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07/03/2018 18:36 CET | Actualizado 07/03/2018 18:36 CET

#LasBloguerasParamos

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Soy una bloguera, laboralmente jubilada, que también para el 8 de marzo, por infinitas razones: quiero que las mujeres tengamos las mismas oportunidades que los hombres desde hace muchísimos años, cuando, en los comienzos de mis estudios universitarios, allá por los años 60 del siglo pasado, me preguntaba por qué éramos tan pocas las mujeres en la Universidad y por qué no había ni una profesora.

Las mujeres de mi generación que estudiamos una carrera universitaria éramos excepciones que confirmábamos la regla. Era un paréntesis, una espera, en nuestras vidas, hasta que llegará el momento de cumplir con el destino inexorable que teníamos marcado: ser esposas y madres. Pude escapar a aquella maldita regla, y conseguí ser Doctora en Derecho.

En la Facultad de Derecho de Sevilla, que acaba de cumplir 500 años de existencia, fui la segunda mujer Doctora en Derecho, en 1972; la primera lo fue en 1964. (Recuerdo que las mujeres no pudimos acceder a los estudios universitarios hasta 1910). Poco después fui profesora de Universidad por oposición y esposa, por dos veces, y madre, también por dos veces. Hoy soy una abuela jubilada laboralmente, pero nunca vitalmente. La jubilación es un derecho, pero no una obligación.

No es fácil la vida de las mujeres, no lo ha sido nunca, porque el patriarcado ha impuesto unas reglas que han impregnado nuestra cultura y nuestra vida

Desde aquellos años, abrace la causa del feminismo que nunca jamás he abandonado, aunque muchos de los machos que me rodeaban, que eran, lógicamente, mayoría, me decían: "¿Porque te dedicas a esto, si tu no lo necesitas?" (sic). Después la política se cruzó en mi camino, en la Transición democrática, pero nunca abandoné el feminismo. Siempre he dicho que soy feminista y socialista, y que no entiendo a nadie que pueda decir que es socialista y no feminista, "aunque haberlos, haylos". En todas partes cuecen muchas habas y las "habas" del machismo son una cosecha abundante.

No es fácil la vida de las mujeres, no lo ha sido nunca, porque el patriarcado ha impuesto unas reglas que han impregnado nuestra cultura y nuestra vida desde la cuna a la tumba. Hay un color para las bebes niñas, el rosa, y otro para niños, azul. ¿Que esto ya está anticuado? Seguro, pero podréis ver a una bebé de azul, pero nunca a un bebé de rosa, porque dirían aquello de "parece mariquita", y lo harían de manera espontánea, normal, sin malas intención.

Y seguimos luego con la educación, con el lenguaje sexista, que nos excluye, y llegamos al culmen con la maternidad, lo más importante de nuestras vidas, pero a partir de ese momento, las posibilidades se nos van reduciendo, a no ser que tengamos recursos económicos para que otras mujeres nos los cuiden; los papás, en el mejor de los casos, colaboraran cuando pueden. Ahora, sin duda, lo hacen más. Se ha mejorado mucho, pero siguen muy extendidas las conductas masculinas que suponen un abuso contra el principio democrático de la igualdad, en palabras de Soledad Gallego-Díaz.

Yo paro por la desigualdad laboral y salarial, por el cuidado de la infancia y de las personas mayores, por el fin de los acosos laborales y sexuales que sufren las mujeres, violaciones, malos tratos y asesinatos machistas. Sin igualdad no hay libertad.

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