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25/06/2012 16:49 CEST | Actualizado 25/08/2012 11:12 CEST

La mueca

2012-06-25-eurocop.jpg Tras la eliminación inglesa, a buen seguro la técnica parapenaltis de Joe Hart le acarreó una sonora bronca por parte de su madre.

Joe Hart, portero de la selección inglesa. Foto: GLEB GARANICH/REUTERS

El fútbol se inventó el Inglaterra en el siglo XIX. Los ingleses abrazaron la gloria en 1966. En 1986 hicieron de figurantes en la actuación más inmortal de Maradona. En 1990 tuvieron una selección digna de su escudo. Y en 2012 vivieron su enésimo descalabro en los penaltis con la vergüenza añadida de tener a Joe Hart bajo palos.

El rubio guardameta inglés ha completado una impecable competición. Ha encajado tres goles en cuatro partidos. Ha estado seguro y fino de reflejos. Ha enterrado la maldición de las calamidades inglesas bajo palos. Y ayer se bastó para frustrar una vez y otra a la terca marea italiana. No contento con eso, desde el minuto 60 se convirtió en el cerebro de su selección, orquestando todos sus ataques por la vía de lanzar melones al helipuerto que Andy Carroll tiene por pecho.

Pero llegó la tanda fatídica y Hart optó por arruinar su imagen. El rubio portero de la Casa de los Lannister decidió intentar descentrar a los chutadores italianos con un catálogo de muecas dementes copiadas de la haka de los All Blacks. En su hermosa figura de 1,91 descansaban las ambiciones y el orgullo de todo un imperio y el bueno de Hart comenzó a perpetrar muecas imposibles, a sacar la lengua, a mirar a los italianos con ojos alucinados. Su fracaso fue notable. Sólo Montolivo falló y lo hizo chutando fuera. Además, el frío y maravilloso Pirlo le dejó burlado y patas arriba con un maravilloso penalti a lo Panenka. Tras la eliminación inglesa, a buen seguro su técnica parapenaltis le acarreó una sonora bronca por parte de su madre.

A los aficionados al fútbol nos queda agradecerle al voluntarioso Hart que eligiera el método neozelandés para descentrar a los rivales prescindiendo así del castellonense --rictus adusto bajo unas gafas de sol oscuras-- o del aún más bochornoso método Arenys.