POLÍTICA
21/12/2018 00:31 CET | Actualizado 27/03/2019 15:05 CET

21-D: entre el deshielo institucional y la tensión en la calle

Las movilizaciones convocadas contra el Consejo de Ministros pondrán a prueba la apuesta por el diálogo entre el Gobierno y la Generalitat.

Agencia EFE
Corte de tráfico organizado por los Comités de Defensa de la República (CDR) en la AP-7 a su paso por La Ampolla (Tarragona).

En el plano institucional, deshielo. En la calle, protestas y descontento. La celebración del Consejo de Ministros de este viernes en Barcelona pondrá a prueba las costuras de una relación ya de por sí muy frágil entre la Generalitat y el Gobierno. Las movilizaciones convocadas por todo el territorio anticipan una jornada complicada, con la actuación de los Mossos en el centro de todas las miradas y los partidos de la derecha exigiendo una nueva intervención de la autonomía en Cataluña.

Se cumplen muchas cosas este 21 de diciembre. Es el primer aniversario de las elecciones autonómicas más excepcionales que ha habido en Cataluña, convocadas por Mariano Rajoy en aplicación del artículo 155 de la Constitución. Se acaba también el ultimátum que la ANC fijó al Govern para que presentara una "estrategia unitaria" para avanzar hacia la "República catalana". Es también el día en el que empieza el invierno y acaba, en principio, el llamado "otoño caliente", jaleado sin mucho éxito por el president de la Generalitat, Quim Torra, a principio de curso.

El deshielo entre la Generalitat y el Gobierno es lento, tímido, lleno de desconfianza. Pero existe. Incluso es mucho mayor de lo que se muestra en público. La reunión celebrada el jueves en el Palau de Pedralbes de Barcelona evidenció que la distancia es significativa pero que la voluntad de sentarse a negociar está ahí. A pesar de la batalla comunicativa entre ambos gabinetes –desde el Govern insistían durante el encuentro en que era una minicumbre, desde la Moncloa lo negaban–, tanto Elsa Artadi como Meritxell Batet evitaron reproche alguno y desplegaron un tono conciliador en la rueda de prensa posterior.

Una semana llena de gestos

Durante toda la semana previa a este 21-D, desde el Govern se han realizado gestos que hacen pensar en una voluntad de rebajar las divergencias y suavizar el tono con La Moncloa. De considerar una "provocación" la celebración del Consejo de Ministros en Barcelona, el Govern ha pasado este jueves a insistir en su "predisposición al diálogo".

Más allá de las buenas palabras, desde el independentismo se han realizado dos gestos esta semana que contribuyen a allanar el terreno entre Barcelona y Madrid. El primero ha sido el apoyo del PDeCAT y de ERC al Gobierno para aprobar el techo de gasto en el Congreso. Después de meses de desencuentros tras la moción de censura que desbancó a Mariano Rajoy, los partidos independentistas se han vuelto a alinear con Sánchez en lo que significa un paso previo a la tramitación de los presupuestos generales del Estado.

El segundo gesto que ha contribuido a relajar la tensión en las relaciones ha sido el fin de la huelga de hambre de los políticos catalanes en prisión, después de que cuatro miembros de JxCAT (Jordi Sànchez, Jordi Turull, Josep Rull y Joaquim Forn) mantuvieran entre 17 y 20 días de ayuno en la cárcel de Lledoners.

Una jornada complicada

A pesar de los gestos del Govern, los CDR y la ANC parecen tener una agenda mucho más beligerante. Anticipan un viernes marcado por las movilizaciones y los cortes de carreteras y vías de comunicación que podrían condicionar la predisposición al diálogo mostrada estos días.

Las distintas protestas convocadas, sumadas a un paro de dos horas al mediodía y a la huelga convocada por Renfe, anticipan una jornada con la movilidad muy complicada. La Generalitat ha recomendado evitar los desplazamientos con vehículo privado por todo el área de Barcelona, ante las posibles afectaciones del tráfico.

ANC, Òmnium y los CDR han convocado protestas de todo tipo: desde una marcha lenta de vehículos para colapsar la ciudad hasta varias manifestaciones en los aledaños de la Llotja de Mar, el lugar elegido para la celebración de la reunión, hacia donde los CDR marcharán en varias columnas paralelas.

El tráfico estará cortado en las calles que rodean la Llotja y se prevén cortes de carreteras y de tráfico en vías principales del territorio como la AP-7 y la C-25, así como en las Rondas de Barcelona, los principales aeropuertos y en los límites territoriales de Cataluña. Varias líneas de bus de la capital catalana también se verán afectadas.

Los estudiantes también pretenden manifestarse y la Universitat de Barcelona ha emplazado a sus profesores a no poner actividades obligatorias para ese día. Varios colegios han suspendido o aplazado sus actividades de Navidad para no que no se vean afectadas por las protestas convocadas.

Los Mossos, en el centro de todas las miradas

La actuación de los Mossos d'Esquadra se mirará con lupa, después de que se les acusara de excesiva permisividad durante los cortes de carretera que los CDR efectuaron en el puente de la Constitución. La reunión del Gobierno se celebra, además, en un emplazamiento que la policía catalana consideró poco adecuado para garantizar la seguridad.

Mossos, Guardia Civil y Policía Nacional formarán un operativo conjunto para el que se han desplazado un millar de agentes desde fuera de Cataluña. La intención es blindar el edificio de la Llotja de Mar con más de mil agentes, a los que habrá que sumar otros 3.500 que estarán repartidos por el territorio para proteger infraestructuras como aeropuertos, carreteras y estaciones de tren. Con todo, los Mossos reconocen que muchas de las acciones de los CDR les van a pillar por sorpresa.

Los tres cuerpos policiales compartirán la sala de mando en el Centro de Coordinación Operativa, donde habrá responsables de Mossos, Policía y Guardia Civil al frente del operativo. Según afirmó el jueves el conseller de Interior, Miquel Buch, la policía catalana tiene intención de "garantizar" tanto el derecho de reunión de los ministros como el de manifestación de los independentistas.