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09/03/2019 09:24 CET | Actualizado 11/03/2019 13:23 CET

Samanta Villar: "Antes de tener hijos era plenamente feliz"

La periodista denuncia en el libro 'La carga mental femenina' que el precio de llegar a todo, dentro y fuera de casa, es "ir de culo".

CARLOS PINA

La vida de Samanta Villar cambió radicalmente hace tres años. Exactamente el 11 de marzo de 2016, cuando nacieron sus mellizos Violeta y Damià. Su acelerado ritmo de vida —por la mañana Barcelona, a mediodía Madrid, luego Valencia...— se frenó en seco y dos personitas exigieron toda su atención. Su marido, el trabajo e incluso ella misma; todo pasó a un segundo plano llevándola hasta la desesperación. La presentadora de La vida con Samanta llegó a declarar, no sin polémica, que a veces se imaginaba tirando a sus hijos por el balcón o que la maternidad le había destruido la vida.

Se convirtió, como le gusta decir, en la mala madre de España y lo plasmó en su libro Madre hay más que una: Un relato en primera persona sobre la aventura de la maternidad(2017). Dos años después publica La carga mental femenina: O por qué las mujeres continúan al mando del hogar a coste cero, donde pretende abrir los ojos sobre el trabajo no remunerado que desempeñan las mujeres en el seno de la familia y que pesa sobre sus hombros, sobre su salud física y también sobre la mental.

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Significado carga mental

Samanta Villar le pone nombre a esta enfermedad social que ella misma no sabía que padecía hasta que su editor, Oriol Alcorta, se lo advirtió y le propuso escribir este libro. Se dio cuenta entonces de que llevaba sufriéndola desde antes de ser madre y que, como ella, sus amigas y personas cercanas también la padecían.

¿Es mayor la carga mental ahora que eres madre?

Cuando eres madre tienes un tercer trabajo. Tienes el trabajo remunerado, el de fuera de casa, las tareas del hogar y luego, la crianza, que es muy intenso. No hay descanso. Tú eres madre (o padre) todas las horas del día, por eso cuando llega la tercera carga —la de los hijos— se nota muchísimo. De hecho es un punto de inflexión porque aparece una nueva faceta, tanto de la madre como del padre, desconocida para los dos. En realidad, vuelves a conocer a la persona con la que has tenido a los hijos. Hasta ese momento tú no sabes si es buen padre o no, si es sargento o es más laxo, si se pone nervioso con los niños o es muy tranquilo... Con los niños ajenos puede ser de una manera, pero con los suyos puede cambiar. O sea, que de repente hay un momento de descubrimiento. Y se da a la vez que una serie de cosas bastante estresantes. Aparecen nuevas cargas que tienes que asumir a contrarreloj. O sea, que sí, se nota muchísimo.

Pero la situación cambia para los dos...

La tendencia, tal como está establecido el sistema, lleva a que la mujer asuma más carga en la crianza de los hijos. Consideramos que es la manera natural. La típica frase de 'no es lo mismo la mamá que el papá' es un axioma que yo pondría en duda. Es debatible. Lo que sí está claro es que si la baja maternal es mayor que la paternal, obviamente desde el principio el niño está más horas con la madre, la madre va a aprender antes cómo cambiarlo, lo que necesita... Por puro contacto, por puro aprendizaje. Así, cuando los niños crecen y reclaman más a la mamá que al papá, es fácil deducir que no es lo mismo la mamá que el papá, pero a lo mejor no es lo mismo porque no has pasado las mismas horas con el niño. El sistema conduce a que las mujeres asumamos mayor carga. Si el niño cuando tiene dos años sigue llamando a mamá por la noche en lugar de a papá, obviamente esa carga va a continuar sobre la mujer y el hombre ni siquiera lo va a oír. Como está ya la inercia de que ella se levanta, va a seguir durmiendo a pierna suelta.

La típica frase de 'no es lo mismo la mamá que el papá' es un axioma que yo pondría en duda.

Y luego toca asumir que tú desapareces como ente, ¿no?

No debería ser así, pero ya no te quedan horas para más. Si tú no le pegas codazos a todo lo que se te viene encima, nunca hay espacio para tu autocuidado, para tu ocio o para tu descanso. Solamente descansar: sentarte, respirar y tomar un té. No tienes cinco minutos al día para hacer esto. Y súmale que nosotrastenemos muy interiorizada la obligación moral de que los cuidados los tenemos que hacer nosotras porque si no los ejerce la mamá, el cuidado es muy raro.

¿Te cuestionan si no lo haces?

Tú eres la primera que te cuestionas. Nos sentimos obligadas, somos las que decimos que lo tenemos que hacer para ser buena madre o para ser buena hija. Hablo también de los cuidados de los padres cuando se hacen mayores. Solemos imponernos esa obligación moral. Y luego somos muy exigentes, pretendemos ser las superwomen que nos han contado que se puede ser y yo digo que eso de la superwoman es un engaño brutal.

