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29/09/2012 10:07 CEST | Actualizado 28/11/2012 11:12 CET

El curioso caso del partido republicano y su rechazo del votante hispano

A pesar de que cada político hispano del partido daba una ponencia en la convención, su base conservadora y del Tea Party simplemente no está dispuesta a aceptar políticas favorables a los inmigrantes.

Estados Unidos (EE UU) está celebrando el Mes de la Herencia Hispana y también está a seis semanas de las elecciones presidenciales, así que se está hablando mucho del voto hispano, una conversación que siempre me deja perpleja. En un post en su blog en el ABC, Daniel Ureña explica muy bien la evolución demográfica en relación al voto hispano en EE UU, pero falta explicar cómo esos cambios demográficos están afectando los resultados electorales a favor del partido demócrata. Y lo que me deja atónita es cómo el partido republicano sigue con un fuerte y ruidoso apoyo a leyes que perjudican a los hispanos, como también hace con las mujeres.

Por ejemplo, el Dream Act es una ley que debería tener apoyo bipartidista: deja que los jóvenes sin papeles tengan la posibilidad de ser ciudadanos si completan una carrera universitaria o el servicio militar. Los republicanos, que creen en la necesidad de premiar el trabajo en vez de dar amnistía a los inmigrantes que han venido al país ilegalmente, deberían estar de acuerdo. En el Congreso han parado la ley, sin embargo, y Mitt Romney promete vetarla si él y la ley consiguen llegar a la Casa Blanca.

En los debates de las primarias republicanas, Rick Perry fue abucheado cuando dijo que los jóvenes inmigrantes ilegales deberían poder pagar la matrícula de residentes en vez de la matrícula (más cara) para no residentes de Texas. Y añadió que cualquier persona que no estuviera de acuerdo "no tenía corazón". Perry reflejó la realidad de la política en Texas y otros estados del "sun belt" como Nevada, Colorado, Arizona, New Mexico, Florida y California: hay que cortejar el voto hispano y eso significa apoyar soluciones a los problemas a los que estos se enfrentan. Pero con esos comentarios, Perry no sobrevivió a las primarias dentro del contexto muy conservador de su partido.

A pesar de que cada político hispano del partido dio una ponencia en la convención, su base conservadora y del Tea Party simplemente no está dispuesta a aceptar políticas favorables a los inmigrantes. De hecho, están apoyando leyes que perjudican agresivamente a los hispanos como la famosa ley anti-inmigración de Arizona que entra en vigor esta semana. A pesar de las dificultades de la gente hispana en EE UU, Romney ha comentado a un grupo de donantes ricos que tendría más posibilidades de ganar la presidencia si fuera Mexicano.

California es siempre un microcosmos del futuro de EE UU, donde los blancos ya han sido minoría entre los nacimientos desde 1982. Los republicanos californianos empezaron a introducir leyes anti-inmigrantes en 1994, con la proposición 187, que propuso denegar servicios del Gobierno (educación, hospitales, etc.) a los inmigrantes sin papeles. El referéndum ganó con muy poco margen y fue anulado en los tribunales. Pero representa el principio de un giro hacia la derecha para los republicanos californianos como parte del movimiento de su partido de forma mucho más extrema que en el resto del país. Y, más importante, la pérdida de simpatizantes: desde los años de Ronald Reagan, que además de ser presidente fue el gobernador de California y el símbolo del optimismo del oeste del país, hasta hoy en día donde solo el 30% de los votantes se identifican como republicanos. El partido corre el riesgo de quedar en California como un partido minoritario, por detrás de los independientes.

El jueves pasado se celebró el Rock the Vote en Madrid, un evento para animar el voto de los estadounidenses residentes en España y organizado por el American Club of Spain y la Embajada de EE UU. A la representante republicana en un debate, Clara Del Villar, hispana y fundadora y editora del Hispanic Post, se la vio visiblemente incómoda contestando preguntas sobre las actitudes anti-inmigrantes de su partido. En otro comentario, cuando mencionó a George W. Bush, pidió perdón como si estuviera prohibido mencionar el nombre del expresidente, ausente en la convención republicana.

Pese a sus deficiencias, Bush es otro Tejano que entendió esos cambios demográficos y la necesidad de cortejar el voto hispano. Comparado con su padre, George H.W. Bush, que perdió con un 25% del voto hispano en 1992 y Bob Dole, que perdió con un 21% en 1996, George W. Bush ganó en 2000 con el 35% y 2004 con el 40% -ambas elecciones con márgenes muy estrechos en las que esos votos cuentan. En 2008, Obama ganó el 67% del voto hispano comparado con John McCain que obtuvo solamente el 27%.

Los republicanos han dejado margen para que los demócratas no tengan que estar tan encima de los proyectos más relevantes para los votantes hispanos, como una reforma de las leyes de inmigración, que fue una promesa electoral de Obama. El presidente tuvo que explicar en una entrevista en Univision la semana pasada, por qué no ha luchado más y sobre todo durante los primeros dos años, por este colectivo. La Administración Obama ha sido además muy agresiva con las deportaciones, incluso más que Bush.

El voto hispano es importante en Colorado, Nevada, Florida y Virginia, todos estados claves o "swing states". La campaña de Romney tiene el reto de captar el 37% de este voto, más que McCain y menos que Bush. Los demócratas están haciendo un gran esfuerzo para registrar votantes hispanos mientras los republicanos introducen leyes para suprimir el voto, y que afectan a los hispanos desproporcionadamente. Romney puede desear ser mexicano, pero si lo fuera, lo más probable es que no se identificaría como republicano. Y si el partido republicano sigue así, podría ir por el camino de California y encontrarse como tercer partido en 2016. Algo que me deja perpleja.

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