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22/01/2019 07:17 CET | Actualizado 22/01/2019 12:07 CET

Agitación e incertidumbre en la reunión anual del Foro Económico Mundial

Foro Internacional de Davos
GETTY IMAGES
Foro Internacional de Davos

Davos llega en el mejor momento. El Brexit, la deuda o las tensiones comerciales serán temas prioritarios en un foro que, por otro lado, no contará con la asistencia del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump.

La próxima semana, en Davos (Suiza), los líderes de los principales países del mundo y organismos e instituciones de renombre global —como el Fondo Monetario Internacional— se darán cita en la histórica reunión que, como cada año, organiza el Foro Económico Mundial (World Economic Forum).

El foro llega en un momento clave para la toma de decisiones políticas a las que se enfrentarán muchos gobiernos en los próximos meses

Hace ya 39 años que se celebró el primer encuentro y la cita es un evento imprescindible en la agenda global del año pues cualquier persona de relevancia o con gran influencia internacional estará allí. Una cita diferente, exclusiva y, por encima de todo, útil para la sociedad, el planeta y el multilateralismo. En especial para este último, pues no atraviesa su mejor momento.

Por suerte, o por desgracia, el foro llega en un momento clave para la toma de decisiones políticas a las que se enfrentarán muchos gobiernos en los próximos meses. Reino Unido, España, Italia, China o Estados Unidos son algunos de los países que están generando un entorno de incertidumbre que no deja de agitar la economía global.

La celebración de esta reunión puede provocar un efecto positivo, donde se llame a la cordialidad global, el cooperativismo y el apoyo a los multilateralismos, eliminando, por ende, las continuas tensiones políticas, diplomáticas y comerciales que mantienen muchos países y gobiernos.

Esperemos que, como cada año, Davos sirva para inspirar a unos políticos que, desde mi punto de vista, atraviesan una dura crisis de identidad y representatividad

Vivimos en un mundo, actualmente, fracturado. Las relaciones entre países y la propia racionalidad que debería primar en la política y en la economía, ha sido sustituida o más bien usurpada por los sensacionalismos y populismos que agitan un pueblo con ganas de cambio. Unas decisiones que están allanando el terreno a nuevas recesiones en la economía.

Pero debemos entender que vivimos en un mundo globalizado, interconectado, donde cada decisión que se toma hoy tiene un impacto global. Y en un mundo donde se busca la mayor conexión entre países, potenciando la economía a niveles muy superiores, romper con todo ello por propios sensacionalismos políticos es un gran error.

El mundo avanza hacia una economía globalizada, hacia un mercado global en el que los países y empresas de cada uno de ellos puedan operar libremente y sin restricciones. Un mundo donde el desarrollo sea generalizado e inclusivo para todos los países. Un mundo donde la digitalización sea el idioma dominante, facilitando la vida a un ser humano, cada vez más tecnológico.

En fin, un mundo que camina con pasos de gigante en casi todos los campos pero que, sin embargo, sigue atravesando duras y difíciles situaciones que provocan un mal funcionamiento de todas las prácticas anteriormente mencionadas. Situaciones que, dicho sea de paso, han sido provocadas por la política actual.

Esperemos que, como cada año, Davos sirva para inspirar a unos políticos que, desde mi punto de vista, atraviesan una dura crisis de identidad y representatividad. Un evento que, como hemos dicho, tratará de poner en valor la importancia de la cooperación global, la alianza entre países y la eliminación de esas fronteras mentales que generan estos problemas en el mundo.

Esperemos que la reunión anual de Davos inspire a la clase política que lidera los países y el mundo. Una clase política que ha perdido el rumbo y se ha dejado llevar por corrientes que nos llevan a la deriva

Como hemos visto en otros artículos, la política actual y el escenario político que se presenta, ataca, de forma directa, a los estados de bienestar, la economía y la sociedad en sí misma. Davos pretende poner el foco sobre ello, destacando la importancia, como hemos dicho, de una mayor conexión entre países y una mayor cooperación en aquellos problemas que preocupan a los países y puedan representar un riesgo real para el planeta.

En conclusión: esperemos que la reunión anual de Davos inspire a la clase política que, actualmente, lidera los países y, con ello, el mundo. Una clase política que necesita vislumbrar la importancia de la unión entre países y las alianzas estratégicas entre los mismos. Una clase política que ha perdido el rumbo y se ha dejado llevar por corrientes equivocadas que nos llevan a la deriva.

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