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07/03/2019 17:58 CET | Actualizado 08/03/2019 07:29 CET

La fuerza que transforma el mundo

El pasado 8 de marzo de 2018 marcó un antes y un después en nuestro país. Habíamos marchado en manifestaciones muchos 8 de marzo antes, pero este era distinto. Las mujeres, acompañadas de muchos hombres, alzamos de manera contundente nuestra voz contra el machismo, la violencia y la discriminación en una huelga feminista que iba más allá de lo laboral y que interpelaba a la responsabilidad de los hombres en los cuidados. Queríamos hacer visible que si las mujeres paramos, se para el mundo. Y lo conseguimos. Nos quedará para siempre la emoción de vernos a tantas en las calles, reconocernos las unas a las otras, vibrar al saber que estábamos viviendo ese 8 de marzo histórico que nadie nos podría quitar. El 8 de marzo de 2018 forma parte de lo que las mujeres somos hoy en nuestro país.

Este 8 de marzo volveremos a ser miles las mujeres movilizadas. Por las víctimas de la violencia machista, porque queremos volver a casa sin miedo, para acabar con la cultura de la violación. Queremos compartir la mitad de todo, del trabajo, del poder y de los cuidados. Porque a igual trabajo, igual salario. Porque queremos sentirnos seguras en espacios públicos, de día y también de noche, libres de acoso y miedo. Iré a la huelga por las mujeres a las que les gustaría hacerla y no pueden por motivos económicos o por miedo. Pararé para construir una sociedad donde vender o alquilar cuerpos de mujeres no sea algo aceptable. Paro hoy, y seguiré trabajando al día siguiente, para que ésta sea una sociedad más justa.

Sí, seremos miles las mujeres que pararemos convencidas de que es urgente construir una sociedad más democrática, más digna y más segura para las mujeres. Este 8 de marzo lo construimos entre todas y de todas será el éxito. Participo harta del machismo y teniendo la certeza de que las mujeres, juntas, podemos cambiarlo todo. El 8 de marzo de 2019 no tendremos la sorpresa de ver cómo hacemos una huelga feminista por primera vez, pero sí el convencimiento colectivo de estar transitando, no solo el camino correcto, sino el más digno que podemos hacer. No es posible ser feminista sin pasión, sin emoción, sin ganas. Es esa fuerza de las mujeres la que ya está transformando el mundo.

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