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06/02/2019 07:16 CET | Actualizado 11/07/2019 20:49 CEST

'La cocinera de Castamar', el libro que inspirará el 'Downton Abbey' español

Atresmedia ha adquirido los derechos para crear una serie basada en la obra de Fernando J. Múñez.

BBC

Si Fernando J. Múñez fuera mujer no querría vivir en el siglo XVIII. Eso sí, si pudiese viajaría hasta esa época para ser un simple observador. Y desde ese punto de vista ha escrito su primera novela La cocinera de Castamar, de la editorial Planeta. Un libro con el aroma del clásico que recuerda inevitablemente a la exitosa serie Downton Abbey.

El ducado de Castamar —que se inspira en referentes como Jane Austen o de libros como El Perfume— es un lugar ideado por el autor, un universo de contrastes, de intrigas políticas y palaciegas, de amores imposibles y de hombres y mujeres que se rebelan contra su destino. Sin embargo, su origen es mucho más simple: fue una historia escrita a petición de su primera lectora, su madre. "Me dijo que escribiera algo para ella. Y luego me surgió la idea por una conversación que tuve con mi mujer: una muchacha cuyo único mundo fueran las cuatro paredes de la cocina y su lenguaje, las recetas", confiesa.

Aunque para contar la historia ha estudiado exhaustivamente la época, el contexto ha sido sólo una forma de crear atmósfera, por lo que Múñez ha evitado escribir “un anagrama de ese siglo” en las (casi) 800 páginas que ocupa. Que no asuste la cifra: el primer manuscrito tenía 1.300. Hubo personajes que se quedaron fuera para reducir el libro, cuya aceptación entre el público fue “creciendo más y más” después de pasar el primer filtro, el de su madre.

La cocinera de Castamar no va de recetas, aunque éstas sí que son el lenguaje del personaje principal. Platos reales que ayudan a entender cómo se comía en la corte. Había un cocinero exclusivamente para el rey y la reina y los platos marcaban el estamento al que pertenecías. En Castamar, la gastronomía no deja de ser un código: qué se servía, cómo se servía, quién cocinaba, para quién... todo estaba codificado protocolariamente en la vida real.

“Lo que me interesaba de la gastronomía era encontrar un lenguaje en el que incluir a la servidumbre y al lector. La gastronomía me daba un abanico muy claro con el que saber de quién estaba hablando”, asegura el escritor. Gracias a la comida, que no deja de ser un placer, también ha podido explorar el erotismo de la época.

Con la cocinera Clara también explora ciertas enfermedades, como la agorafobia. Que el personaje no pueda salir de la cocina hace que su mundo se reduzca a esas cuatro paredes, y refleja cómo algunos trastornos no se comprendían entonces. De hecho, la palabra agorafobia no se menciona en la novela.

La mujer estaba oprimida incluso en la clase más alta. El mundo patriarcal sólo permitía tres salidas a la mujer: servir al hombre, ser monja o ser prostituta”.

Aunque hay otro tema fundamental en La cocinera de Castamar. El libro también va de mujeres que han alzado la voz, porque “la mujer estaba oprimida incluso en la clase más alta”. “El mundo patriarcal sólo permitía tres salidas a la mujer: servir al hombre, ser monja o ser prostituta. Espero que haya una mirada feminista en la novela, pero si hay algo importante es ver cómo la mujer se enfrentaba a ese mundo patriarcal”, explica. El escritor cree que “nos han educado en el machismo y, aunque no queramos, los hombres somos machistas”. Para combatirlo hay que desarrollar empatía, apunta.

Fernando J. Múñez es licenciado en Filosofía y se ha dedicado siempre al mundo de la realización publicitaria y cinematográfica, formatos bastante más cortos que la literatura, pero siempre ha sido antes escritor que cualquier otra cosa. “Escribir novelas se me hacía largo y un guion era fácil”, indica. A pesar de ello, su primer libro se acercaría mucho a su otra profesión, ya que, como se ha dado a conocer este jueves 11 de julio, Atresmedia ha adquirido los derechos para hacer una serie sobre la obra.

Con La cocinera de Castamar —que ya ha conquistado a autores como Luz Gabás (Palmeras en la nieve), el autor da una panorámica general de siglo XVIII, fundamental para crear la atmósfera de la historia, pero a la que “no tenemos nada que envidiar en términos generales”, opina Múñez: “Si nos trasladáramos al siglo XVIII, todo sería más duro”. Tanto como la vida de Clara, que incomoda a algunos personajes del libro porque “anuncia un mundo nuevo que el resto no entiende”, matiza.

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