INTERNACIONAL

Lo que hay detrás de la sanción de la Agencia Mundial Antidopaje a Rusia: mucho más que deporte

La expulsión de Rusia de los próximos Juegos Olímpicos y el Mundial de Fútbol amenaza con desestabilizar la imagen de un país que sigue usando el deporte para afianzar su posición.

15/12/2019 10:06 CET
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Una imagen que podría no repetirse ni en Tokio 2020 ni en Pekín 2022

“La Agencia Mundial Antidopaje (AMA) ha dicho que ya está bien la tomadura de pelo”. La frase, de la periodista Paloma del Río, resume en pocas palabras la noticia que ha sacudido el mundo del deporte esta semana. La AMA ha decidido excluir a Rusia de los próximos Juegos Olímpicos de Tokio 2020 y Pekín 2022, del Mundial de fútbol de Catar 2022 y otros grandes eventos internacionales para los próximos cuatro años. “El dopaje ruso ha ultrajado el deporte durante demasiado tiempo”, señala en un duro comunicado que puede suponer un punto de no retorno para la cuestión olímpica.

El reconocimiento de la existencia de una red de dopaje de Estado sostenida por el régimen de Vladimir Putin ha llevado a la mayor entidad global contra el doping a tomar esta decisión. Moscú llevaba tiempo arriesgándose a recibirla y recientemente ya había sufrido prohibiciones parciales como en los Juegos de Rio 2016 o Pyeongchang 2018. Pero esta vez el golpe es un K.O. absoluto al país, que tiene 21 días para reclamar desde el anuncio y ha anunciado que lo hará.

Tal es la dimensión del escándalo que el primer ministro Dmitri Medvedev ha llegado a admitir un “significativo problema” con el dopaje. No es poca confesión para un Ejecutivo como el ruso. Eso sí, la culpa de lo ocurrido no es suya, sino del “cuadro crónico de histeria antirrusa” propagado más allá de sus fronteras. Que dice que el mundo les tiene ‘manía’.

Desde el Kremlin apuntan directamente a motivaciones políticas para justificar este “ataque” a uno de sus grandes ejes nacionales, el deporte. “Hay razones para pensar que esas decisiones no se basan en la pureza del deporte mundial sino en consideraciones de carácter político que no tienen nada que ver con los intereses del deporte y el movimiento olímpico. Las sanciones no pueden ser colectivas o aplicarse a las personas que no tienen nada que ver con ciertas violaciones”, ha confesado el propio Putin.

Pero en la sociedad se ha reavivado un debate que viene de lejos. ¿Culpar al ‘enemigo’ o reconocer una seria deficiencia en el control de las prácticas dopantes? Entre los primeros está la exestrella del salto con pértiga Yelena Isinbayeba, que resumió la decisión de la AMA en tres adjetivos: “Cruel, injusta, asesina para el deporte ruso”. Como ella, muchos se han levantado con rabia, pero contra sus palabras también ha surgido una corriente que acepta la culpa, encabezada por el extenista Yevgeny Kafelnikov o el cuádruple campeón olímpico en biatlón Alexander Tijonov. “Recibimos lo que merecemos”, apunta este último.

¿Por qué llega la sanción ahora?

Para Paloma del Río, una de las voces más reconocidas del periodismo deportivo, “era algo que se veía venir, algo tenían que hacer. De hecho la decisión de la AMA ha sido unánime y el Comité Olímpico Internacional (COI) y World Athletics están de acuerdo. Rusia siempre ha dicho que iba a vigilar, pero la realidad es que no lo ha hecho, se sigue encubriendo a deportistas y ayudando a cambiar el resultado de controles ya hechos. Después del escándalo de dopaje en los Juegos de Invierno de Sochi 2014 y las prohibiciones parciales en Rio 2016 han seguido haciéndolo. Estaban bajo el foco de todas las asociaciones. Después de que les suspendiesen su laboratorio antidoping de Moscú, presentaron 250 muestras reclamadas por la AMA y existe la sospecha de que 144 habían sido manipuladas. Ya está bien la tomadura de pelo”, insiste.

La narradora de TVE retrocede diez años para explicar el panorama actual. “Son reincidentes. Todo empezó en el camino hacia los Juegos de Invierno de Vancouver 2010, cuando comenzaron a hacerse exámenes más rigurosos y se detectaron nuevas técnicas dopantes. De ahí, hacia adelante, con el escándalo de Sochi, en su casa, en 2014. Lo recoge muy bien el documental ‘Icarus’: cómo aquella trama de dopaje de Estado encabezada por el director del laboratorio Grigory Rodchenkov (huido a EEUU) llevó a cambiar muestras de orina, a manipular frascos que se suponían imposibles de manipular...”.

