POLÍTICA
08/03/2019 22:03 CET | Actualizado 09/03/2019 03:36 CET

El feminismo vuelve a desbordar las calles en el 8-M: "Tenemos más motivos que nunca"

La manifestación feminista de Madrid reúne a más de 350.000 personas, el doble que el año pasado. En Barcelona alcanzan las 200.000

Cristina muestra su brazo: tiene la piel de gallina. "Esto es lo que siento este día, no te digo más", comenta esta madrileña de 25 años con la cara surcada por un símbolo feminista morado. Si el año pasado veía motivos para manifestarse el 8-M, este año ve incluso más: "La derecha está aumentando en este país, vienen elecciones... y mira lo que ha pasado en Andalucía. Este año tenemos más motivos que nunca".

No es la única que lo piensa. A la indignación por casos como el juicio de La Manada, la persistente violencia machista o la lentitud de los avances en igualdad se suma la irrupción en la escena política de partidos como Vox. La sensación de que este 8-M tiene más peso ante el horizonte electoral está muy presente y se siente como nunca. "Molaría que Vox volviera a ser solo un diccionario", se lee en uno de los innumerables carteles que parecen un bosque en medio de la Castellana.

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Un momento de la manifestación en Madrid.

A falta de más de una hora para que arrancase la marcha del 8-M en Madrid las calles ya estaban desbordadas. Era el principio de algo grande, muy grande: cerca de 350.000 personas han participado en la marcha de Madrid, según la Policía Nacional. El doble que el año pasado. Eso sólo en Madrid, en Barcelona han sido más de 200.000, y decenas de miles más en toda España.

Una vez empezada la marcha se hacía casi imposible caminar. También ha sido un esfuerzo condenado al fracaso mirar a cualquier parte y no ver algo morado: prendas, pañuelos, carteles. La banda sonora: una mezcla constante de batukadas, consignas gritadas por megáfono ("¡Vamos a quemar la Conferencia Episcopal!", "¡Luego diréis que somos cinco o seis!", "¡Qué viva la lucha de las mujeres!"), aplausos, sonrisas y un constante clamor feminista a ratos ensordecedor e imposible de ignorar.

Del gris al violeta

Gloria Nielfa comenta entre risas que ella corrió delante de los grises en estas mismas calles en las que ahora sostiene una pancarta a favor de la igualdad. "Entonces nos pegaban", rememora. Esta catedrática de Historia en la Universidad Complutense recibió ayer el Premio Clara Campoamor de manos de la alcaldesa madrileña, Manuela Carmena. "Hay quienes quieren revertir los logros de las mujeres, hay quienes quieren manipular el movimiento feminista, y por eso hace falta un movimiento fuerte", sostiene.

La glorieta de Neptuno, la Cibeles y la entrada a Gran Vía han sido cuellos de botella en los que muchas (y muchos) manifestantes trataban de desplazarse como podían. La gente ha tratado de buscar otras rutas para avanzar, y por las calles aledañas a la marcha se movían, como en pequeñas manifestaciones, grupos de decenas de personas.

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Vista aérea de la Gran Vía de Madrid el 8-M.

"¡Vamos a quemar, vamos a quemar el feminismo liberal, vamos a quemar a Rivera, a Casado y a Abascal!", grita un grupo de jóvenes mientras tratan de abrirse paso. El gentío es tal que hay quien hiperventila y parece sufrir un ataque de ansiedad.

La marcha ha sido festiva, pero sin perder un ápice de su carácter reivindicativo y muy contundente, porque es una jornada muy importante para quienes estaban ahí. "En un día así nos sentimos hermanadas", expresa Sonia, vallisoletana de 27 años afincada en Madrid. "Hay partidos políticos que nos quieren quitar la ley de violencia de genero", recuerda con gesto serio. "Hace falta más sororidad, porque nos estamos dividiendo", añade, "no quiero que los partidos políticos se apropien de esto, el año pasado cuando vieron esto todos se pusieron el lacito morado, pero hasta entonces no habían hecho nada".

Francisco, estudiante mallorquín de Ciencias Políticas de 22 años, observa una de las batukadas que no cesan de animar la movilización. "Cada año hay que salir por los mismos motivos, hay que acudir a protestar, porque hay problemas estructurales que afectan a la mitad de la sociedad", señala. Cerca unas niñas menores de edad que portan carteles tratan de avanzar al grito de "¡Estoy hasta el culo de tanto machirulo!".

Agustín, profesor de instituto de 67 años, luce una chapa morada con el lema 'Vallecas libre de violencias machistas'. Es un veterano del 8-M, todos los años participa en la manifestación. "Creo que es mi deber como ciudadano y como demócrata". A su juicio, este año ha acudido a mucha más gente. "Ha podido influir el temor al ascenso de la ultraderecha", comenta mientras toma una lata de cerveza, "pero esa ultraderecha se va a encontrar con un feminismo muy potente en frente y creo que ahí se puede romper los dientes".

Mónica, madrileña de 30 años, cree que hoy "el feminismo ha vuelto a hacer historia". Al terminar la marcha se va a quedar a tomar unas cañas con sus amigas, aprovechando que es viernes. Tiene la impresión de que este 8-M ha superado al anterior. "Esperemos que el año que viene, -comenta- además de seguir luchando, podamos celebrar más victorias".

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