POLÍTICA
30/12/2018 08:56 CET | Actualizado 30/12/2018 08:57 CET

Lo que aprendimos políticamente en 2018

Las mociones de censura existen, cuidado con las cremas de hipermercado, la extrema derecha ya está en España...

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Rajoy

La vida política española es un huracán lleno de emociones, nervios, sorpresas, cainismos, pactos, desencuentros, batallas, resurrecciones, abrazos y algún que otro escupitajo. Y este año, que nuestra Constitución cumple cuarenta años -con las manidas expresiones de que está vieja y hay que reformarla-, hemos descubierto por primera vez lo que significa una moción de censura.

Si en 2017 aprendimos lo que era el artículo 155, este año hemos vivido por primera vez una fructífera moción de censura. Empezamos con Mariano Rajoy en La Moncloa y acabamos con Pedro Sánchez. Pues sí, son tiempos nuevos para todos: tenemos al primer presidente surgido con este mecanismo, al primero que no es diputado y que se apoya en un grupo parlamentario que no ganó las elecciones.

Una moción surgida a raíz de la demoledora sentencia de la Audiencia Nacional sobre la primera parte del caso Gürtel: 1.687 páginas, 29 condenados, 351 años de prisión, 194 años de inhabilitaciones, 165 penas, 28 delitos de prevaricación, 26 de blanqueo, 24 de cohecho, 26 de malversación... Y, además, condenaba al PP como partícipe a título lucrativo y lo situaba en mitad de un "sistema de corrupción institucional".

Todo un golpe para el PP, que había hablado de una conspiración contra el partido durante años. Pero ahora la Justicia ratificaba ese pozo de corrupción y, además, ponía en el foco en el entonces presidente, Mariano Rajoy, dudando hasta de su "credibilidad" como testigo durante el juicio. Un 24 de mayo que marcaría desde entonces la vida política española (para los próximos años).

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Sánchez

Pedro y La Moncloa

Y ahí estaba Pedro Sánchez, el hombre que ha robado al mismísmo Rajoy el título del mayor superviviente de la política. Aquel desconocido diputado que llegó a la Secretaría General en el verano de 2014 y que ha muerto y resucitado varias veces en apenas unos años. El protagonista de las dos derrotas más duras del PSOE (en diciembre de 2015 y junio de 2016), el abatido líder durante el Comité Federal del 1 de octubre de hace dos años, el ave fénix que ganó las primarias en el verano del año pasado... habita hoy el Palacio de La Moncloa, gracias al apoyo de Unidos Podemos, Compromís, PNV, ERC, PDeCAT, Bildu y NC.

El 1 de junio lograba los votos que apenas nadie creía que lograría 48 horas antes. Como un buen thriller, hubo que esperar unas horas antes para saber la posición definitiva del PNV, decisivo y que apenas unas semanas antes había garantizado la continuidad de Rajoy hasta 2020 al aprobarle los presupuestos. Pero España es así, y la emoción y la sorpresa embriagó la primavera española con ese giro de guión. Y una imagen para la historia del país: Rajoy saliendo del restaurante Arahy tras horas encerrado mientras se debatía en el Parlamento la moción y con una botella de whisky en su cuerpo y del resto de comensales.

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Consejo de Ministros

La izquierda ha vuelto al Gobierno tras siete años de travesía por el desierto. Y Sánchez trajo consigo un un Ejecutivo lleno de estrellas, el primero con más mujeres que hombres, con un fuerte mensaje europeísta (que no se asustará Bruselas, España no es Italia) y también a los independentistas -con los duros Carmen Calvo y Josep Borrell en la Vicepresidencia y en Exteriores y con la conciliadora Meritxell Batet en Política Territorial-. Un equipo que se presentaba como galáctico, pero que se empezó a apagar rápido con la caída de ministros como Màxim Huerta y Carmen Montón. A partir de ahí tuvo Sánchez que poner una muralla para no dejar caer a otros como Dolores Delgado, Duque o Nadia Calviño -entre 'villarejadas', sociedades inmobiliarias y acciones de Abengoa-.

Una historia de tesis y másters

¡Fuera el tópico de aburrimiento! Este año aprendimos todos lo que eran los programas PlagScan y Turnitin, con los que se comprobaron si había plagio o no en la tesis de Pedro Sánchez. Ha sido otro de los culebrones de estos doce meses en los que descubrimos cómo muchos políticos habían mentido, engañado o recibido favores con sus estudios. Y como máximo exponente: la caída de Cristina Cifuentes, que estaba llamada a lo más alto. Tuvo que abandonar la Puerta del Sol, imputada por el caso de su máster. Todo con una puntilla que nos enseñó lo peor de las cloacas del sistema: el vídeo en el que aparecía robando cremas en un hipermercado en Vallecas frente a la Asamblea.