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Sede de la Agencia Rusa Antidopaje

Mucho más que deporte: ¿hasta dónde llegarán las consecuencias?

No se puede entender la sanción en clave meramente deportiva. Todos los analistas coinciden en que podrían estar en juego cuestiones transversales para el país, como su prestigio.

“La gran afectada va a ser la imagen del país en el mundo. Va a desprestigiar a un país con poder y cuyo objetivo es que lo vean como potencia global”, explica Carmen Claudín, investigadora del Barcelona Centre for International Affairs (CIDOB). “Esa imagen, que ellos creen que es blanca, va a quedar manchada”, complementa Paloma del Río.

La propia Claudín añade al factor de imagen las posibles consecuencias a nivel interno. “La mayor factura política podría llegar, y lo digo en condicional porque no estoy segura, a nivel interno”. “Putin sigue contando con un alto grado de apoyo popular, pero también está enfrentándose a un creciente descontento popular por temas más económico-sociales que puramente políticos. La anexión de Crimea había tapado este descontento social al devolver una luz especial al país. Ahora Crimea se ve como un pozo sin fondo de recursos económicos mientras baja el nivel de vida”, remata.

La sanción va a desprestigiar a un país cuyo objetivo es que le vean como potencia globalCarmen Claudín, experta del Barcelona Centre for International Affairs (CIDOB)

Por contra, no ve opciones de que se genere un cambio significativo a nivel internacional porque “la cuestión deportiva no está en las grandes negociaciones internacionales”. Tampoco lo prevé Mira Milosevich, investigadora del Real Instituto Elcano: “No creo que haya consecuencias geopolíticas graves salvo en el endurecimiento del discurso nacionalista. Y tampoco creo que vaya a haber ninguna reacción política en contra del Kremlin por la sanción o porque el Gobierno haya apadrinado un sistema de dopaje. Si los rusos no han protestado por temas más serios no lo harán por esto”. 

“Más madera” para el discurso de la ‘rusofobia’

Lo alertaba Medvedev, el problema es la “histeria antirrusa”. Gasolina a las retóricas más nacionalistas, como explica la propia Milosevich: “Putin lo va a usar como un argumento de odio al país para fortalecer su discurso antioccidental, cada vez más extendido”.

“Lo que no va a decir nunca es que la medida va contra él, porque esto le consolida; todo sentimiento antioccidental consolida el poder de su régimen. Para ello se nutre de dos narrativas: la gran potencia que quiere recuperar su lugar y que la causa, justa, está impedida por EEUU y todo Occidente. El deporte no es tan importante; son más relevantes las sanciones económicas o la ruptura de cooperación internacional, pero sí es un elemento más en su retórica”, añade la analista del Real Instituto Elcano.

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Putin, en uno de sus actos durante los Juegos de Invierno de Sochi 2014

Paloma del Río es de la misma opinión: “Siempre terminan diciendo que es ‘rusofobia’. Lo quieren llevar por el lado político y solo tiene que ver con que han mirado y miran para otro lado cuando los atletas se dopan”. 

La analista del CIDOB, Carmen Claudín, sí concede ciertos efectos propagandísticos a la prohibición de competir bajo bandera rusa: “La mayor consecuencia es que contribuye a reforzar la narrativa de enfrentamiento; el propio Medvedev reconoce el dopaje como problema pero denuncia el linchamiento del resto del mundo”. “Ellos mismos se contradicen, se nos ve el plumero pero vamos a hacernos los patriotas”, añade Del Río.

Todo sentimiento antioccidental consolida el poder del régimen de PutinMira Milosevich, analista del Real Instituto Elcano

“Putin lleva años usando el discurso victimista de la ‘rusofobia’, todo lo explica por esa vía, y la gente no es tonta”, prosigue Claudín. “Seguro que mucha gente comprará esta idea de la sanción como gesto de odio de Occidente, pero la mayoría pensará algo estaremos haciendo mal para que llegue una sanción tan fuerte. A Rusia no la aíslan por enfrentamientos, sino por la existencia de un extenso dossier con las infracciones del deporte nacional”.

Para Mira Milosevich “este escándalo puede ser una metáfora de lo falsa que es la “gran potencia” que quiere ser Rusia. Todo para aparentar y ganar cuando solo es potencia en lo militar”. 

