INTERNACIONAL
31/01/2019 21:13 CET | Actualizado 31/01/2019 22:49 CET

La soledad de Maduro: aumenta la presión internacional para que abandone la presidencia

El aval del Parlamento Europeo aísla aún más al mandatario venezolano, en favor de Juan Guaidó.

Palacio de Miraflores / Reuters
Nicolás Maduro, ayer miércoles, durante un acto militar en una base de Caracas.

Comunicados, tuits, ruedas de prensa... Los apoyos a Juan Guaidó habían sido, hasta hoy, palabras. Desde el mediodía, sin embargo, cuenta ya con un apoyo explícito, aprobado en un pleno, oficial: el del Parlamento Europeo, que entiende que es el "presidente interino legítimo de la República Bolivariana de Venezuela".

El texto del Europarlamento no es vinculante, pero tiene una notable hondura política: es la primera decisión clara de una institución comunitaria a favor del disidente, llama a los Veintiocho a apoyar a Guaidó de uno en uno y puede tener un efecto arrastre en otros organismos, europeos y no europeos. Los socios no tienen una visión unitaria de la crisis. Por ejemplo, Austria e italia no quieren, de inicio, reconocerlo, frente a España, que sí lo apoya, con otros poderosos como Francia y Alemania. Mucha tela que cortar.

El actual presidente venezolano, Nicolás Maduro, ha visto con este aval a su opositor cómo se estrechan las paredes del laberinto en el que se encuentra, en el que se le ha convertido ya el Palacio de Miraflores. El aislamiento internacional es notable y esta resolución es sólo un botón de muestra: más de 65 países se han alineado ya con el hasta ahora presidente de la Asamblea Nacional y autoproclamado presidente Guaidó y han pedido al chavista que convoque elecciones presidenciales y se marche.

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Desde la toma de posesión

La soledad de Maduro, sin embargo, no es nueva. El pasado 10 de enero tomó posesión de su cargo para una segunda legislatura hasta 2025 y las cosas fueron muy diferentes a su proclamación previa, en 2013, con el cuerpo de su mentor, Hugo Chávez, aún caliente. La mayoría de las grandes potencias del mundo le dieron la espalda.

Sólo cuatro presidentes latinoamericanos acudieron al acto en Caracas: Evo Morales, de Bolivia; Miguel Díaz-Canel, de Cuba; Salvador Sánchez Cerén, de El Salvador; y Daniel Ortega, de Nicaragua. A ellos se sumaron el presidente de Osetia del Sur, Anatoli Bibílov, y los primeros ministros de San Vicente y las Granadinas, Ralph Gonsalves, y de San Cristóbal y Nieves, Timothy Harris. Los mayores aliados del oficialismo -Rusia, China y Turquía- mandaron emisarios de nivel medio.

"El mundo es más grande que el imperio estadounidense y sus satélites. Aquí está presente el mundo", enfatizó Maduro, ante los analistas que ponían el dedo en la llaga de las ausencias. ¿Por qué no fueron, por ejemplo, mandatarios europeos? Porque acusaban al presidente de haber subvertido el proceso democrático y de haber impedido que las elecciones del pasado año fueran libres y justas. "Ninguno de nuestros embajadores fue a la investidura de Maduro y eso ya es una señal muy clara", ha recordado hoy la alta representante de la Unión Europea (UE) para la Política Exterior, Federica Mogherini.

Esa era la postura más repetida en Occidente hace ocho días, cuando Juan Guaidó se autoproclamó "presidente encargado" de Venezuela, una decisión coordinada con Estados Unidos, su primer y mayor avalista, primer país en reaccionar y en mandarle su apoyo.

Coordinación en la ONU

Aunque aún no ha cristalizado en texto o medida alguna, esa soledad también se ha dejado notar ya en el Consejo de Seguridad de la ONU, donde desde el pasado fin de semana se estudian posibles declaraciones contra Maduro. El sábado se celebró el primer debate y se vio la primera derrota de los amigos del chavismo: Rusia lo intentó hasta el último instante pero no logró impedir la reunión, sólo le apoyaron China, Sudáfrica y Guinea Ecuatorial. Los otros nueve miembros del Consejo forzaron el encuentro.