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Cifuentes

Este 2018 nos ha dejado otra lección: en España existe la extrema derecha y apunta a las instituciones. Ese lado ulTra tiene nombres y apellidos: la Vox de Santiago Abascal. La Península Ibérica era el oasis en Europa donde no existía esta tendencia política. Pues el 2 de diciembre se materializó este fantasma que azota medio mundo, desde Donald Trump en EEUU hasta Bolsonaro en Brasil pasando por Salvini en Italia y Le Pen en Francia. Por primera vez en nuestra historia democrática tiene ya la extrema derecha asientos en un Parlamento autonómico: consiguieron doce escaños en Andalucía con un 10,97% de votos.

El partido ya es una realidad que aparece en todas las encuestas y que presenta postulados como la supresión de las autonomías, la intervención de Cataluña, un discurso duro contra la inmigración y la supresión de la ley de violencia de género. Su irrupción ha supuesto una nueva configuración de la derecha española, que se ve envalentonada y que se prepara para la triple alianza PP-Cs-Vox para desalojar donde pueda a la izquierda en el resto de España. Ante el pavor del fichaje estrella de Cs, Manuel Valls, el candidato paneuropeo en Barcelona.

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Vox

Casado se hace mayor y puede hasta con Santamaría

Más descubrimientos de este año inéditos e históricos: ¡Primarias en el PP! Los populares estrenaron su nuevo sistema de elección de líder tras la dimisión de Mariano Rajoy. Un duelo en el que estaban llamadas a disputarse la gran batalla María Dolores de Cospedal y Soraya Sáenz de Santamaría -las mujeres más poderosas del país en los últimos años y protagonistas del fotón del 2 de mayo-. Y en la que se coló un desacomplejado Pablo Casado, llamado a devolver al PP sus esencias más derechizadas al estilo Esperanza Aguirre y José María Aznar.

Varias enseñanzas nos dejaron esas primarias. La primera: el PP no era ese partido con más militantes de Europa que nos vendieron durante años. Se evidenció que había un censo infladísimo, y sólo se inscribieron a votar poco más del 7% (algo más de 66.000 afiliados). El sistema estaba pensado para que fuera a doble vuelta y con la mente de que hubiera habido un único candidato (Alberto Núñez Feijóo y su espantada). De esas contradicciones de la vida, el PP tumbó en su casa la máxima que llevaba años persiguiendo de "que gobierne el más votado". Sáenz de Santamaría fue la ganadora en la primera ronda, pero luego la tumbó un pacto de perdedores (como dirían en el mismo PP) entre Casado, Cospedal y Margallo.

Con Casado ha vuelto el 'aznarismo' más puro -el propio expresidente pisa de ven en cuando la calle Génova- y se ha encumbrado a Teodoro García Egea como nuevo hombre fuerte del partido en la Secretaría General (además de enterarse todo el país de que es campeón mundial de lanzamiento de hueso de aceituna).

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Casado, Rajoy y Sáenz de Santamaría

El desconocido Torra llega al Palau

Paremos de tanto hablar de la villa y corte madrileña. Barcelona ha vuelto a ser el otro gran plató del show político del año. Este año España se aprendió el nombre de Quim Torra, un desconocido diputado y amigo de Carles Puigdemont, que ahora ocupa el despacho más grande del Palau de la Generalitat. Una Cataluña que vivió hasta junio intervenida por el 155, hasta que se formó nuevo Govern, con políticos de esta añada como Elsa Artadi.

Y en el vocabulario introdujimos CDR, que han sido más protagonistas que los políticos catalanes durante las últimas semanas cortando carreteras e intentando sabotear el polémico Consejo de Ministros celebrado en Barcelona el 21 de diciembre -justo un año después de las elecciones autonómicas-. Todo enquistado por la llamada de Torra, más activista que president, a la vía eslovena -que desencadenó una guerra en los noventa-.

Pero muchas de las miradas en el tema catalán se han desplazado fuera de sus fronteras. Los políticos presos se han convertido en el símbolo de la resistencia independentista y en un gesto de distensión del Gobierno han sido trasladados a cárceles catalanas. Han vivido hasta una huelga de hambre. Y Cataluña también se llenó de lazos amarillos, lo que ha evidenciado el gran problema hoy en la comunidad: la convivencia. Una situación a la que aludió el propio rey Felipe VI durante su discurso de Nochebuena. Todo ello lo observa y jalea desde Waterloo Carles Puigdemont, huido de la Justicia española y que protagonizó otro culebrón político-policial-jurídico con su detención en Alemania durante el mes de marzo.