La fuerza del deporte en la Rusia de 2019

“El deporte sigue siendo una puerta por la que Rusia se vende al mundo y esto hará mucho daño a su imagen nacional”, confiesa Claudín, que mira al pasado soviético para establecer cierto paralelismo en la utilización de este ámbito por el Gobierno. “Con la URSS era la gran tarjeta de presentación al mundo, junto al ballet Bolshoi y aunque hoy el panorama sea algo diferente, tampoco puede decirse que sea una actividad en segundo plano, porque mantiene su importancia social”.

Asume, la experta del CIDOB, que el golpe no afecta a un órgano vital de la Federación Rusa, pero doler, le va a doler mucho. “Piensa que es un campo del que todo el mundo opina y que alcanza a todo el país, más de lo que lo han hecho leyes cruciales”, añade.

En cambio, Mira Milosevich considera que “la visión del deporte como representación de la superioridad del sistema comunista sobre el capitalista ha desaparecido porque ya no hay una guerra ideológica. El deporte sigue siendo importante pero ha perdido gran parte de su importancia política”.

Los atletas bajo bandera neutral: una elección personal

El sentimiento nacionalista imperante en la población podría chocar con la participación de atletas bajo bandera neutral. Muchos ya han aceptado este ‘plan b’ para no quedarse sin competir; otros se han negado a participar si no es bajo la tricolor nacional. ¿Qué opina la sociedad de los que se acogen a la ‘apatridia deportiva’?

La sanción se veía venir, algo tenían que hacer [...] Rusia estaba bajo el foco de todas las asociacionesPaloma del Río, periodista de TVE

“No les va a pasar nada, no les van a ver como traidores ni nada de eso”, puntualiza la periodista de Televisión Española. Eso sí, matiza, “a los que sí se trata como apestados son a los atletas que han hablado de la trama dopante”.

Mira Milosevich es de la misma opinión: “Nadie les va a presionar ni les ha presionado a elegir. De hecho ya ha habido más de un centenar que participaron bajo bandera internacional. La sociedad los verá con comprensión, no como traidores, porque entienden que sus carreras no pueden depender de esta decisión”. 

“Lo que opine la sociedad de unos y otros no tendrá que ver más que con la opinión que cada cual tenga del Gobierno de Putin. Algunos considerarán a los que acepten la bandera neutral poco menos que contrarios a la nación; para otros, menos nacionalistas, la elección de cada competidor se verá con normalidad”, reconoce Carmen Claudín.

¿Y ahora qué?

El futuro dirá qué significó la sanción anunciada por la AMA, pero Paloma del Río le quiere quitar hierro al asunto: “Unos Juegos sin Rusia sí sería una competición ‘coja’, pero sus deportistas limpios sí van a estar, con lo que no se va a notar tanto”. También Mira Milosevich, para quien “al participar muchos de sus atletas, la ausencia de Rusia como país no va a afectar tanto. Y en otras competiciones donde cuentan con menos relevancia la falta de Rusia no va a ser llamativa”.

A poco más de 200 días para el comienzo de los Juegos de Tokio el mundo está donde siempre ha querido Putin: mirando a Rusia. Solo que de un modo muy diferente al que él quisiera. ¿Será por ‘rusofobia’?

