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03/02/2019 09:07 CET | Actualizado 03/02/2019 11:13 CET

Andrea Rodríguez, novia de Pablo Ráez: "Era la persona perfecta diciendo las palabras perfectas"

Así fue su vida junto al joven malagueño que disparó las donaciones de médula.

Instagram Pablo Ráez
Pablo Ráez y Andrea Rodríguez en una foto en Instagram.

El nombre de Pablo Ráez está ligado a una frase: siempre fuerte. Una fuerza que llegó a las casas de millones de españoles y que provocó una ola de solidaridad sin precedentes en la historia de España.

Este joven malagueño murió de leucemia en febrero de 2017 a los 20 años dejando tras de sí un hito: las donaciones de médula ósea crecieron en Málaga un 1.300%.

Ahora, dos años después de su fallecimiento, Andrea Rodríguez, su pareja entonces, escribe en Cuando nos volvamos a encontrar (Ed. Planeta) la historia de ambos, cómo se conocieron, cómo sobrellevaron la recaída de Pablo y sobre todo, cómo logró —gracias a las redes sociales y a su carisma— que en España se hablase de la donación de médula y se tomase conciencia.

Pablo logró llegar a miles de personas gracias a Instagram y a Facebook, donde sus reflexiones sobre la vida llegaron a millones de personas.

¿Este libro tan personal te ha servido como terapia? ¿Has sacado todo lo que tenías dentro?

La forma de sanarme después de su muerte fue escribiendo lo que había dentro de mí. Me apoyaba en los textos que Pablo había dejado escritos y la idea era tenerlos todos en papel. En una entrevista en la COPE lo comenté y alguien de Planeta contactó conmigo para escribir el libro. Yo tenía ya algo y la idea de hacerlo en modo novela era una forma de contar la historia de una manera más cercana.

Y decides contar vuestra historia de amor, con sus altibajos y sus días duros.

Al principio era todo muy idílico. Él estaba sano y se estaba recuperando pero siempre teníamos en mente que el tiempo contaba. Después, con la recaída, hay un proceso de bajón muy fuerte. De hecho, Pablo no quiere continuar con la lucha y se llega a rendir, tira la toalla. Pero con la ayuda de los terapeutas y de mucho trabajo interno los dos logramos salir adelante. Si él resurgió cómo no íbamos a hacerlo los que estábamos a su lado.

Él tenía 19 años y tú 26.

Al principio te asustas. Tenemos unos patrones en la cabeza que dictan que todo tiene que ser así, que tiene que ser perfecto. Creo en los amores sin tiempo y sin espacio, en los amores imposibles, en los amores sin condiciones y por eso lo cuento en la novela. Es una forma de estar contra los prejuicios de la edad, de estar con una persona que ha tenido una enfermedad. La vida es eso, vivir desde el corazón.

¿De dónde sacó la fuerza?

De la gente. Cuando ve que las donaciones de médula se disparan y España se mueve por él.

¿Supuso algún problema tener a tanta gente detrás?

No porque Pablo siempre fue sincero en sus mensajes y no siempre compartía mensajes positivos. En sus textos está la sinceridad, si algún día no estaba bien no escribía y luego lo contaba. La vida al final es ahora y tampoco sentimos la presión de mostrar un lado bueno o malo, simplemente compartíamos cosas que nos daban fuerza y nos hacían valorar la vida. No había que hacer nada, simplemente había que ser.

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Libro Andrea Rodríguez.

Cuentas que en sus últimos días Pablo se aisló.

Al final estaba menos receptivo a las visitas. Yo hasta el día que recibo la llamada pienso que no se va a morir. Hasta que escucho la noticia, que todavía retumba dentro de mí, no quise pensar en que eso podía pasar. Siempre tuve algo de esperanza.

Hay una episodio muy duro, su última Navidad.

Fueron las más especiales que he vivido, las más intensas. No sabíamos si Pablo iba a llegar a Reyes y teníamos mucha ilusión preparando los regalos, nunca había tenido tanta. Esos momentos hay que valorarlos. Todas las noches con él eran nochebuena, el regalo era que él estuviese en la mesa.

