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24/07/2014 07:20 CEST | Actualizado 22/09/2014 11:12 CEST

Por qué nunca vas a fracasar como madre

He recibido un montón de emails de mujeres que decían sentirse abrumadas por la maternidad. No de forma peligrosa, simplemente en el sentido de Doy asco y no sé ni cómo se supone que voy a controlar todo esto. Y yo respondo: no se supone nada.

He recibido un montón de emails de mujeres que decían sentirse abrumadas por la maternidad. No de forma peligrosa, simplemente en el sentido de Doy asco y no sé ni cómo se supone que voy a controlar todo esto.

Y yo respondo: no se supone nada.

Piénsalo bien. Si hubieras tenido un bebé hace miles o cientos de años, tu madre, todas tus hermanas (probablemente en período de lactancia) y tus sobrinas estarían contigo cuidando del bebé. Te ayudarían con la preparación de la comida y te enseñarían a arreglártelas para que un oso no se comiera al bebé. Puede que los pies de tu niño no tocaran el suelo hasta que no fueran capaces de llevar consigo a un bebé.

El objetivo de tener hijos era liberarse de las labores del campo y contar con alguien que cuidara de ti al final del camino, pero no mucho más.

¿Y qué pasa con esas generaciones pasadas que te recuerdan que criaron a seis hijos por su cuenta y sin lavadora? Bueno, con ciertos matices. Recuerda que la crianza se veía de manera muy diferente no hace tanto tiempo y podías dejar a tu niño en la hierba solo con el perro y nadie se inmutaba. Yo misma iba descalza a comprarle los cigarrillos a mi padre cuando era niña. Las madres cocinaban y limpiaban, pero nadie esperaba que ellas hicieran mucho más aparte de alimentar y vestir a los niños.

Mi abuela solía contarnos la anécdota de cuando se olvidó a mi madre en el mercado allá por los años 40. Mi madre iba dormida en su carrito, mi abuela la dejó fuera con los demás bebés que dormían (lo dejo caer), hizo sus compras y luego volvió a casa sin acordarse de mi madre. Rápidamente, se dio cuenta del olvido, así que volvió y recogió a mi madre, que seguía durmiendo fuera.

No existían los juegos educativos, ni el lenguaje de signos (a menos que fueras sordo), ni los lotes orgánicos de granja... Tu trabajo se limitaba a conseguir que tu hijo llegara a adulto y que no se convirtiera en un idiota.

A ver, no estoy juzgando, no estoy diciendo que una forma sea mejor que la otra, simplemente estoy diciendo que formamos parte de una generación que considera la crianza de los hijos como una habilidad; como una verdadera habilidad que hay que dominar y perfeccionar. Creemos que si no hacemos algo bien, nuestros hijos sufrirán por ello. Es muy difícil sobrellevarlo. Esto no significa que otras generaciones no lo hayan tenido difícil o no pensaran que la crianza era importante, pero no se empleaba el mismo nivel de escrutinio por medio de Facebook, Twitter o Instagram.

Al tener un bebé, te sitúas en el ojo del huracán. Para las miradas advenedizas, todo parece fácil y sencillo: lo alimentas, lo bañas, lo coges cuando llora. Pero es mucho más. Es un movimiento continuo con una generosa capa de culpa y dudas. Y todo esto tiene un precio.

Si además sientes que no puedes quedarte atrás con las manualidades, la pérdida de peso, las recetas de cuchara, las horas de sueño, la regularidad intestinal, los suplementos probióticos, las clases de natación, los campos electromagnéticos en casa y el tiempo frente a la televisión, te das cuenta de que es como intentar hacer punto en una montaña rusa. Es muy jodido.

Vivimos en una época en la que podemos buscar cualquier cosa en Google, compartir ideas, ofrecer a nuestros hijos oportunidades increíbles, pero si alguien te dice que ya está de vuelta de todo esto, o bien está borracho, o bien te está mintiendo (o ambas). Por tanto, no seas demasiado duro contigo.

Tu trabajo es proporcionar a tus hijos alimento, protección, ánimo y amor. Además, no sólo estás tú para dárselo; también puedes compartir responsabilidades.

Lo de ir a clases para mamás y bebés, preparar galletitas con tu propia leche y aprender cantonés está muy bien, y si tú eres capaz de combinar todo esto, te doy mi enhorabuena. He marcado en Pinterest unas 9.000 cosas, y creo que he hecho cuatro, lo cual no está nada mal, teniendo en cuenta que así salgo de mi norma habitual de tirar de abre fácil a la hora de la comida.

Tener un bebé en la actualidad es una experiencia impresionante, pero recuerda que nadie hasta ahora lo había hecho como nosotras. Sois pioneras que tenéis que ir abriendo camino a vuestro paso. Así que, alegrad esa cara. Aguantad. Y no os olvidéis de que estáis haciendo un gran trabajo.