Historia de los Juegos Olímpicos

Una ceremonia casi espartana. Londres 1908
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Aunque las primeros Juegos Olímpicos se celebraron en Atenas (1896), las primeras ceremonias inaugurales tenían más semejanzas a la militarista Esparta, y en ellas había poco lugar para la fiesta. La de los IV Juegos Olímpicos celebrados en Londres en poco o nada se parecen a las presentaciones más recientes.
Hasta por los aires. Los Ángeles 1984.
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Poco a poco las Ceremonias de Apertura no solo daban el pistoletazo de salida a la competición sino que también servían como carta de presentación para la ciudad y el país anfitrión.En la apertura de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1984, boicoteados por la URSS y muchos de sus países satélite, hubo hasta un hombre cohete.
El deseo de todos. Atenas 1896
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Aunque para muchos deportistas el simple echo de acudir a los Juegos Olímpicos es ya un hito en su carrera, todos acuden con un objetivo en la cabeza: colgarse una presea de oro al cuello. A finales del siglo XIX los mejores en los primeros Juegos Olímpicos modernos celebrados en Atenas 1896 se llevaron a casa estas medallas.
El decoro antes que la comodidad o la eficacia. Londres 1908
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Al comienzo del siglo XX, la práctica del deporte era algo más o menos novedoso y el desarrollo de los complementos como la ropa deportiva era mínima, sobre todo en el caso de las mujeres, como demuestra esta imagen de participantes en una competición de tiro con arco en los Juegos Olímpicos de Londres 1908, los cuartos de la historia.
El primer santuario de los deportistas. París, 1924
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En los Juegos Olímpicos de París 1924 se construyó su primera Villa Olímpica en la que se instalaron los atletas. Frente a las rudimentarias casetas construidas a las afueras de la capital francesa los deportistas contemporáneos se instalan lujosos complejos en los que generan casi tanta expectación como la construcción del estadio.
Oportunidad para hacer propaganda política. Berlín 1936
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Muchos regímenes han usado los Juegos Olímpicos para hacerse ver a nivel internacional. Posiblemente la primera vez que se utilizó el evento como parte del aparato propagandístico de un estado fue en Berlín 1936, cuando la como la Alemania Nazi pretendió usar los el encuentro como una reafirmación de la superioridad de la raza aria.
La humillación de la raza aria. Berlín 1936
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Contra todos los preceptos del nazismo el estadounidense Jesse Owens no dio opciones a sus rivales en la final de los 100m lisos de Berlín 1936.
Odiado por la política, querido por la afición. Berlín 1936
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Afionados alemanes piden autógrafos al estadounidense Jesse Owens tras su victoria en los 100m lisos de los Juegos Olímpicos de Berlín 1936, marcado por la propaganda Nazi.
También se han hecho reivindicaciones sociales. México 1968
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Los medallistas estadounidenses de 400 metros lisos winning, Lee Evans (oro), Larry James (plata) y Ron Freeman (bronce) aparecen con tres boinas negras en honor a sus compatriotas Tommie Smith y John Carlos, que fueron sancionados por hacer el saludo de Black Power mientras sonaba su himno durante la entrega de medallas de 200 metros en México 1968.
Técnicas superadas. Tokio 1964
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El soviético Valery Brumel fue el último campeón de salto de altura con la técnica de 'tijera'. Por ese entonces, los atletas trataban de superar el listón lanzando las piernas por delante del cuerpo.
La revolución Fosbury. México 1968
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El estadounidense Dick Fosbury fue el primero en ejecutar el salto de altura impulsándose de espaldas. A partir de ese momento todos copiarían su técnica.
Hasta a los campeones les cuesta ganar. Seúl 1988
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El soviético/ucraniano Sergei Bubka, que dominó el salto de pértiga en los años 80 y 90 solo pudo ganar una medalla de oro olímpica, en los Juegos Olímpicos de 1988.
La ley del más fuerte. Berlín 1936
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Dos luchadores pelean durante los Juegos Olímpicos de Berlín 1936.
Deportes que se quedaron por el camino. Londres 1908
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Ha habido muchos deportes que pese a que estuvieron presentes en algunos Juegos Olímpicos no consiguieron entrar en el programa permanente, como el polo en bici que estuvo en los Juegos de Londres de 1908.
Otros van y vuelven. París 1924
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El rugby compitió en cuatro Juegos Olímpicos los últimos los de París 1924, este año en Rio volverá, aunque en su modalidad de Rugby a Siete, que juegan siete jugadores por equipo y no 15.
Una de las últimas medallas de la URSS. Seúl 1988
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Tras décadas en las que la política y la Guerra Fría afectaron a los Juegos Olímpicos, como los boicots de Los Ángeles 1984 y Moscú 1980, en Seúl 1988 el equipo de baloncesto de la URSS ganó una de los últimos oros para el país soviético tras derrotar a Yugoslavia en la final.
La perfección rumana. Montreal 1976
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La rumana Nadia Comaneci consiguió el único 10 con su ejercicio de gimnasia rítmica, la máxima puntuación posible, en los Juegos Olímpicos de Montreal 1976.
Ángeles caídos. Seúl 1988
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Ben Jonhson fue uno de los grandes casos de dopaje y perdió su medalla de oro en los 100 m lisos de los Juegos Olímpicos de Seúl por estanozolol.
Héroes pese a la derrota. Sydney 2000
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El ecuatoguineano Eric Mussambani se ganó el cariño de casi todo el mundo cuando sufrió lo indecible para completar la prueba de 100 metros libres en 1 minuto 52,72 segundos, más del doble que sus competidores más rápidos e incluso superior a la plusmarca mundial de 200 metros.El nadador se ha convertido en un símbolo de superación y ha participado en muchas campañas publicitarias.
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