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07/03/2019 07:20 CET | Actualizado 07/03/2019 07:20 CET

Se me escapaba la caca con cada contracción y mi bebé nació cubierto de mugre

No paré de hacer caca durante mi parto. Sabía que me pasaría. Siempre que me pongo nerviosa me entran ganas, así que eso, combinado con la presión que había sobre mis intestinos, iba a hacer que sucediera seguro. Simplemente, no esperaba que fuera tanta cantidad. Tampoco me importó. No hay mucha dignidad en un parto. Lo único que quería era que mi hijo naciera sano.

Mi embarazo fue bastante sencillo. Habíamos tenido que realizar un tratamiento de fertilidad para concebir a nuestro hijo, de modo que pasé nervios durante todo el proceso, sobre todo porque no terminaba de creerme que me hubiera quedado embarazada. Por suerte, no hubo complicaciones y lo gestioné bastante bien, he de decir.

No me quise hacer falsas ilusiones con el parto. Ni siquiera tenía un plan. Para ser sincera, me esperaba que el parto fuera desagradable, y no por haber oído historias traumáticas al respecto ni nada parecido, sino porque sacar a un bebé de tu vagina no suena divertido, por mucho que sea en piscinas o con velas.

Seguí el consejo de mi abuela: "Sé buena, haz lo que te digan y saca al bebé lo más seguro que te sea posible".

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Cuando empezó a suceder todo, ya habían pasado 10 días de la fecha estimada. En torno a la 1 de la mañana, me desperté de repente y noté unas pequeñas contracciones durante una hora. Eran como sacudidas dentro de la tripa, y cuando me levanté, noté que goteaba. Avisé a mi pareja, Luke, que estaba a punto de irse a la cama. Llamamos a la unidad de maternidad y para allá que fuimos.

Me conectaron a un monitor para ver cómo iba el bebé en cuanto llegamos al hospital. Yo quería seguir de pie el máximo tiempo posible, pero me pidieron que me tumbara para poder controlarme mejor. La matrona me pidió una muestra de orina y fue entonces cuando me entraron ganas de hacer caca. No pude evitar que cayera un trozo en la bandeja por toda la presión. Las matronas se rieron y siguieron esperando a que me saliera el pis.

Unas pocas horas más tarde, en torno a las 3:30 de la mañana, mis contracciones se intensificaron. Pedí que me pusieran más oxígeno y gas de la risa y me vino de maravilla. Recuerdo que me quedé dormida un rato y que todo se volvió nebuloso. En torno a las 7 de la mañana, las contracciones empezaron a producirse casi seguidas y a hacer mucha presión. Con cada contracción se me escapaba la caca y las matronas la limpiaban con sutileza.

Por desgracia, mi culo estuvo casi todo el rato apuntando hacia Luke, así que él también tuvo el placer de ver cómo iban saliendo trozos a cada minuto, más o menos. Me hicieron girarme de un lado a otro constantemente, ya que mi cuello uterino no se estaba dilatado uniformemente y la gente estaba empezando a preocuparse a medida que el ritmo cardíaco del bebé se reducía.

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A las 12 del día siguiente, vino un médico a mi habitación, ya que parecía que me había estancado en los 8 centímetros de dilatación. Me hizo una episiotomía (un corte en el perineo) y empecé a empujar... y a hacer de vientre. El bebé no se movía y no quería salir, así que tuvieron que usar fórceps. La inserción del fórceps fue el momento en el que pensé que no podría soportar más dolor, pero lo superé y empujé con todas mis fuerzas.

Reventé y disparé una mezcla de heces, sangre y sustancias del útero, que fue a parar al médico, a las paredes y al suelo. Me pusieron al bebé encima, bañado en mugre, abrió los ojos y me miró. Estaba cubierto de mi caca, su caca, sangre y Dios sabe qué más. Mis primeras palabras fueron: "Te quiero, pero estás asqueroso".

Una vez limpio, estaba radiante. Es extraño. Te pasas la mayor parte del embarazo preguntándote cómo será tu bebé y cuando nace, simplemente lo reconoces. Es Freddie, ese es su aspecto. Todo lo que me había imaginado sobre él desaparece.

Mi consejo:

Si tienes que hacer caca, haz caca. A nadie le importa y tú te sentirás mucho mejor. Y compra compresas posparto, muchas compresas. Y un bálsamo para los labios, porque te hará falta.

Escrito según le fue narrado a Amy Packham.

Este post fue publicado originalmente en el 'HuffPost' Reino Unido y ha sido traducido del inglés por Daniel Templeman Sauco.

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