Esa autoexigencia, ¿es fruto de esta sociedad machista en la que tenemos que demostrar constantemente que nosotras podemos hacer las cosas igual que ellos, sobre todo a nivel laboral?

Más allá de que sea machista o no, es un engaño. Me da igual si el engaño lo ha establecido el hetereopatriarcado, no lo voy a debatir porque no me parece el quid de la cuestión. El quid de la cuestión es que es un engaño. No sé quién me lo quiso imponer, me da igual. El cartel de superwoman es muy glamuroso, pero también es un refuerzo para perpetuar que vayas desquiciada. Yo ahí rompo. Superwoman no, te doy el cartel de Superman. Quédatelo. Yo ayudante, no me importa. Al final lo que están haciendo es cercenar mi espacio de descanso, de cuidado... No lo quiero, ese glamur no lo quiero. Quiero ser una mujer normal y corriente, imperfecta, meter la pata, dejar cosas para mañana porque no llego y no sentirme mal. Porque eso es lo normal.

Quiero ser una mujer normal y corriente, imperfecta, meter la pata, dejar cosas para mañana porque no llego y no sentirme mal.

El problema es que luego te sientes mal...

Nos lo han inculcado. Nos han dado unos modelos de que se puede hacer y si no llegas es culpa tuya, no estás a la altura. No, olvídate. Se puede hacer a un precio tan alto que no lo quiero. ¿Sabes cuál es? Quitarte horas de sueño, quitarte horas de ocio, quitarte horas de relaciones sociales... Y eso repercute en tu salud mental. Tenemos un nivel de ansiedad muchísimo superior al de los hombres, hay unos niveles de depresión muy alto, y además después somatizamos. Entonces llegan los problemas físicos, y tienes jaquecas, tienes complicaciones digestivas, o insomnio. Y de repente estás triste.... Y no sé qué le pasa, si tiene todo, tiene hijos, tiene trabajo... Pero cómo voy a ser feliz, hijo mío, si no puedo con todo lo que llevo encima. No me tengo a mí.

CARLOS PINA
Samanta Villar, en la estación de Atocha de Madrid.

Y te pasa a ti, a mí y a todas.

Es brutal. Sacas este tema en una conversación en la que haya mujeres y a todas les ha ocurrido. A todas. Es asombroso. El sistema nos ha hecho así y nosotras hemos contribuido, estamos perpetuándolo. ¿Y quién es la primera perjudicada ahí? Nosotras. También te digo que ese papel nos da mucho poder. Vamos de culo pero somos las protagonistas y las directoras. Pedir la corresponsabilidad también significa ceder poder y hay muchas mujeres que no lo van a llevar bien. Si quieres el poder, pagas el precio, que es ir de culo. Si no quieres ir de culo, tienes que pagar el precio de ceder el poder.

Pedir la corresponsabilidad también significa ceder poder y hay muchas mujeres que no lo van a llevar bien.

Y asumir que los otros lo hacen de otra manera, ¿no?

Eso es.

En el libro dices que eres periodista, que te limitas a exponer la situación, pero tendrás una opinión sobre dónde está la solución: ¿a nivel individual, político o empresarial?

Es todo. Hay decisiones a nivel personal. Los hombres tienen que asumir nuevas competencias, sobre todo las relacionadas con la planificación, la organización y la supervisión del hogar. Y luego, por supuesto, se necesita una legislación que ampare la conciliación, pero no sólo de las mujeres, que se empiece a plantear la conciliación de los hombres, porque ahí también se genera corresponsabilidad. Si yo le pido a mi marido que sea corresponsable con los cuidados de los niños, algunas tardes tendrá que salir antes para recogerlos. La empresa no solamente tiene que procurar la conciliación femenina, también tiene que procurar la masculina. Piensa que los hombres que están pidiendo estar más horas en la crianza de los hijos se encuentran con el estigma. Si tú como hombre vas y dices que vas a llegar media hora tarde todas las mañanas porque tienes que llevar al niño al colegio, antes o después alguien te preguntará: '¿Pero no lo hace tu mujer?'. Te están juzgando también como hombre. Socialmente está penalizado que ellos empiecen a estar más presentes en la vida de los hijos. Así que hay que actuar por diferentes flancos, hay cambiarlo TODO.

Decías en una entrevista hace poco que estamos en un buen momento para conseguir mejoras, pero no sé si con el 28-A tan cerca sigues pensando lo mismo.

Si gobierna Vox esto es impensable. Por suerte no parece que vaya a gobernar pero espérate... Hay una especie de ilusión colectiva de que estos derechos que hemos ido ganando nunca los vamos a perder y eso es falso, eso es totalmente falso.

Sólo hay que escuchar las palabras de Pablo Casado sobre el aborto.