¿Cómo estás tú después de dos años?

He aprendido a vivir con Pablo a mi lado pero de otra manera, aceptar que no lo voy a ver físicamente, que no voy a poder abrazarlo, que no voy a poder escuchar su voz. Ha sido parte de una enseñanza. Decidí no volver atrás, no pensar en el pasado. Decidí llevar una vida que realmente me sanase y luchar por mi sueño.

¿Por qué llegó a tanta gente su mensaje?

Pablo vino al mundo a hacer esto. Tenía una fuerza y una energía muy magnética, te enganchaba mucho, yo siento que Pablo se ha metido en las casas de la gente, lo han considerado como parte de su familia y eso solo lo hacen las personas que transmiten desde la humildad y desde la sinceridad. Era la persona perfecta en el momento perfecto diciendo las palabras perfectas.

¿Qué te llevas de este varapalo? No sé si se puede sacar algo positivo...

Siempre se puede sacar algo positivo. Igual que existe la noche existe el día, la luz y la oscuridad, vivimos en un mundo dual y hay que encontrar el centro. Me quedo con que lo triste no es morir, es no saber vivir. Esa frase está llena de mensajes, del 'siempre fuerte', del 'vivir el momento', del 'valorar la vida'.

La vida es ahora. Tenemos un tiempo y tenemos que ver qué queremos hacer con él. Nada es tan importante. Pablo querría verme feliz y bien, honro cada cosa buena que me pasa en la vida, miro al cielo y doy las gracias. Todos los días puedo recibir mensajes de él a través de personas. Estoy muy conectada con esa vida de Pablo, que es magia.

¿Qué te gustaría que se recordase de él?

La frase que ilustra el faldón de este libro: donando médula ya eres un superhéroe. Con ese gesto puedes salvar una vida. He visto cómo una bolsa de sangre le devuelve a una persona el color en los labios, en la piel. El transplante de médula le dio a Pablo un poco más de vida.

Pablo ha hecho coaching de manera natural, nos ha enseñado a valorar la vida. Ha ido a lo básico. Ha hecho que nos sintamos siempre fuertes. Su meta era que la gente saliese de casa y fuese a donar y eso caló.

Quiero que su mensaje llegue a los colegios porque muchos niños despertaron con su mensaje. El mensaje de la solidaridad, el de ser siempre la mejor versión de uno mismo.

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Andrea Rodríguez posa con su libro.

En una entrevista afirmas que quieres "librarte" de ser la novia de...

Entiendo que me presenten como "la novia de" desde el cariño, me han conocido así, no tengo queja. Como escritora soy Andrea Rodríguez, como profesora de yoga soy Andrea Rodríguez, como hija y hermana y amiga soy Andrea Rodríguez.

Este libro ha sido para mí como un cierre, como una sanación muy bonita, como una liberación. Todo tiene un ciclo, esto terminará un día y yo terminaré, no creo yo pueda seguir un legado de Pablo. Si acaso lo podría hacer su familia, yo tengo que desaparecer en algún momento, ahora estoy disfrutando con el libro. Todo pasa y todo llega.

Hay una persona fundamental en vuestra vida, que además escribe el prólogo del libro, el cómico Dani Rovira.

Le ponía a Pablo los monólogos de Dani Rovira en los momentos buenos y malos. Un día recibí un mensaje suyo por Instagram y no me lo podía creer. Fue una alegría. La visita fue normal, un malagueño que venía a ver a otro malagueño. Cuando se iba de la visita le dije que se hiciesen una foto porque él se iba sin querer protagonismo.

Es una persona que nos ha apoyado mucho, que me sigue acompañando en este viaje, personas que te pone la vida con la que tienes una conexión especial. Alguien que aporta valor en la vida de los demás. Yo estoy muy agradecida y me ha dejado un prólogo muy bonito, el libro le ha encantado.

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