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Mas y Torra

Y el PSOE perdió Andalucía

De Barcelona a Sevilla. Lo que nunca nadie pensaría es que vería caer al todopoderoso PSOE andaluz -la mayor maquinaria electoral de nuestra historia reciente- en las elecciones del 2 de diciembre. Tras 36 años dominando la Junta de Andalucía, están a punto de perder San Telmo a manos de Juanma Moreno Bonilla (PP), con el apoyo de Ciudadanos y Vox. Susana Díaz, ese mirlo blanco del socialismo que irrumpió como salvadora hace cuatro años, ahora va a llenar con su currículum con las dos pesadillas del socialismo del sur: la derrota en unas primarias del partido y la pérdida del Gobierno andaluz. Para 2019 el PSOE-A promete muchas páginas y portadas.

Desde las sombras, del lado más oscuro, directo de las cloacas llegó el excomisario José Manuel Villarejo. En el poder todos sabían su nombre, y ahora hasta en los programas de corazón se repite varias veces al día. Sus grabaciones son temidas por la élite y, entre otras cosas, hicieron caer a María Dolores de Cospedal. Lo que todo el mundo comentaba se hizo audible: los tejemanejes del marido de la exsecretaria general y sus intentos por ocultar casos de corrupción del PP. Pero, además, escuchamos a la hoy ministra de Justicia, Dolores Delgado, comentarios homófobos contra su hoy compañero en el Consejo de Ministros Fernando Grande Marlaska.

La voz de Corinna se coló también en nuestros salones a través de los audios de Villarejo destapando supuestos cobros de Juan Carlos I por el AVE de La Meca a Medina y oscuras historias de testaferros en Suiza. En el Palacio de la Zarzuela saltaron todas las alarmas, pero es que ni un día tuvieron tranquilos.

Una pelea de suegra y nuera: una cuestión de Estado

La casa real es pura política, intriga y cuestión de Estado. Este año han tenido que digerir imágenes como la del perfecto Iñaki Urdangarin entrando en la cárcel, todo un símbolo de la decadencia de la monarquía. Y especialmente dolió el televisivo y maleducado duelo entre las reinas Sofía y Letizia en plena catedral de Palma de Mallorca con un manotazo de la heredera incluido. Todo esto ha sucedido mientras cumplía en 2018 50 años Felipe VI.

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Los reyes en Palma

Un año en el que los políticos se dieron de bruces con otra realidad: las revindicaciones por la igualdad las mujeres. El 8-M desbordó España y puso en primera página la discriminación machista que sigue existiendo. A partir de ese día todo empezó a cambiar y en la agenda política se incluyeron temas que se habían ignorado hasta el momento como la brecha salarial o la necesidad de medios para el Pacto de Estado contra la violencia de género.

2018 también pasará a la historia por la disolución de ETA. En mayo anunciaba a través de un comunicado que ponía fin a su ciclo y que desmantelaba sus estructuras, tras seis décadas de violencia y más de 850 personas asesinadas.

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Un operario municipal quita una pintada de ETA

Y lo que aprendimos (a medias) es que el cadáver de Francisco Franco se puede sacar del Valle de los Caídos. La idea es que hubiera sido una de las imágenes de este año, pero el Gobierno -el primero que se ha atrevido a hacerlo- se ha encontrado con grandes dificultades puestas por la familia, que ha llevado a los tribunales la decisión y que marcó un giro en el guión cuando exigió llevarlo al centro de Madrid a una capilla en la catedral de La Almudena, una idea que horroriza a Moncloa y que ha debatido incluso con El Vaticano. El presidente ha vaticinado que en los próximos meses finalizará este proceso.

Doce meses que nos dejan la entrada en prisión del otrora flamante vicepresidente 'aznarista' Rodrigo Rato, condenado por la Audiencia Nacional por las tarjetas black en su época de Caja Madrid -símbolo de la putrefacción bancaria y de la crisis económica-. Otro miembro de aquel Gobierno, Eduardo Zaplana, también fue detenido e ingresado en prisión.

Un año (políticamente) inolvidable. Por cierto, ya la dijo hace unos días la presidenta del Congreso, Ana Pastor, en la cena de la Asociación de Periodistas Parlamentarios: "Mariano volvió al Registro. Está encantado, no os echa nada de menos".

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