De él no salió nada en claro, porque rusos y chinos bloquearon una declaración que pedía otorgar el "apoyo pleno" de Naciones Unidas a la Asamblea Nacional, que preside Guaidó y que es reconocida por los anti-Maduro como única cámara de representación legítima. Moscú denunció la "injerencia flagrante" que esa proclama supone en la política doméstica de Venezuela.

Esa tensión se mantiene toda esta semana. La UE está intentando, al menos, que de Nueva York salga la creación de un "grupo de contacto internacional" para avanzar en una posible transición en el país, algo que los miembros permanentes y amigos de Maduro (Rusia, China, de nuevo) se niegan a contemplar por ahora, porque entienden que es el presidente legítimo. Lo que promueven los europeos en el Consejo es un órgano que busque "unas elecciones creíbles, que no se use la violencia y pueda haber un acceso humanitario completo", en palabras del ministro belga de Exteriores, Didier Reynders.

El bloqueo es el fantasma que lo sobrevuela todo y amenaza con hacer encallar cualquier solución o propuesta.

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Hoja de ruta

En la importante declaración de hoy del Parlamento Europeo destaca no sólo su reconocimiento de Guaidó y su llamamiento a que la UE y los miembros hagan lo propio, sino la especie de hoja de ruta que propone y que es una enmienda a la totalidad a la gestión actual de Maduro.

La Eurocámara propone, tras legitimar al opositor, que la actual administración convoque unas elecciones "libres, transparentes y creíbles" para "restablecer la democracia", que entiende perdida. Exige que, de seguido, se restablezcan las competencias de la Asamblea Nacional -se le retiraron y se creó una cámara paralela con control oficialista, la llamada Constituyente- y se dé orden de que cesen las violaciones de derechos humanos, "la represión feroz y la violencia".

Se debe permitir una comisión independiente que investigue esos supuestos crímenes y ha de hacer pagar a quien corresponda, debe haber rendición de cuentas, insiste el Parlamento. Finalmente, reclama ese grupo internacional de contacto, ya planteado en las Conclusiones del Consejo de 15 de octubre de 2018, que podría mediar "con vistas a la celebración de un acuerdo sobre la convocatoria de elecciones presidenciales libres, transparentes y creíbles basadas en un calendario definido de común acuerdo, la igualdad de condiciones para todos los actores, la transparencia y la observación internacional".

Maduro no entra en la ecuación, no se le cita, no se le necesita. Que dé poder a la Asamblea y se convoquen elecciones. Lo demás, vendrá dado y controlado por otros. Este esquema es el que más se está repitiendo en los pasillos de Naciones Unidas, el que convence a la diplomacia de América Latina, pero necesita de un paso al lado del actual presidente.

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¿Qué va a pasar?

Guaidó, en el ámbito internacional, cuenta con el apoyo entusiasmado de la Administración Trump, del llamado Grupo de Lima y de la Unión Europea, que aún no ha tomado partido en bloque pero que ha visto ya cómo los países de más peso -España entre ellos- han puesto un ultimátum que acaba el lunes para que se convoquen elecciones presidenciales. O eso o el aislamiento.

Aunque tiene una legitimidad exterior alta, los socios de siempre de Maduro no lo van a abandonar, y no son menores. Rusia, Cuba y China (este último de forma algo más templada) continúan sosteniendo al régimen, en un momento en el que EEUU ya no es, en solitario, la mayor potencia del planeta. Hay muchos actores en el tablero y muchos equilibrios y fuerzas que medir.

Moscú, según filtran ya varias inteligencias internacionales, estaría ya enviando mercenarios para proteger a Maduro y asesorándole en cada paso, una respuesta paralela a la amenaza de Trump de que tiene "todas las opciones sobre la mesa" para Venezuela, incluyendo la militar. Si de Rusia llega fuerza, de China tiene que llegar dinero, sin el que no se sostendrá el tenderete ni se calmarán las voces de unos ciudadanos que han pasado de estar decepcionados a enojados y, ahora, desesperados.

El tira y afloja actual, con el sistema de votaciones instaurado en las Naciones Unidas, puede prolongar la pelea de pronunciamientos non natos a favor y en contra de Maduro durante mucho tiempo. De eso sabe mucho el sirio Bashar Al Assad.

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