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13/06/2012 11:31 CEST | Actualizado 13/08/2012 11:12 CEST

Por qué publicar y editar no es lo mismo

Tradicionalmente se decía que editar consistía en hacer públicos discursos privados. Hoy parece que editar se convertirá en volver a hacer públicos los discursos publicados.

Uno de los mayores cambios que se han venido dando en el mundo de la edición en los últimos años es la posibilidad que tiene ahora cualquier autor de publicar su libro sin el filtro de un editor. Un ordenador conectado a internet es la última barrera de entrada para que un autor pueda comercializar (o regalar) sus ideas al mundo. A veces da la sensación, si hacemos caso a los datos que se publican sobre hábitos de lectura en España, de que por cada lector hay varios escritores. Aún así, y a pesar de la sobreproducción del sector editorial (más de cien mil títulos el último año), muchos creadores se quedan fuera del circuito tradicional. Ahora eso no importa, la autopublicación es un modelo cada vez más extendido.

Realmente esto no es nuevo. Algunos grandes escritores comenzaron por la autopublicación hasta que consiguieron pasar a los circuitos tradicionales. Pero, ¿qué está pasando ahora? La autoedición se presenta como una alternativa viable al modelo tradicional. Las tecnologías son cada vez más baratas y sencillas y los canales de comercialización en Internet ofrecen posibilidades reales de recompensa económica. ¿Entonces para qué necesitamos a las editoriales?

Lo primero que deberíamos diferenciar es la edición de la publicación. Tradicionalmente el trabajo de las editoriales ha sido doble: editar los contenidos (seleccionarlos, corregirlos, diseñarlos) para luego publicarlos (ponerlos a disposición de los lectores) en formato libro. Estos procesos se consideraban como uno solo pero con la llegada de las nuevas herramientas tecnólogicas de autopublicación (desde los blogs en adelante) ha sido importante distinguirlos. Lo que permite plataformas como Wordpress o el Kindle Direct Publishing de Amazon es autopublicar contenidos pero ni los selecciona ni los corrige y eso es algo que todavía demandan los autores y hacen necesarias a las editoriales.

Lo curioso es que las propias editoriales se han dado cuenta de esto y acuden a los libros autopublicados para encontrar contenidos que puedan publicar bajo su sello, libros y autores que cuentan con una primera aceptación del público pero que gracias a sus mecanismos de selección y edición (y distribución impresa), los convierten en algo nuevo y de interés para los lectores.

De hecho, son recientes algunas iniciativas como la de Ediciones B en España que en su colección de Top Digital publica ediciones revisadas de algunos de los ebooks más vendidos en las librerías online. Esto es el modelo contrario de la edición tradicional, si antes se editaban los textos para poder publicarlos, ahora comienza a parecer que se publican los textos para poder editar los libros.

Independientemente de lo que suceda en el futuro, lo que es cierto es que publicar parece que no es un valor crucial, puesto que cualquiera pueda hacerlo, quizás el valor que aporten los editores en el futuro sea en la selección, edición y comunicación. Tradicionalmente se decía que editar consistía en hacer públicos discursos privados. Hoy parece que editar se convertirá en volver a hacer públicos los discursos publicados.

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