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27/11/2018 07:12 CET | Actualizado 27/11/2018 07:12 CET

Tenía miedo de que mi segundo parto fuera tan traumático como el primero

GingerMumStyle

Amanda Fulton, de 45 años, nos cuenta su historia.

Redactado por Amy Packham según le fue explicado.

Dar a luz a mi hijo Dominic fue surrealista. Incluso podría afirmar que fue una experiencia extracorporal. A día de hoy sigue pareciéndome alucinante volver a pensar en ello. El momento me pareció mágico.

Un parto es una experiencia terriblemente dolorosa, pero con mi segundo no se pareció en nada a lo que me esperaba. Salió deslizándose del modo más etéreo posible. Sentí todo su cuerpo saliendo del mío. Suena a palabrería, lo sé, pero tuve un momento de lucidez en el que dije: "Caramba". Estaba relajada y tranquila. Recuerdo que pensé: por esto dice la gente que es el milagro de la vida. Lo cogí en brazos y, en ese momento, supe que todo iba a ir bien.

Nunca pensé que viviría ese momento de lucidez.

AmandaFulton

Odié mi segundo embarazo. El primer parto había sido muy traumático y duro: 22 horas y media, inducido, llevada con prisas al quirófano, la epidural y, finalmente, un parto "natural" con fórceps. También sufrí un aborto, así que supongo que fue una decisión complicada volver a pasar por un embarazo. No veía la hora de dar a luz a mi bebé y terminar con los embarazos para el resto de mi vida.

Cuando fui al hospital, con 12 días de retraso y para que fuera un parto inducido, no podía evitar sentir cierta tristeza. En cuanto llegamos, empecé a llorarle a mi marido y a decirle que no creía que pudiera querer al segundo hijo tanto como quería al primero. Para ser sincera, solo quería huir.

El miedo se apoderó de mí tan pronto como empezaron a inducirme el parto, un miedo a que este parto fuera tan traumático como el primero. Para empezar, he de decir que no se quedó corto. Pasé de cero molestias a un dolor intenso y supe que algo no marchaba bien. Los médicos también se dieron cuenta de que estaba yendo demasiado rápido, de modo que tuvieron que detener el parto. Esa parte no la recuerdo bien. No recuerdo cómo lo hicieron, pero sé que hubo muchos medicamentos y goteros para frenarlo. A esas alturas, ya estaba exhausta.

Cuando por fin lograron estabilizarme el parto, empezó a ir a un ritmo adecuado, pero mi bebé no quería salir. Esa sensación familiar de miedo me volvió a invadir. Me vinieron a la mente los recuerdos de mi primer parto de forma tan explícita que empecé a pensar que esta ocasión sería igual. Tras 20 horas sin novedades del bebé, pensé que ya no me quedaban fuerzas para sacarlo.

Y, entonces, algo cambió.

Llegó una nueva matrona que era simplemente increíble. "Es evidente que lo que estáis haciendo no le está funcionando a esta mujer", le dijo al personal médico de la sala antes de añadir que iba a intentar algo distinto. Y lo hizo. Y lo cambió todo. Fue como si la sala se hubiera convertido de repente en una escena de película.

Su nombre, muy apropiado para ella, era Grace (que significa 'gracia, delicadeza'). Tenía experiencia y era muy segura, así que mi bebé acabó naciendo pocas horas después. Parecía que me irradiaba su seguridad. Era realmente intuitiva, increíble. Me puso música clásica, atenuó la luz y convirtió la sala en lo que parecía una zona de meditación. En cuanto me relajé, fue como si mi cuerpo se pusiera en marcha para sacarme a Dominic de dentro. Había pasado 20 horas de sufrimiento en las que pensé que mi bebé estaba condenado a quedarse en mi interior para siempre y ahora, pocas horas después de llegar Grace, ya estaba lista para empujar.

Evidentemente, empujar al bebé dolió, pero era consciente de que sería un dolor fugaz y lo sentí muy parecido a como debería ser, si es que tiene sentido lo que acabo de decir. Sabía que faltaba poco para terminar y ya tenía la mirada clavada en el premio.

Justo después de un parto mágico, me pusieron a Dominic en el pecho y Grace nos dejó a mi marido, a mí y a nuestro recién nacido en aquella sala con iluminación tenue. Fue un momento tranquilo, íntimo. La última vez que había dado a luz, nos llevaron a mi hijo y a mí a otra parte. En esta ocasión pude sentirlo realmente. Pesaba mucho. Tenía los huesos largos. Era mío.

El parto me hizo sentirme conectada con Dominic y es probable que por eso sea ahora tan pegajosa con él. Me hace sonreír al recordar el momento. ¿Cómo pude tener tanta suerte?

Mi consejo para el parto

Es importante que sepas que un parto puede ser una experiencia encantadora. Que no te dé miedo pedir lo que quieres. Hubo ocasiones en las que pensaba: "Esto no marcha bien. ¿Puede venir alguien más?". Tienes que decir lo que piensas. En esos instantes, eres la persona más poderosa del mundo. Utiliza ese poder para pedir lo que quieres. El personal médico está ahí para ayudarte, pero tienes que asegurarte de que todos sepan lo que quieres.

Amanda comparte sus experiencias de madre en su blog y en Instagram.

Este post fue publicado originalmente en el 'HuffPost' Reino Unido y ha sido traducido del inglés por Daniel Templeman Sauco.