Por ejemplo. Está bien que tomemos conciencia de que puede haber una involución. Es serio. El voto es más importante que nunca en estos momentos. Y desde luego tenemos que ser conscientes de que si gobiernan algunos partidos ya no es que vayamos a avanzar en derechos como yo reclamo en el libro, es que vamos a perder los que ya teníamos porque se van a poner en cuestión muchas de las libertades personales de las mujeres. Sería un desastre.

Si gobiernan algunos partidos vamos a perder los derechos que ya teníamos.

El libro llega con el 8-M a la vuelta de la esquina, ¿terminar con la carga mental es una conquista que se tiene que lograr desde el feminismo?

Claro. Pero también necesitamos la colaboración de los hombres, para ellos también es conveniente. No es pedirles ayuda, es ir juntos a luchar por el reparto de todas las cargas, para que también puedan estar presentes en la vida de sus hijos.

La maternidad te ha puesto en el foco muchas veces por declaraciones que has hecho. ¿Te arrepientes de alguna?

¡Qué va! Pero si estoy salvando a este país... [risas]. Soy la mala madre de España para que todas puedan ser malas madres. Sin quererlo hablé de lo que siento y expresé lo que piensan muchas mujeres. Sin quererlo rompí un hielo y ahora hay muchas más mujeres famosas que se han atrevido a decir públicamente: 'Ahora entiendo a Samanta Villar, sé de lo que hablaba y estoy de acuerdo'. Y gente anónima que se alegra de que se empiece a hablar por fin de esto en público y se siente identificada con lo que dice Samanta. Es muy importante que tengamos referentes, personajes públicos que hablan de las cosas de la vida porque a ellos también les pasa. Entonces estoy encantada con las declaraciones que hice porque han sido de mucha ayuda para un montón de mujeres.

¿Ahora ya no quieres tirar a tus niños por el balcón?

Nunca los quise tirar, lo que dije es que es normal que los quieras tirar. Lo que no es normal es que los tires, eso no. Pero sí hay un momento en que dice: 'Pero, ¿qué he hecho? Con lo bien que estaba yo antes, que no tenía que poner límites a nada y a nadie...' Porque educar es poner límites, poner límites es enfrentarte. Eso te va a pasar cuatro o cinco veces al día.

Hay una tendencia a decir que la maternidad es maravillosa, que todo es genial, pero luego no duermes por las noches, el niño no come, desobedece...

Hay muchas mujeres a las que les preocupa que si hablan mal de la maternidad parece que están hablando mal de sus hijos. Son cosas diferentes. Los niños son maravillosos. El niño no es el problema. El problema es la crianza, es la maternidad. No tienes descanso, necesitas ayuda, necesitas aprender, te sientes insegura... pero eso no es culpa de los niños. Ellos hacen cosas maravillosas. Pero si me quejo de la maternidad parece que estoy culpando a mis hijos y tampoco quiero. También hay como un estigma de si hablo mal de la maternidad, alguien puede llegar a pensar que el problema eres tú. Si te quejas de la maternidad igual no se te da bien. Lo que quiero decir es que hay muchas situaciones en las que una mujer puede ser juzgada si se queja de lo que es ser madre, pero como yo tengo los huevos como un toro me da igual. Si no tienes una personalidad muy fuerte y están muy segura, te machacan.

Si has experimentado un amor intenso de pareja, el de un hijo es lo mismo.

¿Y aun así recomendarías ser madre?

A mí me gusta, pero me da mucho pudor recomendar porque parece que ejerces esa presión social de tienes que ser madre porque es lo mejor que te va a pasar en la vida. Prefiero explicarlo de otra manera: siendo madre puedes ser muy feliz, pero antes de tener hijos era plenamente feliz. Si decides no tener a hijos no te estás perdiendo nada de felicidad, te estás perdiendo lo que es tener hijos y lo que es una crianza, pero no eres más infeliz ni te estás privando de la felicidad verdadera.No es cierto. Yo era igual de feliz cuando no tenía hijos que ahora que los tengo, muy feliz en los dos casos. Habrá mujeres que desean tanto ser madres que si no lo son no son felices, pero hay otras que no... que no te dé miedo no tener hijos, que no te dé ningún miedo.

O no poder tenerlos....

Hay una sensación de que si no lo haces te estás perdiendo algo top. Por un lado es verdad que te vas a perder el amor de un hijo, pero si has experimentado un amor intenso de pareja, es lo mismo. En cuanto a la sensación, la sensación es la misma. Puro amor, la adrenalina, la taquicardia... Todo eso de cuando estás enamorado, lo sientes con un niño. Al final estás enamorado de tu hijo. La sensación es la misma, la ilusión es la misma. La diferencia es que el niño te va a dar el codazo y la pareja no, el niño te va a llevar al límite en muchas ocasiones y la pareja no debería, y no te va a llevar al límite.

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