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13/01/2019 09:13 CET | Actualizado 13/01/2019 09:22 CET

Por fin nos vemos las caras

Acto de Vox

Siempre he querido tener el superpoder de la invisibilidad. No para espiar a otros cuando están en la ducha o hablando a mis espaldas, sino porque ese superpoder trae consigo otro mucho más valioso: el de la inmunidad. Si desapareces, nadie te ve y no pueden atacarte ni hacerte daño.

Debe tratarse de un instinto natural. De pequeños nos tapamos la cara cuando algo nos inquieta o nos da miedo. Pensamos que al ocultarnos nos estamos poniendo a salvo. Con el tiempo caes en la cuenta de que ese gesto consigue justo el efecto contrario, te deja todavía más indefenso porque la fuente del peligro te sigue viendo, pero tú no tienes forma de contratacarlo.

En los últimos meses muchas personas hemos vivido con estupor la aparición de un nuevo partido político que representa la cara más tenebrosa y temible de cualquier sociedad. La intolerancia, el machismo, la homofobia, el racismo, la ignorancia, la prepotencia, el inmovilismo... Todo aquello que no queremos ver y que hasta ahora sólo eran conceptos abstractos de repente se ha quitado la máscara y se ha personificado.

No es habitual ver a alguien vanagloriarse de la injusticia social a través de un micro y respaldado por un logo

No es que Vox sea algo novedoso, más bien todo lo contrario. Lo que esta organización defiende y representa siempre había estado ahí, podíamos intuirlo y hasta sentirlo, pero no era tan escandalosamente palpable ni cercano. Los trols suelen ocultarse tras máscaras blancas, gafas de sol o avatares de ficción. No es habitual ver a alguien vanagloriarse de la injusticia social a través de un micro y respaldado por un logo. Los cobardes no acostumbran a dar la cara y parecen pocos. Ahora sabemos sus nombres y apellidos, que son muchos y que están organizados. Verlo da verdadero pánico.

El movimiento feminista que trabaja desde hace años por lograr unas relaciones más justas en todos los ámbitos creía que su mensaje era compartido y estaba llegando. Celebrábamos estar en una nueva era de consciencia social y respeto a las personas. Pensábamos que el deseo de avanzar y construir un mundo mejor era algo generalizado. Pero no estábamos viendo toda la realidad, nos estábamos equivocando.

Ahora ellos también están expuestos, les vemos, conocemos su vulnerabilidad, sabemos cómo piensan y a lo que nos estamos enfrentado

Con la irrupción de Vox en el panorama político ha ocurrido algo muy importante: todos nos hemos quitado las manos de la cara y nos hemos encontrado. Lejos de perjudicarnos, esto nos sitúa en un mejor escenario, estamos en mejores condiciones. Ahora ellos también están expuestos, les vemos, conocemos su vulnerabilidad, sabemos cómo piensan y a lo que nos estamos enfrentado. Ahora podemos escucharlos, dirigirnos a ellos, rebatir sus creencias, desmentir sus falsos mitos, convencerlos, argumentar, mirarlos de frente y transformarlos. Siempre decimos que tenemos que llegar a quien jamás vendría a nuestras reuniones ¿verdad? Pues ahí están, podemos ir empezando.

Dicen que todo superhéroe tiene su villano. Para mí los roles están muy claros. El feminismo representa el movimiento, Vox es el reaccionario. El feminismo viste de esperanza, Vox rezuma miedo al cambio. El feminismo defiende la pluralidad y la integración, Vox sólo se ve a sí mismo y su lema es la exclusión. El feminismo cree en la libertad, Vox en los límites y la prohibición.

Su aparición en escena nos da más credibilidad y más motivos que nunca para seguir luchando. Podemos empezar juntándonos el próximo martes 15 de enero en nuestras ciudades, para hacernos bien visibles, enfrentarnos al miedo y no dar ni un sólo paso atrás en nuestros derechos. ¡Allí nos vemos!