belcebú. En ese momento se dio cuenta de que había muchas cosas de su familia que desconocía y ese fue el punto de partida de su libro, en el que ahonda en la historia de su familia para romper con los tres estigmas que les persiguen generación tras generación: el cáncer, las relaciones problemáticas con los hombres y ser mujeres que sufren por vivir adelantadas a su tiempo.

"Es un trabajo que nace de una crisis personal en la que necesito saber por qué actúo así. Necesito saber qué es lo que me dictan determinados patrones de comportamiento, buenos y malos. En esas empiezo a tirar del hilo de un pasado, para entenderme mejor, y al final me parece un ejercicio literario interesante. No sólo para mí, que no soy la misma que cuando empecé a escribir esta novela, porque se te remapea el cerebro, sino también para los lectores porque es un ejercicio saludable que cualquiera puede emprender sin necesidad de escribir un libro. Está ahí, en nuestras casas, en nuestros mayores, en los álbumes que tenemos guardados. Sólo hay que mirarlo con atención", continúa.

¿Te ha ayudado conocer la historia de tu familia para saber en que tienes que cambiar la tuya?

Para entender de dónde vengo, para saber por qué soy cómo soy. Para entenderme a mí misma.

¿Y dirías que todos deberíamos hacer este ejercicio?

No soy quien para decir eso, pero creo que en cierta manera ya se hace. El niño que se pone con un álbum de fotografía en el regazo y se está buscando a sí mismo en esos rostros, en esas estampas de personas que han desaparecido pero que tienen sus mismos ojos, su misma expresión...

Los problemas familiares que se repiten, las cicatrices, se pueden sanar.

Un mar violeta oscuro, con el que Barilli ha aprendido que "los problemas familiares que se repiten, las cicatrices, se pueden sanar", es para su padre una especie de Cien años de soledad de Gabriel García Márquez y así lo ha dicho en numerosas ocasiones. "Llevo varios diciéndole: 'Padre, no digas eso'. Cien años de soledad es una de las grandes novelas del siglo XX' y son comparaciones que me hacen sonrojar. Pero es un padre y tiene derecho a expresar su amor como quiera", aclara la autora.

¿Le enseñaste el libro según avanzabas en la escritura o se lo diste al terminar y le dijiste: "He hecho esto"?

La única persona a la que enseñé la novela fue mi marido que hizo de editor, pero a mi padre jamás. Ten en cuenta que era el peor de los críticos. En ese sentido, a partir de mi padre, todo lo que se diga, bueno o malo, me parecerá estupendo. Cuando le di la novela estaba completamente terminada, a falta de la última edición con la editorial. Se la di con la sensación de entregarle un trabajo hecho. Me parecía que cualquier opinión que me pudiese dar con la novela a medio hacer me iba a trastornar, no me iba a permitir continuar libremente. Así que se la di terminada, antes de empezar el periplo de buscar editorial y apuntarme al premio. Pasé unos días muy difíciles esperando a que la leyera. Estaba de vacaciones en Italia, se la envié por correo electrónico, y tardó tres días en leerla. Estuve tres días totalmente devastada, era muy importante su juicio. Además todos sabemos que mi padre es una persona que no se calla. Y si algo le gusta te lo va a decir, y si no le gusta también te lo va a decir. Formes parte de la familia o no. Sabía que su opinión iba a ser la real.

Cuando mi padre terminó de leer el libro me envió un correo largo y estuve llorando varios días.

Pero eso es bueno, ¿no?

Claro, es lo mejor pero también aterrador, porque sino no tiene ninguna validez. Pero bueno, cuando terminó de leerla me envió un correo largo y estuve llorando varios días.

Mientras escribías y le pedías ayuda, su único consejo era "escribe, escribe, escribe". ¿Es un privilegio poder escribir?

Escribir es una bendición y es una maldición al tiempo, es algo que es apasionante. Uno escribe porque siente esa necesidad, es algo que parte de dentro y va hacia fuera. No se puede evitar. Pero es una maldición porque es un proceso que está lleno de todo tipo de zozobras psicológicas, inseguridades, de decir a dónde estoy yendo y también es un trabajo muy solitario, en el que muchas veces no tienes agarraderas, no tienes referencias, más que tú misma y tu propio pensamiento. Ese "escribe, escribe, escribe" de mi padre ha sido un mantra que me ha acompañado durante toda mi infancia porque él, antes que yo, creyó que podía ser escritora. Eso pasa con los padres, que al final tienen un conocimiento tan profundo y tan íntimo de sus hijos que son capaces de ver lo que va a hacer.

Un mar violeta oscuro es tu primer libro, es en cierto modo autobiográfico, te has llevado un premio... ¿no te da miedo enfrentarte ahora al futuro literario?

Da vértigo y también es una puerta extraordinaria. Voy a intentar quitar el vértigo y quedarme con la puerta. Eso significa que empezará la próxima novela en pocos meses, en cuanto la promoción de esta me deje tiempo para empezar una nueva historia.

Ya la tienes en mente...

Sí, sí.

¿Y dejas a tu familia en segundo plano?

No, no. Hay mucho más que rascar.

¿Y por dónde van a ir los tiros?

No te lo voy a decir, pero no por no decírtelo a ti. O no porque no lo sepan los lectores. Es que no lo digo nunca. Me parece que se mata la idea, se mata la inspiración. Además es algo muy frágil. Cuando empecé a escribir esta novela, sabía y no sabía lo que iba a escribir. Un mar violeta oscuro es muy diferente a la novela primigenia.

La mujer todavía está en nuestro imaginario como la que está al fuego de la lumbre contando historias, y esas historias son íntimas, son historias familiares, que pretenden mantener el recuerdo vivo.

Decía Santiago Posteguillo, ganador del Planeta, que hay dos tipos de escribir sobre mujeres, desde el punto de vista exterior y desde el interior. Ahí entraría Un mar violeta oscuro. ¿Por qué se ahonda más en el universo íntimo de las mujeres que de los hombres?

Es un problema cultural. La mujer se ha ligado más a un trabajo íntimo, más emocional, más sentimental, y el hombre se ha ido a hacer guerras. Pero es injustificable, de los hombres se podría escribir del mismo modo y creo que sería recomendable. Hay algunos ejemplos en literatura notables en los que es así, pero la mujer todavía está en nuestro imaginario como la que está al fuego de la lumbre contando historias, y esas historias son íntimas, son historias familiares, que pretenden mantener el recuerdo vivo. Un mar violento oscuro está construida a partir de los recuerdos, de los recuerdos contados por otros, y los recuerdos vividos.

No me gusta que ahora me etiqueten de feminismo. Esto es una historia de hombres y de mujeres, y de las dificultades que se han tenido históricamente para entendernos.

En el libro hablas de que en la época de tu bisabuela no había nada peor para un hombre que creerse inferior a una mujer.

En su época y en la de ahora. Que creerse, digo. No me gusta que ahora me etiqueten de feminismo. No es eso. Esto es una historia de hombres y de mujeres, y de las dificultades que se han tenido históricamente para entendernos y es verdad que en nuestra cultura un hombre que se siente inferior a una mujer le genera agresividad y es un problema, ¿no?

¿Ahora también?

Ahora estamos viviendo una revolución en ese sentido. Aquí, [en España] no estoy hablando de otros lugares del mundo, la mujer está reivindicando un lugar. Y en esas se generan exageraciones, se exacerba un poco todo, pero creo que es una pasaje obligatorio y a veces farragoso para conseguir esa cacareada igualdad que es tan necesaria y además tan divina y tan hermosa para compartir.

La biblioteca de... Ayanta Barilli