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18/12/2018 19:45 CET | Actualizado 18/12/2018 19:51 CET

Doble conmoción para los vecinos de El Campillo (Huelva)

"Los ánimos están mal, nos ha caído todo como un jarro de agua fría, estamos muy doloridos y sin palabras".

Los vecinos de la localidad onubense de El Campillo viven una doble conmoción, ya que a la causada por el crimen de la joven zamorana Laura Luelmo, cuyo cadáver fue encontrado ayer, se ha sumado la detención de un sospechoso, Bernardo Montoya, residente en el pueblo.

Nada ha sido igual para los campilleros desde que el pasado jueves conocieron la desaparición de una joven a la que la mayoría no conocía, de la que contaban que tenía 26 años y acababa de llegar hace unos días porque estaba cubriendo una baja en el instituto de Nerva, un pueblo cercano.

Pese a no conocerla, desde el minuto uno se volcaron en su búsqueda, y buena parte de los vecinos del pueblo, donde viven unas dos mil personas, fueron voluntarios en batidas para intentar encontrarla.

A medida que pasaba el tiempo la preocupación crecía y el miedo a que alguien hubiera podido hacer algo a Laura Luelmo también, pese a ser El Campillo un pueblo "muy tranquilo, en el que todo el mundo se conoce, y la gente vive con las puertas abiertas", comentaban algunos.

Hoy mismo, una de estas vecinas, en el minuto de silencio que se ha guardado a las puertas del Ayuntamiento, contaba que es deportista y que había salido "a correr siempre sola por los alrededores del pueblo, donde hay vías transitables y nunca he sentido inseguridad ni he tenido miedo".

Por eso, la desaparición cogió a todos por sorpresa; sin embargo, en la mente de no pocos, y así se comentaba ya el pasado viernes en la localidad, estaba "el vecino de enfrente" de la casa en la que residía Laura Luelmo en la calle Córdoba.

Alguien "capaz de hacer daño"

Sabían que era Bernardo Montoya, un hombre de unos 50 años, con un hermano gemelo, condenado a 17 años y siete meses de cárcel por haber matado en 1995 a una anciana en Cortegana (Huelva), de donde es natural, y que había llegado al pueblo hace poco más de un mes después de salir de la cárcel y se había instalado en una casa que es de sus padres en El Campillo.

Los rumores en torno a esta persona no han cesado en todo el fin de semana e incluso había quien mantenía que estaba desaparecido desde el mismo día que la chica. Sin embargo, los investigadores ya habían hablado con él y estaba controlado.

Todas esas sospechas, rumores y elucubraciones han tomado cuerpo este mediodía cuando se conocía la noticia de la detención de Montoya, y ese miedo que sentían muchos vecinos porque alguien "capaz de hacerle daño a una chica" estaba suelto se tornaba en una rabia aún mayor.

"Los ánimos están mal, nos ha caído todo como un jarro de agua fría, estamos muy doloridos y sin palabras", comentaba un vecino haciéndose eco del sentir general de los campilleros, que habrían preferido que su pueblo hubiera seguido estando en ese anonimato que mantienen muchas localidades del interior de España y no haber sido conocido por estos hechos.

Viven, por tanto, en este pueblo una conjunción de sentimientos y emociones que confluyen en dolor y en conmoción por saber que en un mismo espacio, con apenas 2.000 habitantes, han podido convivir la víctima y su presunto verdugo.

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